El dolor de pecho es uno de los síntomas que más preocupación genera porque muchas personas lo relacionan automáticamente con un infarto. Sin embargo, también puede aparecer durante episodios de ansiedad o ataques de pánico.
El dolor en el pecho suele asociarse con problemas cardíacos, aunque también puede tener otros desencadenantes. Qué tener en cuenta ante este síntoma.

El dolor en el pecho puede tener distintas causas, desde problemas musculares o digestivos relacionados con la ansiedad hasta enfermedades cardiovasculares que requieren atención médica inmediata.
El dolor de pecho es uno de los síntomas que más preocupación genera porque muchas personas lo relacionan automáticamente con un infarto. Sin embargo, también puede aparecer durante episodios de ansiedad o ataques de pánico.
Según explicó el mérdico cardiólogo Ricardo Freile, la ansiedad puede desencadenar distintos cambios en el organismo capaces de provocar esta molestia, incluso cuando el corazón está sano.
Durante un episodio de ansiedad, el organismo activa una serie de respuestas físicas que pueden manifestarse con molestias en el pecho. De acuerdo con el especialista, estos son los tres mecanismos más frecuentes.
Tensión muscular e inflamación de la pared torácica: la ansiedad y la preocupación constante hacen que los músculos permanezcan contraídos durante largos períodos. En particular, los músculos intercostales, ubicados entre las costillas, pueden sufrir contracturas o pequeños desgarros por la tensión sostenida.
Como consecuencia, puede aparecer un dolor punzante que suele aumentar al tocar la zona afectada. En algunos casos, la tensión también inflama la unión entre las costillas y el cartílago, una afección conocida como costocondritis. Estas molestias suelen aparecer y desaparecer y, con frecuencia, empeoran al respirar profundamente o al realizar determinados movimientos.
Hipervigilancia y mayor sensibilidad al dolor: la ansiedad también modifica la forma en que el cerebro procesa las sensaciones corporales. El sistema nervioso entra en un estado de hipervigilancia, disminuye el umbral del dolor y hace que molestias leves, como un pinchazo o un ardor pasajero, se perciban con mucha más intensidad.
Esto hace que sensaciones que normalmente pasarían inadvertidas sean interpretadas como señales de alarma, aunque no exista un problema cardíaco.
Reflujo y espasmos del esófago: el estrés puede afectar el aparato digestivo al aumentar la producción de ácido gástrico. Cuando ese ácido asciende hacia el esófago provoca irritación y, en algunos casos, desencadena un espasmo esofágico.
Esta contracción puede generar un dolor intenso en el pecho que, por sus características, puede confundirse con el de un evento cardíaco. Según el especialista, la molestia también puede intensificarse después de consumir alimentos o bebidas muy calientes o muy frías.
Aunque algunos síntomas pueden parecer similares, existen diferencias que pueden orientar sobre su posible origen.
El dolor provocado por un infarto suele describirse como una presión intensa, opresión o sensación de peso en el centro del pecho.
Generalmente dura varios minutos, no mejora al cambiar de posición ni con la respiración y puede irradiarse hacia el brazo izquierdo, ambos brazos, el cuello, la mandíbula, la espalda o los hombros. Además, es frecuente que se acompañe de dificultad para respirar, sudor frío, náuseas, vómitos, mareos o sensación de desmayo.
En cambio, el dolor relacionado con la ansiedad suele presentarse junto con otros síntomas propios de un ataque de pánico, como palpitaciones, respiración acelerada, temblores, hormigueos o una sensación intensa de miedo. También puede variar con la respiración o los movimientos y, por lo general, comienza a disminuir a medida que cede el episodio.
Es importante tener en cuenta que estas diferencias son orientativas y no reemplazan una evaluación médica.
Aunque la ansiedad puede ser una de las causas del dolor de pecho, no debe asumirse que ese es el origen sin una evaluación médica, especialmente si el síntoma aparece por primera vez.
Se recomienda buscar atención médica inmediata cuando el dolor es intenso, dura más de unos minutos, aparece durante un esfuerzo físico o se acompaña de dificultad para respirar, sudor frío, náuseas, vómitos, mareos o se irradia hacia el brazo, el cuello, la mandíbula o la espalda. En esos casos es fundamental descartar un problema cardiovascular.
Si los episodios de dolor se relacionan con situaciones de estrés o ansiedad y se repiten con frecuencia, también es recomendable consultar con un profesional para confirmar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado.