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Daniel López Rosetti lanzó una advertencia para quienes van al gimnasio: "Si haces una hora y después estás sentado, perdiste lo ganado"

El sedentarismo se convirtió en uno de los grandes desafíos de la vida cotidiana moderna. Muchas personas incorporan ejercicio a sus rutinas con la intención de cuidar su salud, mejorar su estado físico o compensar las largas jornadas laborales. Sin embargo, para el cardiólogo Daniel López Rosetti, existe un aspecto que suele quedar relegado: qué hacemos durante las horas restantes del día.

Daniel López Rosetti lanzó una advertencia para quienes van al gimnasio: Si haces una hora y después estás sentado

Daniel López Rosetti lanzó una advertencia para quienes van al gimnasio: "Si haces una hora y después estás sentado, perdiste lo ganado"

El sedentarismo se convirtió en uno de los grandes desafíos de la vida cotidiana moderna. Muchas personas incorporan ejercicio a sus rutinas con la intención de cuidar su salud, mejorar su estado físico o compensar las largas jornadas laborales. Sin embargo, para el cardiólogo Daniel López Rosetti, existe un aspecto que suele quedar relegado: qué hacemos durante las horas restantes del día.

El especialista puso el foco en una situación cada vez más habitual: personas que entrenan durante una hora, pero luego permanecen sentadas durante varias horas frente a una computadora, un televisor o el teléfono celular.

En uno de sus videos, López Rosetti resumió su advertencia con una frase contundente: “Si haces una hora de gimnasio y seis horas sentado perdiste lo ganado”. La idea central de su planteo apunta a diferenciar dos conceptos que muchas veces aparecen como si fueran equivalentes: hacer actividad física y evitar el sedentarismo.

Para el médico, no alcanza con concentrar todo el movimiento del día en un único momento. También resulta importante interrumpir los períodos prolongados de inmovilidad e incorporar pequeñas dosis de movimiento a lo largo de la jornada.

La diferencia entre hacer ejercicio y no permanecer sentado durante horas

La recomendación de López Rosetti parte de una distinción sencilla, pero que puede pasar inadvertida. Una persona puede realizar actividad física intensa y, al mismo tiempo, llevar una vida sedentaria durante buena parte del día.

Por ejemplo, alguien puede entrenar en un gimnasio durante una hora y después regresar a su casa o a su trabajo para permanecer sentado durante seis o siete horas. Desde la perspectiva planteada por el cardiólogo, ambas situaciones deben analizarse por separado.

El ejercicio programado tiene sus propios beneficios. Pero romper los períodos prolongados de quietud constituye otro componente de una rutina saludable.

El tema es moverte siempre”, explicó López Rosetti en uno de sus contenidos. Y resumió su argumento con otra expresión: “Te quedas quieto y te oxidas. Lo que no se mueve se oxida”.

La frase funciona como una síntesis de su mensaje: el movimiento no debería quedar restringido exclusivamente al momento destinado al entrenamiento.

En ese sentido, acciones que pueden parecer insignificantes —como levantarse de una silla, caminar unos minutos o subir por una escalera— adquieren importancia cuando se repiten durante el día.

Qué es el “mal del sillón” del que habla López Rosetti

Uno de los conceptos utilizados por el especialista es el “mal del sillón”, una manera de describir los efectos asociados con permanecer demasiado tiempo sin moverse.

López Rosetti plantea una situación concreta para explicar la diferencia. Si una persona que concurre regularmente al gimnasio escucha que subir 57 escalones durante el día no representa un esfuerzo significativo, probablemente considere que se trata de una cantidad menor frente a una sesión completa de entrenamiento.

Sin embargo, el médico propone observarlo desde otro punto de vista.

Esos escalones representan una oportunidad para romper el sedentarismo. Y allí aparece la diferencia fundamental: no se trata solamente de medir cuánta actividad física se realiza, sino también de observar cuánto tiempo permanece inmóvil una persona durante el resto de la jornada.

Por eso, una persona puede levantar pesas, correr o realizar otro entrenamiento exigente y después pasar muchas horas sentada. En términos generales, el ejercicio realizado en un momento determinado no convierte automáticamente en activa a una jornada caracterizada por largos períodos de inmovilidad.

“Puedes hacer actividad física intensa y después siete horas sin moverte”, explicó el cardiólogo al referirse a esta situación.

Qué ocurre cuando permanecemos demasiado tiempo sentados

El planteo de López Rosetti también pone la atención sobre las consecuencias que puede tener permanecer quieto durante períodos prolongados.

Según explicó, cuando una persona permanece sentada durante mucho tiempo las piernas dejan de participar activamente en el movimiento cotidiano. El especialista hizo referencia en particular a la denominada bomba muscular de los miembros inferiores, relacionada con la circulación de la sangre.

El movimiento de las piernas cumple un papel importante en la dinámica circulatoria. Por eso, interrumpir la quietud y caminar, levantarse o mover las extremidades permite incorporar actividad a una parte del cuerpo que puede permanecer prácticamente inmóvil durante horas.

El médico también vinculó el sedentarismo con el paso del tiempo y señaló que “envejecen las arterias, envejecen los músculos”.

Dentro de su explicación, mencionó además el óxido nítrico, una sustancia con funciones relevantes en el organismo y vinculada con la regulación de los vasos sanguíneos. El punto que busca remarcar es que el movimiento genera estímulos fisiológicos que no deberían quedar limitados a una única sesión de ejercicio.

Por eso, el objetivo no necesariamente consiste en transformar cada momento del día en un entrenamiento. Se trata de incorporar movimiento allí donde normalmente aparece la inmovilidad.

El problema no está solamente en las piernas

La preocupación por pasar demasiadas horas sentado tampoco se limita a las extremidades inferiores.

Durante sus explicaciones, López Rosetti hizo referencia a distintas estructuras que permanecen prácticamente inmóviles cuando una persona pasa mucho tiempo frente a un escritorio o sentada en un sillón.

Entre ellas mencionó la cadera, la columna, los discos intervertebrales y los ligamentos.

La postura mantenida durante horas puede convertirse así en otro elemento de la vida cotidiana que merece atención. En especial cuando el trabajo, el estudio o el entretenimiento obligan a permanecer frente a una pantalla durante períodos extensos.

El teléfono celular agrega otro factor.

El peso de la cabeza cambia cuando miramos el celular

Uno de los ejemplos utilizados por el cardiólogo está relacionado con la postura del cuello cuando se utiliza un teléfono.

López Rosetti explicó que, cuando una persona mantiene la cabeza erguida y la columna cervical alineada, la cabeza representa una carga determinada para la estructura cervical. Pero esa situación cambia cuando el usuario inclina la cabeza hacia adelante para mirar la pantalla.

Según el especialista, una cabeza que pesa aproximadamente entre cuatro y cinco kilos cuando se encuentra alineada puede representar una carga mucho mayor para el cuello cuando se inclina.

El médico señaló que, con una inclinación de unos 30 grados, la carga sobre la zona cervical puede llegar a equivaler a aproximadamente 18 kilos.

La cifra sirve para dimensionar el efecto de una postura que se repite cientos de veces durante el día. Mirar el celular mientras se camina, se está sentado o incluso acostado puede parecer una acción inofensiva, pero la posición adoptada por el cuello modifica las exigencias mecánicas sobre la columna cervical.

Por eso, además de levantarse periódicamente, otro aspecto de la rutina cotidiana consiste en prestar atención a cómo se sostiene el cuerpo frente a las pantallas.

Los pequeños movimientos también cuentan

La propuesta de López Rosetti no consiste necesariamente en realizar varias sesiones de entrenamiento durante un mismo día. Su recomendación apunta a algo más sencillo: introducir pequeñas interrupciones activas en medio de las actividades habituales.

El especialista habla de “snacks de actividad física”, una expresión utilizada para referirse a períodos breves de movimiento distribuidos durante la jornada.

La lógica es simple. En lugar de pasar varias horas sentado sin interrupciones, se pueden aprovechar distintos momentos para ponerse de pie, caminar unos minutos, subir escaleras o realizar alguna actividad que obligue a abandonar la silla.

Por ejemplo, una persona que trabaja frente a una computadora puede levantarse periódicamente para buscar agua, caminar por la oficina o realizar alguna tarea de pie.

También puede elegirse la escalera cuando las circunstancias lo permiten, caminar durante algunos minutos después de una comida o simplemente evitar permanecer sentado durante todo el tiempo libre.

Cada una de esas acciones puede parecer pequeña cuando se observa de manera individual. Sin embargo, el planteo del especialista es que el movimiento acumulado a lo largo de la jornada también forma parte de un estilo de vida activo.

El gimnasio no debería ser la única instancia de movimiento

La advertencia del cardiólogo apunta especialmente a una idea muy instalada: la de considerar que hacer ejercicio durante una hora compensa automáticamente todo el tiempo que se pasa sentado.

Desde su perspectiva, no funciona de esa manera.

Una sesión de gimnasio puede formar parte de una rutina saludable, pero el resto del día continúa teniendo importancia. Las horas destinadas al trabajo, al descanso, al transporte y al entretenimiento también forman parte del comportamiento físico cotidiano.

De ahí surge una de las frases más contundentes utilizadas por López Rosetti: “Si vas una hora al gimnasio y después te quedas siete horas sentado, perdiste dinero”.

El comentario apunta a remarcar que el entrenamiento no debería convertirse en una especie de permiso para permanecer inmóvil durante el resto del día.

La clave, entonces, está en combinar ambas estrategias: realizar actividad física y reducir el tiempo de sedentarismo.

Caminar, subir escaleras y levantarse: el objetivo es interrumpir la quietud

El mensaje del especialista puede trasladarse a situaciones muy habituales.

Subir algunos pisos por escalera, caminar hasta un lugar cercano en vez de utilizar un vehículo, levantarse del escritorio, realizar una caminata breve o simplemente cambiar de postura son ejemplos de movimientos que pueden incorporarse sin necesidad de equipamiento.

No se trata de reemplazar una sesión de ejercicio cuando esta forma parte de la rutina de una persona. Tampoco de convertir cada actividad cotidiana en una competencia deportiva.

La propuesta es evitar que la mayor parte del día transcurra sin movimiento.

Ese enfoque también permite modificar una idea frecuente: para estar activo no necesariamente hay que disponer de una hora libre, ponerse ropa deportiva y acudir a un gimnasio.

El movimiento puede aparecer en distintos momentos y acumularse a lo largo del día.

Una mirada diferente sobre la actividad física cotidiana

Las declaraciones de Daniel López Rosetti ponen el foco sobre una cuestión que suele quedar detrás de las recomendaciones tradicionales relacionadas con el ejercicio.

Cuando se habla de actividad física, muchas veces se piensa en correr, andar en bicicleta, nadar, levantar pesas o asistir a un gimnasio. Todas esas actividades pueden formar parte de una rutina, pero el especialista propone ampliar la mirada y prestar atención también a lo que ocurre entre una sesión y otra.

El verdadero desafío aparece cuando el cuerpo permanece quieto durante muchas horas.

Por eso, su concepto de “mal del sillón” busca poner en palabras una conducta cotidiana que puede pasar inadvertida: terminar el entrenamiento y después permanecer sentado durante prácticamente todo el resto de la jornada.

La alternativa que plantea es mucho más simple de incorporar: moverse con mayor frecuencia.

Levantarse, caminar, subir escaleras y cambiar de posición son acciones que no requieren una preparación especial. En conjunto, pueden ayudar a que el movimiento no quede concentrado exclusivamente en una pequeña parte del día.

La idea central del mensaje de López Rosetti puede resumirse en una frase: hacer ejercicio es importante, pero también lo es no pasar demasiadas horas inmóvil.

Así, la próxima vez que termine una sesión de gimnasio, el desafío no necesariamente termina al guardar las zapatillas. Para el cardiólogo, la jornada continúa y el cuerpo necesita seguir moviéndose.

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