"Creo que intentaron rematarme en el piso", declaró Vega, quien permaneció 27 días en terapia intensiva y enfrentó una extensa rehabilitación que duró más de un año. Actualmente padece secuelas irreversibles: pérdida del 40% del cráneo, sordera en un oído y ceguera en un ojo.
Durante el juicio, el fiscal Carlos Russo solicitó una pena de 17 años al considerar la alevosía como agravante, y destacó la gravedad de las lesiones y el impacto vital en la salud de la víctima. Sin embargo, los jueces Paula Soulé, Juan Facundo Gómez y Pablo Javier Viñas rechazaron ese agravante al considerar que Vega estaba en "estado de alerta" por el conflicto previo, y que por tanto no se trató de un ataque sorpresivo.
Por su parte, la defensa de Paredes pidió la absolución o una pena menor al sostener que la autoría no estaba plenamente comprobada y que el hecho debía ser calificado como lesiones graves, un delito excarcelable.
Finalmente, el tribunal lo condenó a nueve años de prisión efectiva por tentativa de homicidio, considerando acreditada su responsabilidad en el violento episodio.