Opinión

Mundo emprendedor: ¿Existen las malas rachas?

Las circunstancias que enfrentamos son disparadores negativos y la seguidilla de hechos impacta en nosotros. Cómo pensar para revertir esa tendencia.
Nuestra mala o nula respuesta a la adversidad nos impacta emocionalmente de manera negativa

"Nuestra mala o nula respuesta a la adversidad nos impacta emocionalmente de manera negativa, lo que a su vez potencia nuestra poca o nula capacidad de respuesta, nuestro agobio, frustración o bronca", sostiene el autor. (Foto: Archivo)

Por Guso Saint Martin (*)

Ocho de la mañana, con un café en la mano, me uno a un meet con un cliente. Ni bien se conecta la cámara, lo veo con cara de circunstancia y, después del saludo protocolar, me dice y sentencia: “Estoy en una mala racha”.

Acto seguido empieza a enumerar los hechos que forman parte de la mala racha. Mi idea es reflexionar sobre lo que le respondí: No existen las malas rachas, las creamos.

Empecemos con la autopsia de una mala racha. ¿Qué encontramos primero? Alta temperatura emocional.

El termómetro de lo que podemos interpretar como una mala racha es la capacidad de respuesta frente a la adversidad.

Cuando nuestra capacidad de respuesta es alta y resolvemos problemas, no nos fijamos tanto en la acumulación de problemas, como cuando éstos nos superan y las soluciones se dilatan.

La baja capacidad de respuesta nos lleva a un terreno de poca efectividad.

Y entramos en el campo de las emociones oscuras.

Las circunstancias que enfrentamos son disparadores negativos y la seguidilla de hechos impacta de lleno en nosotros.

Entonces: la mala racha existe solo en la gestión, no la determinan los hechos, la determinan la respuesta a los mismos y los resultados de esa acción.

Nuestra mala o nula respuesta a la adversidad nos impacta emocionalmente de manera negativa, lo que potencia nuestra poca o nula capacidad de respuesta, también nuestro agobio, la frustración o bronca.

Y ahí nace la mala racha, ocurre en nuestro lenguaje y no es más que la adjetivación de un conjunto de hechos, ocurridos en una frecuencia delimitada de tiempo.

En el último tiempo, cuando se extiende a más semanas, ocurren dos cosas:

1) La primera, llevamos a adjetivar esa racha como una situación extraordinaria donde dioses, perros, elefantes nos salpican como si fuera una maldición gitana.

2) La segunda, si podemos decir que tenemos una mala racha de más de dos meses, ahí sí preocúpate porque tu gestión tiene una infección importante.

Tu gestión tiene que entrar a boxes, urgente

Otro punto importante: el poder queda afuera.

La racha tiene poder sobre mí, sobre mi empresa, sobre mi negocio. Yo no puedo más que esperar que la racha termine como si fuera un fenómeno climático.

Y esto, aunque parezca tonto, es una sutileza, cambiar radicalmente todo porque nos vinculamos con el negocio, teniendo el poder o siendo víctimas de las circunstancias.

Mi gestión eligió, puso en práctica acciones, se tomaron decisiones y los resultados fueron malos.

Cuando nos hacemos cargo, podemos aprender lo necesario para revertir los resultados negativos y gestar en el camino correcto.

En cambio, cuando nos victimizamos, solo nos salvará un milagro.

Porque le damos el poder a la circunstancia: “En este país no se puede hacer nada”, “con este equipo de gente no vamos a llegar a ninguna parte”, ”en esta empresa cada uno hace lo que quiere”, “en esta empresa se hace todo mal”.

El poder está afuera. Soltamos el timón de nuestra empresa justo en medio de la tormenta.

En un velero, esto sería terrorífico, pero en nuestro negocio, no. Raro. Porque debería serlo. La racha tiene poder sobre nosotros. La racha tiene el poder. Solo queda esperar que termine.

Esto no existe. La empresa es acción, como la vida misma. Una empresa sin acción es una empresa que agoniza.

Un líder sin acción, no existe.

Una cabeza agobiada no es buena consejera

La frustración tiñe de mantos oscuros lo cotidiano.

Y esto hace que la sensación de mala racha se potencie. Porque ya todo hecho negativo que ocurre pasa a confirmarlo, aún algo insignificante como que se nos vuelque café.

Hacemos de un desafortunado hecho, un mundo. ¡El mundo contra mí!

Ahora, lo primero que debemos hacer es salir de ahí: ¡Salí de ahí, Maravilla!

Ir a lo básico de la gestión emocional, bajar un cambio y buscar intervenir en las emociones negativas, diseñando disparadores positivos.

También, es necesario identificar los disparadores negativos para neutralizarlos.

El ejercicio emocional implica tiempo de dedicación, el equilibrio requiere trabajo, el balance necesita movimiento. Un surfista, en la cresta de la ola, hace un gran trabajo corporal para mantener el equilibrio.

Y la gestión de las emociones es clave para tener resultados en el mundo de lo intangible, por ejemplo la confianza, el diálogo constructivo, la correcta coordinación de acciones, la integridad.

El diseño de disparadores positivos es personal, es lo que impacta bien a cada persona. Pero, una gestión evolutiva, tiene como pilar diseñar y ejecutar disparadores positivos de manera cotidiana.

El deporte o la actividad física son aliados importantes para soltar el cuerpo de tensiones y desenchufar la cabeza, un rato.

Hay quienes se desconectan leyendo, jugando a la play, cocinando, pintando, cantando.

Coacheé a un jefe de planta que cuando estaba enojado, salía a dar dos vueltas a la manzana antes de hablar.

Nosotros creamos las malas rachas y podemos salir de ellas.

Las validamos en el lenguaje, las desintegramos con gestión emocional.

Lo importante es estar alerta y no dejarse llevar por la marea de la mala racha.

(*) El autor es consultor organizacional PYME en gestión del cambio y coaching ontológico. Lanzó el ebook “Monsters in the Company”.

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