Comer “distraído”, especialmente frente a dispositivos como celulares o televisores, tiene un fuerte impacto que se refleja en la balanza y en la salud digestiva.
La nutricionista Ailén Brito advirtió sobre las consecuencias para la salud de comer con el celular en la mesa, un hábito cada vez más frecuente. En ese marco, propuso una serie de prácticas simples para mejorar la conducta durante la alimentación.
Comer “distraído”, especialmente frente a dispositivos como celulares o televisores, tiene un fuerte impacto que se refleja en la balanza y en la salud digestiva.
Aunque la televisión siempre fue una compañía habitual, en los últimos años, el celular cambió las reglas del juego. “Es la pantalla más peligrosa”, señaló la nutricionista Ailén Brito, en diálogo con A24, al considerar que el dispositivo, en su dinámica de estímulo-respuesta constante, genera una desconexión total con el momento de la comida.
Un estudio realizado en España, citado por la profesional, revela que estar pendiente del teléfono mientras se come puede aumentar hasta un 30% el consumo de energía simplemente por la falta de registro de lo que se ingiere.
Esta “sobreinformación” del paciente actual choca con una realidad crítica: la pérdida del control sobre las cantidades y el “nulo registro” de la ingesta.
El problema no es solo lo que se come, sino el tiempo que se le dedica. El cerebro humano requiere de entre 20 y 30 minutos para identificar las señales químicas y dar la orden de saciedad.
“Si tardamos menos de 15 minutos, no podemos pretender comer poco”, sostuvo la nutricionista, quien además vinculó este hábito con el aumento de los síntomas de acidez y reflujo gástrico.
Según explicó la especialista, la conducta al comer varía de forma significativa según el entorno. En contextos grupales, la ingesta suele extenderse y favorece la repetición, dado que las personas tienden a imitar el ritmo del resto y continúan comiendo mientras los demás permanecen en la mesa. En cambio, quienes comen solos frente a pantallas suelen caer en el “piloto automático”: consumen los alimentos con rapidez y sin atención.
Para revertir esta tendencia, la especialista sugiere pequeñas pero potentes prácticas diarias:
“Hay que tener buenas prácticas de conducta y no pensar tanto en qué estamos comiendo, sino en cómo lo estamos haciendo”, concluyó Brito.