Detrás de esa despedida se escondía una batalla silenciosa que llevaba más de cuatro años. Todo comenzó con síntomas aparentemente inofensivos: mareos, problemas de equilibrio y dificultades para caminar. Sin embargo, en cuestión de meses su vida cambió para siempre.
"Primero empecé con mareos que me parecieron normales. Después fui al hospital y me dijeron que podía ser un ACV. Fue gradual y rápido. En dos o tres meses quedé así", había relatado el propio Pablo en una entrevista.
Los médicos iniciaron una extensa búsqueda de respuestas. Fue sometido a innumerables estudios, consultó especialistas en Uruguay, Argentina y Estados Unidos e incluso permaneció internado durante semanas en centros médicos especializados.
Pero las respuestas nunca llegaron. La enfermedad avanzó sin freno.
El diagnóstico más probable apuntaba a una ataxia cerebelosa idiopática, un trastorno neurológico extremadamente complejo y de origen desconocido que afecta la coordinación motora y provoca un deterioro progresivo e irreversible.
"Lo más probable es que sea autoinmune, pero no tiene explicación. Mueren las neuronas motoras y no se regeneran", explicó su hermano.
Con el paso del tiempo, Pablo perdió prácticamente toda la movilidad de su cuerpo. La enfermedad avanzó hasta dejarlo completamente paralizado. Incluso comenzó a tener dificultades para mover los ojos. Lo más dramático era que, mientras su cuerpo dejaba de responder, sus capacidades cognitivas permanecían intactas.
Era plenamente consciente de todo lo que ocurría.
Antes de la enfermedad, Pablo había desarrollado una destacada carrera como diseñador gráfico. Había participado en congresos internacionales, ganado concursos y construido una trayectoria reconocida dentro del ámbito creativo uruguayo.
Pero en sus últimos años se transformó en algo más. Se convirtió en uno de los rostros más visibles de la lucha por la llamada muerte digna. Acompañó activamente el debate legislativo que terminó con la aprobación de la Ley de Muerte Digna en Uruguay y defendió públicamente el derecho a decidir.
"Estoy tranquilo y seguro de mi decisión", sostuvo durante una de sus últimas entrevistas.
Finalmente, tras años de sufrimiento y con la ley ya vigente, tomó la decisión que había defendido públicamente.