Casos de éxito

La historia de la joven empresaria que pudo sobreponerse a una tragedia y ahora exporta a Latam

Se trata de María José Ibarrola, socia de Maquinarias Ibarrola. Un choque fatal, la necesidad de salir adelante y la ayuda de los "padrinos fierreros". Cómo está hoy la compañía.
María José

María José, socia de Maquinarias Ibarrola. (Foto: Ibarrola)

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En febrero de 1986, la familia Ibarrola volvía desde Buenos Aires hacia Salliqueló.

A la altura de Chivilcoy, sobre la Ruta 5, un auto que venía en sentido contrario intentó pasar un camión y apareció sobre el carril en el que viajaban los Ibarrola.

Don José (padre) trató de esquivarlo y dio un volantazo, pero el conductor que venía en sentido contrario los tocó y volcaron. Él murió y su esposa estuvo en coma por un largo tiempo.

“Mi mamá se salvó de milagro: estuvo internada hasta finales de abril, muy grave, pero sobrevivió y no le quedaron secuelas”, contó en diálogo con este medio María José Ibarrola, socia de Maquinarias Ibarrola.

Superando los obstáculos

La vida de las Ibarrola quedó marcada para siempre con la partida de José, que se llevó con él una partecita de María Ignacia y de cada una de sus hijas.

Sin tener idea del campo, ella se hizo cargo de la empresa familiar que estaba al borde de la quiebra.

“Mi mamá le escribió una carta a cada uno de los clientes donde les explicó la situación en la que se encontraba y comenzó a repuntar”, recuerda María José.

A los 17 años, se fue a estudiar Arquitectura a Mar del Plata. Pero tres años después, su madre sufrió un ataque de presión y le confesó que ya no podía seguir “renegando con el negocio”.

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“No lo pensé y volví”, recuerda la emprendedora.

Y grafica: “Llegué a Salliqueló con 20 años sin experiencia en el sector. Pero aparecieron sus 'ángeles fierreros': viajantes, comerciantes, concesionarios y fabricantes de maquinaria de la zona. Todos conocidos y hasta amigos de mi papá, dispuestos a ayudar a que su hija despegue en el negocio”.

“Me enseñaron un montón y empecé campo por campo, tranquera por tranquera, a ofrecer cada una de las máquinas. Al mes siguiente empecé a vender y a vender: era junio y yo seguía vendiendo desmalezadoras”, rememora María José.

Se prende la lamparita

En 1998, junto a 20 empresarios -siendo ella la única mujer- viajó al mundial de Francia. Cuando regresó a la Argentina lo hizo con una cámara de fotos digital.

“Me di cuenta de que tenía que ampliar el negocio, expandirme de zona. Entonces empecé a sacar fotos a las máquinas y las bajaba en la computadora. Era todo tan nuevo y a la vez tan básico que tenía que imprimir las imágenes en una casa de fotografía porque la computadora tardaba siglos en abrirlas. Luego, les mostraba el álbum a los compradores, así ya se daban una idea de cómo era la máquina: si estaban interesados, los sentaba en la camioneta y los llevaba a mirarla”, afirma.

“Eso me dio la pauta de que podía achicar costos de mantenimiento y logística, y como me fue bien, decidí replicarlo en internet. Tenía ese ADN emprendedor de papá y la fortaleza de mamá”, reconoce.

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“Todo el mundo me dijo que estaba loca, menos -por supuesto- los 'padrinos fierreros', que aceptaron vender sus máquinas por internet. Así empecé y quizás he sido la primera en tener una computadora en mi ciudad: en esa época se conectaba a través del módem y se quedaba sin teléfono fijo", describe.

"Recién comenzaban a surgir los teléfono-valija. En 2007 desarrollé la web junto a un programador y así nació maquinariasibarrola.com.ar", relata.

La marca en el mundo

La página no solo la dejó cumplir con el compromiso asumido, sino que también, pudo hacer la primera exportación a Uruguay a través de un cliente que los contactó.

“Nos manejamos 100% vía virtual por mail. Además de esto, sin querer me di cuenta de que fui pionera y mujer (que no es poco) en la venta de maquinaria agrícola sin moverme de mi casa”, rememora.

Hoy en día la empresa sigue exportando y está cerrando acuerdos comerciales con varios países de Latinoamérica y el Mercosur.

A sus 45 años, hoy María José dirige la empresa que su padre fundó el mismo año en que ella nació.

“Soy empresaria, pero también hija, hermana, mamá y mujer de un compañero fenomenal. Tengo una hija que me acompaña y que está viviendo lo que yo viví. Desafié la tradición, sobreviví en un mundo de hombres y me hice cargo del problema. No fue fácil, pero valió la pena”, finaliza.

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