La Asociación del Té de los Estados Unidos recomienda empezar siempre con agua fría y fresca, y calentarla para cada preparación. Hervir el agua de más puede reducir el oxígeno disuelto y dejar una bebida con sensación más plana. No se trata solo de que el agua esté caliente, sino de que tenga la temperatura correcta para cada tipo de hoja.
Para el té negro, el rango sugerido es alto: entre 96,1 y 98,9 °C. Es una variedad que tolera mejor el calor y que, bien preparada, desarrolla un perfil intenso. El tiempo de reposo recomendado suele ubicarse entre tres y cinco minutos, aunque conviene respetar siempre las instrucciones del envase cuando se trata de mezclas específicas.
El té verde necesita más cuidado. En variedades chinas, la temperatura sugerida se ubica entre 76,7 y 82,2 °C, con una infusión de uno a tres minutos. En tés verdes japoneses, el rango baja todavía más: entre 71,1 y 79,4 °C, durante uno o dos minutos. Esta diferencia explica por qué un té verde preparado con agua al borde del hervor puede resultar demasiado amargo.
El tiempo de infusión también importa
Dejar el té “un poco más” no siempre mejora la taza. El tiempo define cuánto se extrae de las hojas y qué tipo de compuestos terminan en la bebida. Una infusión más oscura no necesariamente es una infusión mejor: muchas veces es señal de extracción excesiva.
Un estudio publicado en el Journal of Food Science and Technology analizó tés verdes preparados a 75, 85 y 95 °C, con tiempos que fueron de uno a 45 minutos. Las mejores evaluaciones de color, aroma, sabor y aceptación general se registraron entre los tres y cinco minutos. En cambio, las preparaciones de 30 y 45 minutos recibieron las peores puntuaciones por su color oscuro, gusto amargo y aroma poco agradable.
El trabajo también observó qué pasaba con las catequinas, compuestos naturales del té asociados a sus características antioxidantes y a su perfil sensorial. A mayor temperatura y mayor tiempo, la extracción se altera: algunas sustancias se degradan y otras se transforman en formas que aportan más amargor. Por eso, más concentración no equivale necesariamente a mejor calidad.
Errores comunes y ajustes simples
Además de no exprimir la bolsita, conviene retirar las hojas o el saquito cuando se cumple el tiempo recomendado. También ayuda usar un temporizador, especialmente con tés verdes, que suelen ser menos tolerantes al exceso de calor y reposo.
Si una taza quedó amarga por exceso de infusión, una cantidad mínima de sal puede atenuar esa percepción, porque el sodio interviene en la manera en que se percibe el sabor amargo. De todos modos, es un recurso de rescate y no reemplaza una preparación correcta desde el inicio.
La regla práctica es simple: agua fresca, temperatura acorde a la variedad y tiempo medido. Con esos tres cuidados, el té deja de depender del azar y gana equilibrio, aroma y una textura más amable en cada taza.