Su propuesta parte de una premisa sencilla, aunque exige constancia: nadie recibe un manual de instrucciones para vivir y, por lo tanto, buena parte del aprendizaje consiste en observar lo que sucede, corregir errores y desarrollar herramientas para afrontar las dificultades.
La vida como una administración cotidiana
Para López Rosetti, cada persona llega a la adultez con una historia particular, experiencias, aprendizajes y también dificultades. Por eso, no existe una receta universal capaz de solucionar todos los problemas.
“Lo vas a hacer a tu modo, con tu historia, con tu aprendizaje. El tema es mejorarlo”, explicó.
La idea supone abandonar la expectativa de encontrar una fórmula instantánea para alcanzar el bienestar. La vida puede ser corregida a medida que se la transita, y esa posibilidad se relaciona directamente con la capacidad de aprender.
“Se puede mejorar, porque se aprende. Venimos sin manual del usuario”, sostuvo el médico.
En ese planteo, el bienestar aparece como una construcción progresiva. No se trata únicamente de reaccionar frente a los problemas cuando aparecen, sino de anticiparse, organizarse y tomar decisiones conscientes.
López Rosetti entiende que las jornadas están atravesadas por una cantidad limitada de recursos. El tiempo es uno de ellos, pero también lo son la energía, la atención y la capacidad para afrontar determinadas situaciones.
Por eso, administrar la vida implica decidir qué merece ocupar ese espacio y qué puede quedar afuera.
“La vida es la administración del saldo. Tengas más o tengas menos”, resumió durante la entrevista con Infobae.
Las “cápsulas de no” para poner límites
Uno de los conceptos más llamativos que presentó López Rosetti fue el de las “cápsulas de no”.
El médico contó que, en el Hospital Municipal de San Isidro, donde se desempeña como jefe del Servicio de Medicina del Estrés, utiliza una particular caja de herramientas para trabajar con grupos de pacientes.
La idea es mostrar que no todas las personas necesitan exactamente la misma herramienta para afrontar sus dificultades.
“No sé qué tuerca floja tiene cada uno de ustedes y cuál es la mejor de estas llaves de 40 de la caja de herramientas”, explicó.
Entre los elementos que utiliza hay pequeños frascos que contienen cápsulas vacías. Su función es simbólica: representan la capacidad de decir que no cuando una obligación, un compromiso o una demanda externa invade un espacio que debería estar destinado a otras prioridades.
La propuesta apunta especialmente a quienes tienen dificultades para establecer límites.
Aceptar constantemente pedidos ajenos, compromisos laborales, encuentros sociales o tareas que se acumulan puede terminar provocando que una persona pierda el control de su propia agenda.
Por eso, para López Rosetti, aprender a decir “no” también forma parte del cuidado personal.
“Somos mejores administradores en el trabajo que en nuestra vida”
El cardiólogo señaló una contradicción frecuente: muchas personas son extremadamente organizadas cuando se trata de su empleo, pero esa misma capacidad desaparece cuando deben organizar su propia vida.
“La mayoría de nosotros somos mejores administradores en nuestro trabajo que en nuestra vida misma”, afirmó.
La observación apunta a una diferencia entre administrar obligaciones y administrar prioridades personales.
Una persona puede ser puntual en el trabajo, respetar reuniones, cumplir objetivos y organizar proyectos, pero al mismo tiempo dejar para último lugar el descanso, la familia, los amigos, el ejercicio o incluso momentos de soledad.
El resultado puede ser una agenda completamente ocupada, pero sin espacios verdaderamente destinados al bienestar.
En ese sentido, López Rosetti propuso una pregunta concreta:
“¿Estoy en mi agenda?”
La interrogante funciona como una especie de auditoría personal. No alcanza con tener horarios para el trabajo, los compromisos familiares y las obligaciones. También es necesario comprobar si existe algún espacio reservado para uno mismo.
La agenda personal y las actividades que “no se negocian”
Durante la entrevista, López Rosetti mostró cómo organiza sus propios compromisos y explicó que utiliza tinta roja para señalar aquellos momentos que considera personales.
“Las del rojo no se negocian”, resumió.
La estrategia busca transformar el tiempo personal en una obligación con la misma importancia que cualquier otro compromiso.
La diferencia está en que, en lugar de colocar únicamente reuniones laborales o actividades externas, la agenda debe contemplar aquello que permite recuperar energía, mantener vínculos o simplemente disponer de un momento propio.
Según el enfoque del médico, organizarse también permite disminuir la incertidumbre.
“Si vos te ordenás y te disciplinás, lo primero que baja es el temor, la duda y la incertidumbre. Te organiza”, sostuvo.
La planificación, entonces, no aparece solamente como una herramienta para aprovechar mejor las horas disponibles. También puede convertirse en una manera de reducir el caos cotidiano.
Una “carpa chica” en lugar de un millón de amigos
Otro de los ejes de la charla fue el papel de los vínculos.
López Rosetti cuestionó la idea de que una enorme cantidad de contactos sociales sea necesariamente sinónimo de bienestar. En cambio, destacó el valor de contar con un grupo reducido de personas significativas.
“No sirve Roberto Carlos, no sirve un millón de amigos, como dice la canción. Pero sí sirve pareja, un amigo, dos amigos, familia”, señaló.
Su conclusión fue contundente: “Carpa chica”.
La expresión resume la idea de que no necesariamente hace falta mantener una red social gigantesca. Lo importante es construir vínculos que tengan profundidad y que puedan sostenerse en el tiempo.
La dimensión vincular, de hecho, aparece desde las primeras páginas de su libro, dedicado a su esposa, Ana.
“Porque una buena vida también se construye de a dos”, escribió.
Así, el concepto de bienestar no queda reducido a la dimensión individual. Para López Rosetti, también implica compartir, cuidar relaciones y reservar tiempo para las personas importantes.
El hábito como una herramienta para cambiar conductas
Otra de las ideas que atravesó la conversación fue la necesidad de pasar de las intenciones a las acciones.
Una buena decisión aislada no necesariamente modifica una conducta. Para que algo se incorpore a la vida cotidiana, tiene que repetirse.
“El tema es ponerlo en movimiento. Practicarlo. El hábito hace al maestro”, sostuvo.
La frase sintetiza uno de los conceptos centrales del enfoque: las pequeñas decisiones sostenidas pueden adquirir mayor importancia que los grandes cambios que se realizan durante pocos días.
En ese sentido, reservar un momento para uno mismo, establecer un límite, mantener un vínculo o realizar una práctica de introspección puede convertirse en una conducta estable si se incorpora a la rutina.
El objetivo no sería alcanzar una versión ideal de la propia vida, sino mejorar progresivamente la que ya existe.
La experiencia de enseñar meditación a chicos
Durante la conversación, López Rosetti también recordó una experiencia desarrollada en cinco colegios de San Isidro, tanto públicos como privados.
El proyecto buscaba acercar ejercicios de meditación e introspección a niños pequeños, una propuesta que inicialmente generó dudas debido a la edad de los alumnos.
“Cómo va a meditar un pibe de cinco años, cómo vas a hacer meditación en salita de tres”, recordó el médico.
Para explicarles la actividad utilizaron una imagen sencilla: la de una tortuga.
“¿Cómo hace una tortuga cuando quiere estar con ella misma? Se mete adentro. Vamos a hacer como hace la tortuga”, relató.
El recurso permitió presentar la práctica de una manera comprensible para los chicos.
Según López Rosetti, los resultados llamaron la atención de los docentes.
“No sabés cómo aprendieron. Vos los veías tranquilos. La maestra decía: ‘Esta no es el aula de siempre’”, contó.
La experiencia fue vinculada con la posibilidad de trabajar desde edades tempranas sobre la atención, la introspección y el manejo de las emociones.
“No se es feliz espontáneamente”
Uno de los conceptos más importantes de la entrevista apareció cuando la conversación giró alrededor de la felicidad.
Para López Rosetti, la felicidad no debe confundirse necesariamente con la euforia permanente.
“No se es feliz espontáneamente”, sostuvo.
En su lugar, propuso pensar en términos de bienestar, paz, calma y seguridad.
Esta concepción también aparece en otros trabajos del médico. En una entrevista anterior con Infobae, López Rosetti había explicado que desde la perspectiva del estoicismo la felicidad no se relaciona simplemente con una sensación de euforia, sino con estados vinculados con la paz, la serenidad y la calma.
La conexión con la filosofía griega también está presente en el título de su nuevo libro.
Según explicó el autor, “Una buena vida” no es una denominación creada exclusivamente para su publicación, sino que remite a una pregunta planteada durante siglos: qué significa vivir de una manera que pueda considerarse buena o deseable.
La virtud como hábito y disciplina
En ese marco apareció otro concepto: la virtud.
López Rosetti la definió en términos prácticos, vinculándola con hacer aquello que corresponde incluso cuando nadie está observando.
“Es hacer lo que corresponde, lo que está bien aunque no te estén mirando. Es disciplina, es hábito, es repetirlo, es buscarle la vuelta”, explicó.
La definición vuelve a colocar el foco en la conducta cotidiana.
No se trata solamente de saber qué sería conveniente hacer, sino de convertir ese conocimiento en acciones concretas.
Esa diferencia es central para comprender su propuesta: conocer una herramienta no garantiza que vaya a ser utilizada.
Los “anzuelos” de las redes sociales
Las nuevas formas de comunicación también ocuparon un lugar importante durante la entrevista.
La conversación giró alrededor de las diferencias entre los vínculos presenciales y los intercambios que se producen mediante las redes sociales.
Flavia Pittella, columnista literaria invitada, relacionó el tema con el capítulo del libro dedicado a la empatía y con los mensajes agresivos que suelen aparecer en las plataformas digitales.
En ese contexto, López Rosetti recurrió a una imagen: los “anzuelos”.
“La vida está llena de anzuelos. El tema es no tragarte los que no corresponden”, afirmó.
La metáfora apunta a las múltiples situaciones que buscan captar la atención durante el día: notificaciones, discusiones, mensajes, exigencias, preocupaciones y estímulos permanentes.
El problema no sería solamente que existan esos estímulos, sino permitir que todos ellos terminen ocupando espacio mental.
Una escena con Marco Aurelio y el celular
López Rosetti también adelantó parte de una obra teatral que prepara y en la que imagina un encuentro con Marco Aurelio, uno de los principales referentes del estoicismo.
En la escena aparece una situación vinculada con la tecnología moderna.
El emperador romano observa el teléfono celular y pregunta: “¿Pero no lo puede apagar?”
La escena funciona como contraste entre dos épocas y permite plantear una pregunta actual: cuánto control conserva una persona sobre aquello que consume y cuánto de su tiempo termina siendo absorbido por estímulos externos.
La reflexión coincide con otros conceptos que el médico ha desarrollado previamente sobre el estoicismo y la necesidad de concentrarse en aquello que está bajo el control de cada persona.
La diferencia entre curar una enfermedad y aprender a vivir
López Rosetti también marcó una diferencia entre la medicina tradicional y el desafío de administrar la propia vida.
“Yo no puedo hacer por usted lo que usted no haga por usted mismo”, sostuvo.
Para explicarlo, utilizó un ejemplo médico: un profesional puede indicar un tratamiento frente a determinadas enfermedades y ese tratamiento puede actuar aunque el paciente no tenga que modificar todas sus decisiones personales.
Pero la situación cambia cuando el objetivo es organizar la propia existencia.
“Gestionar la vida es una cosa diferente”, resumió.
La frase concentra una de las ideas centrales de su libro: existen herramientas que pueden ayudar, pero finalmente hay una parte de la tarea que corresponde a cada individuo.
Aprender a vivir también significa corregir
La propuesta de “Una buena vida” no plantea una existencia sin problemas. Por el contrario, parte del reconocimiento de que las dificultades, los errores y las frustraciones forman parte de cualquier recorrido.
La diferencia está en qué se hace después.
Para López Rosetti, cada día ofrece una nueva posibilidad de revisar decisiones, corregir conductas y volver a intentarlo.
“Esta noche termina el día y mañana aparece una oportunidad y empezás a corregir. Se llama tiempos personales”, explicó hacia el final de la entrevista.
La idea conecta con el eje general de la publicación: administrar la vida no significa controlar absolutamente todo lo que ocurre, sino tomar decisiones sobre aquello que sí está al alcance de cada persona.
El tiempo, los vínculos, la atención, los hábitos y las prioridades aparecen así como recursos que pueden ser observados y reorganizados.
En definitiva, la propuesta de López Rosetti parte de una pregunta sencilla pero difícil de responder: qué lugar ocupa cada persona dentro de su propia agenda.
Su respuesta no se apoya en una fórmula única. El médico plantea, en cambio, un proceso de aprendizaje que combina límites, disciplina, vínculos cercanos, introspección y capacidad de corregir.
Como resumió durante la entrevista con Infobae, “se aprende a vivir” y existen herramientas que pueden ayudar a transitar mejor ese camino.
La invitación, en ese sentido, no es esperar a que cambien las circunstancias para empezar. Es observar el día que queda por delante y decidir qué merece ocupar una parte de ese tiempo.
Y, sobre todo, recordar una pregunta que puede modificar la manera de organizar cada jornada:
¿Estoy en mi agenda?