El problema es que teléfonos, tabletas y otros dispositivos pueden alcanzar niveles muy altos cuando están al máximo volumen, con rangos estimados entre 105 y 120 decibelios. En esos niveles, la exposición puede volverse riesgosa en pocos minutos. Por eso, usar auriculares muchas horas al día y subir el volumen para tapar el ruido externo es una combinación que conviene evitar.
Señales de alerta que no conviene ignorar
Un estudio transversal publicado en la revista Cureus analizó a 250 estudiantes de áreas de salud de entre 18 y 30 años. El 84% afirmó usar auriculares con frecuencia. Entre quienes los utilizaban, casi la mitad escuchaba contenidos entre el 50% y el 80% del volumen máximo, mientras que una proporción menor superaba el 80%.
La investigación observó que los síntomas aparecían con más frecuencia cuando se combinaban sesiones extensas y volumen elevado. Entre las molestias registradas se incluyeron dolor de cabeza, lagrimeo, intolerancia a sonidos fuertes, dolor de oído, dificultad para comprender el habla y tinnitus, es decir, la percepción de zumbidos o pitidos en uno o ambos oídos.
El estudio también detectó hipoacusia neurosensorial en 9 de los 250 participantes. En la mayoría de esos casos se observó un patrón compatible con daño inducido por ruido. Aunque se trata de una muestra específica, los resultados refuerzan una recomendación general: prestar atención a síntomas persistentes y consultar a un profesional si aparecen molestias auditivas.
Hábitos simples para escuchar con menos riesgo
Una forma práctica de reducir la exposición es mantener el volumen en un nivel moderado, especialmente si la escucha dura varias horas. También ayuda hacer pausas y evitar usar auriculares como fondo sonoro permanente durante toda la jornada. El descanso auditivo es parte del cuidado, del mismo modo que se descansa la vista frente a una pantalla.
La cancelación de ruido puede ser útil si permite escuchar con claridad sin subir el volumen. En ambientes ruidosos, muchas personas aumentan la intensidad para tapar lo que ocurre alrededor; en ese contexto, un buen aislamiento puede ayudar. Sin embargo, esta tecnología no reemplaza los hábitos de uso responsable: si el volumen sigue siendo alto, el riesgo continúa.
El efecto social de llevar auriculares todo el tiempo
Además de su impacto auditivo, los auriculares funcionan como una señal social. En espacios compartidos, pueden indicar que una persona no está disponible para conversar, aunque esa no sea su intención. En universidades, oficinas, transporte o cafeterías, este uso constante puede reducir saludos, charlas espontáneas o pequeños intercambios que forman parte de la vida cotidiana.
Esto no significa que haya que dejar de usarlos, sino encontrar momentos de equilibrio. Quitárselos en ciertas situaciones —al entrar a un comercio, al compartir una espera, al caminar con otras personas o al participar de un espacio común— puede mejorar la conexión con el entorno y evitar una desconexión automática.
Usar auriculares de manera saludable implica algo más que elegir un buen modelo. También supone regular el volumen, limitar las sesiones largas, reconocer señales de alerta y decidir cuándo conviene escuchar y cuándo vale la pena estar disponible para el mundo que nos rodea.