Desde esa perspectiva, aprender a distinguir qué situaciones merecen nuestra atención y cuáles pueden ser dejadas de lado se convierte en una herramienta para administrar el estrés.
Qué ocurre cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo
Una de las advertencias centrales de López Rosetti está relacionada con el estrés crónico. No se trata simplemente de atravesar un día complicado o experimentar preocupación frente a un problema puntual. La cuestión cambia cuando el estado de alerta se vuelve frecuente y comienza a formar parte de la vida diaria.
El cardiólogo describió este proceso mediante el concepto de una “inflamación de bajo grado”, una expresión utilizada para explicar que el organismo puede permanecer en una situación de activación sostenida.
Para graficarlo, recurrió a una comparación llamativa: sería como tener un pequeño golpe que no se encuentra concentrado en un único lugar, sino distribuido internamente. La imagen permite comprender de manera sencilla una cuestión que, desde el punto de vista médico, resulta mucho más compleja.
En este contexto aparece también una expresión habitual del lenguaje cotidiano: “hacerse mala sangre”. La frase popular puede utilizarse para describir una situación en la que una persona queda atrapada en preocupaciones, discusiones o frustraciones que continúan ocupando espacio mental incluso después de que el episodio terminó.
Para López Rosetti, una parte del trabajo consiste precisamente en aprender a no reaccionar frente a cada estímulo como si fuera una amenaza que requiere una respuesta inmediata.
La cuestión no implica ignorar los problemas ni negar las emociones. Se trata, en cambio, de desarrollar herramientas para determinar cuáles son los acontecimientos sobre los que efectivamente se puede intervenir y cuáles escapan al control individual.
La particular metáfora de los anzuelos
Para explicar cómo funciona el estrés en la vida diaria, López Rosetti utilizó una imagen relacionada con la pesca.
“El día es una tanza de pesca con muchos anzuelos. El estresado se especializa en tragárselos; el que maneja el estrés evita los anzuelos”, explicó.
La metáfora apunta a mostrar que durante una jornada pueden aparecer numerosas situaciones capaces de alterar el estado de ánimo: una discusión, un mensaje inesperado, una demora, una noticia negativa, un inconveniente laboral o una preocupación familiar.
La diferencia estaría en la manera en que cada persona responde ante esos estímulos.
Algunos acontecimientos pueden ser inevitables. Lo que sí puede modificarse, de acuerdo con el planteo del especialista, es la reacción frente a ellos. No todos los problemas requieren el mismo nivel de preocupación, ni todos tienen que ser incorporados emocionalmente.
La capacidad para identificar esos “anzuelos” y decidir cuáles no vale la pena tomar se convierte así en una forma de administrar la energía cotidiana.
Por qué López Rosetti vincula medicina y filosofía
Otro de los conceptos destacados por el cardiólogo es que el abordaje del estrés no debería quedar limitado exclusivamente a los medicamentos.
López Rosetti considera que existen situaciones en las que una modificación de la manera de interpretar determinados acontecimientos puede resultar fundamental. En ese sentido, incorpora elementos vinculados con la filosofía, especialmente con una mirada que busca diferenciar aquello que está bajo control de aquello que no puede ser modificado.
“Lo que te estresa hoy, probablemente, no debiera estresarte”, planteó el médico en la entrevista citada por LA NACION.
A partir de allí, propuso pensar el tratamiento del estrés desde una perspectiva más amplia. La medicina puede aportar herramientas farmacológicas cuando son necesarias, pero también existen recursos vinculados con los hábitos, el pensamiento, el descanso, los vínculos sociales y la actividad física.
Por eso, según su mirada, la solución frente a determinadas situaciones de estrés puede estar relacionada con una filosofía de vida antes que con la utilización automática de un ansiolítico.
Esto no significa que los medicamentos carezcan de utilidad cuando están indicados. La cuestión pasa por comprender que no todos los estados de angustia, preocupación o tensión tienen necesariamente la misma causa ni requieren idéntico abordaje.
El ejercicio físico como herramienta para mejorar el bienestar
Dentro de las estrategias mencionadas por López Rosetti, el ejercicio físico ocupa un lugar central.
La actividad corporal no aparece planteada únicamente como una herramienta destinada a mejorar el estado cardiovascular o muscular. También puede formar parte de las estrategias utilizadas para acompañar el bienestar emocional.
Entre las alternativas se encuentran las actividades aeróbicas, como caminar a buen ritmo, trotar o realizar otras formas de ejercicio que eleven progresivamente la frecuencia cardíaca. A esto se suma el trabajo de fuerza o musculación.
El concepto resulta especialmente relevante porque permite pensar al movimiento como una intervención que atraviesa diferentes áreas de la salud.
El ejercicio puede formar parte de una rutina destinada a preservar la capacidad física, mejorar determinados parámetros de salud y, al mismo tiempo, generar condiciones favorables para el bienestar psicológico.
En ese sentido, López Rosetti utiliza una expresión contundente: “el movimiento es un medicamento”.
La frase sintetiza su propuesta de incorporar la actividad física como parte habitual del cuidado de la salud, siempre teniendo en cuenta las condiciones particulares de cada persona.
Cuántos minutos de ejercicio recomienda la OMS
En cuanto a la cantidad de actividad física necesaria, el especialista recordó la referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de alcanzar alrededor de 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada.
Una manera sencilla de distribuir esa cantidad consiste en realizar 30 minutos de actividad durante cinco días de la semana.
La recomendación permite alejar la idea de que para obtener beneficios es necesario realizar entrenamientos extremadamente exigentes o pasar largas horas en un gimnasio.
Caminar a un ritmo sostenido, por ejemplo, puede formar parte de una rutina activa. También pueden utilizarse otras actividades aeróbicas de acuerdo con las posibilidades, preferencias y condiciones físicas de cada persona.
La regularidad resulta un elemento importante. La actividad física no tiene que convertirse necesariamente en una competencia ni en una prueba de rendimiento. Puede ser, simplemente, una herramienta incorporada a la vida cotidiana.
Qué pasa con el ejercicio cuando hay depresión
López Rosetti también hizo referencia a los efectos del ejercicio sobre el desánimo y la depresión, aunque se trata de situaciones que requieren distinguir entre una tristeza pasajera y un cuadro clínico.
De acuerdo con el planteo citado por LA NACION, en casos de depresión diagnosticada los beneficios del ejercicio no necesariamente aparecen de manera inmediata. El organismo necesita atravesar un período de adaptación y los efectos pueden consolidarse después de varias semanas.
El especialista ubicó ese proceso aproximadamente entre cuatro y ocho semanas, dependiendo del contexto y de cada persona.
Esto permite diferenciar dos escenarios.
Por un lado, puede existir una tristeza momentánea relacionada con una frustración, una discusión, un problema puntual o un día particularmente difícil. En esos casos, una caminata o una sesión de actividad física puede contribuir a modificar el estado de ánimo en un período relativamente corto.
Por otro lado, cuando existe una depresión diagnosticada, la actividad física debe entenderse como parte de un abordaje más amplio y no como un reemplazo automático de la atención profesional.
La distinción es importante porque evita reducir una enfermedad compleja a una única recomendación.
Movimiento, rutina y salud emocional
La propuesta del cardiólogo pone en primer plano una idea que atraviesa buena parte de sus declaraciones: los hábitos cotidianos tienen una relación directa con la manera en que una persona enfrenta las dificultades.
Moverse, mantener una rutina, establecer objetivos posibles y reducir la exposición innecesaria a determinados estímulos pueden convertirse en herramientas complementarias para manejar las exigencias de la vida diaria.
En este marco, el ejercicio no aparece solamente como una actividad deportiva. Puede representar también una manera de romper con el sedentarismo, salir de un estado de aislamiento o interrumpir durante un tiempo la cadena de pensamientos vinculados con una preocupación.
De allí surge la importancia de evitar que la actividad física sea planteada exclusivamente desde la lógica del rendimiento.
No se trata necesariamente de correr más, levantar más peso o superar a otra persona, sino de generar una práctica sostenida que pueda integrarse a la vida cotidiana.
La comparación con los demás, precisamente, es uno de los aspectos que López Rosetti invita a revisar.
“Ser mejor que ayer”: otra forma de medir el progreso
La frase del especialista sobre competir contra uno mismo adquiere especial relevancia en una sociedad en la que buena parte de los estímulos cotidianos están vinculados con la comparación.
Las redes sociales, las exigencias laborales y determinados modelos de éxito pueden generar la sensación de que siempre es necesario alcanzar un objetivo superior al conseguido por otra persona.
Frente a eso, López Rosetti propone una perspectiva diferente: comparar el presente con el propio pasado.
El concepto de “ser mejor que ayer” no implica necesariamente alcanzar grandes transformaciones. Puede referirse a pequeñas modificaciones sostenidas en el tiempo: caminar un poco más, dormir mejor, aprender a reaccionar de otra manera ante una situación, incorporar una actividad o recuperar una rutina abandonada.
Desde esa perspectiva, el progreso deja de depender de una competencia externa.
La importancia del contacto con los pacientes
Además de su mirada sobre el estrés y el ejercicio, López Rosetti destacó la importancia de continuar vinculado con la práctica médica.
El especialista mantiene su actividad en el ámbito de la salud pública y también le asigna un valor central a la docencia y al contacto directo con los pacientes.
Ese vínculo, según explicó, funciona como una fuente de renovación de la vocación.
La medicina, en esta mirada, no debería quedar reducida a la identificación de síntomas, la realización de estudios o la indicación de tratamientos. También existe una dimensión humana que aparece en el encuentro entre el profesional y la persona que consulta.
Por eso, el cardiólogo insiste en una diferencia fundamental: el centro de la atención médica debe ser el paciente y no únicamente la enfermedad.
La afirmación supone cambiar el foco desde el diagnóstico aislado hacia la persona que atraviesa ese diagnóstico, con su contexto, sus preocupaciones, sus hábitos y sus circunstancias.
Una mirada integral sobre el cuidado de la salud
Las reflexiones de López Rosetti reunidas por LA NACION proponen, en definitiva, una visión integral del bienestar.
El estrés cotidiano no puede eliminarse por completo. Las dificultades, las pérdidas, las obligaciones y las frustraciones forman parte de la experiencia humana. La cuestión pasa por desarrollar recursos que permitan evitar que cada acontecimiento se convierta automáticamente en una fuente de desgaste permanente.
En ese camino aparecen diferentes herramientas: reconocer los estímulos que generan tensión, aprender a distinguir aquello que puede modificarse de aquello que no, evitar comparaciones innecesarias, incorporar actividad física y mantener vínculos que aporten sentido.
El ejercicio ocupa un lugar destacado porque puede combinar beneficios físicos y emocionales. La referencia de 150 minutos semanales de actividad aeróbica ofrece, además, una pauta concreta para comenzar a construir una rutina.
Pero el planteo del especialista va más allá de una cifra.
La idea central es comprender que cuidar la salud también implica administrar la manera en que se responde a lo que ocurre alrededor. No todos los “anzuelos” tienen que ser tomados. No todas las preocupaciones necesitan ocupar el mismo espacio. Y no todo progreso tiene que medirse en relación con otra persona.
En palabras de López Rosetti, el objetivo no consiste en ganar una competencia contra los demás, sino en avanzar respecto de la propia versión anterior.
Desde esa perspectiva, el bienestar aparece como un proceso cotidiano que combina movimiento, hábitos, pensamiento y atención médica cuando corresponde. Una estrategia que no busca eliminar las dificultades de la vida, sino desarrollar herramientas para atravesarlas de una manera diferente.