El hombre que plantó 7.000 árboles por amor y creó una obra única en Argentina
Cuando los primeros aviadores la divisaron desde el cielo, creyeron que se trataba de una ilusión óptica. Una figura perfecta, delineada con precisión milimétrica, emergía en medio de la llanura cordobesa. No era una sombra ni un capricho de la naturaleza: era una guitarra gigante, dibujada con árboles. Una obra que, más allá de su magnitud, esconde una historia atravesada por el amor, la pérdida y la perseverancia.
26 de febrero de 2026 - 15:30
Cuando los primeros aviadores la divisaron desde el cielo, creyeron que se trataba de una ilusión óptica. Una figura perfecta, delineada con precisión milimétrica, emergía en medio de la llanura cordobesa. No era una sombra ni un capricho de la naturaleza: era una guitarra gigante, dibujada con árboles. Una obra que, más allá de su magnitud, esconde una historia atravesada por el amor, la pérdida y la perseverancia.
En el sur de la provincia de Córdoba, a unos 20 kilómetros de la localidad de General Levalle, se encuentra la estancia conocida como Estancia La Guitarra. Allí, sobre una superficie de aproximadamente 25 hectáreas, se despliega una silueta vegetal que se extiende casi un kilómetro y que solo puede apreciarse en su totalidad desde las alturas. Una guitarra inmensa, verde y azulada, visible incluso en imágenes satelitales.
Un dibujo que sorprendió al mundo
Desde el aire, la imagen es impactante. Las líneas curvas del cuerpo del instrumento, el mástil perfectamente proporcionado y hasta los detalles del puente y la boca están trazados con especies arbóreas cuidadosamente seleccionadas. La precisión es tal que muchos pilotos, al sobrevolar la zona, dudan de lo que ven.
La obra no tardó en trascender fronteras. Fotografías aéreas comenzaron a circular por el mundo y la imagen fue registrada por satélites, incluso de la NASA, que captaron la particular figura desde el espacio. Lo que nació como un homenaje íntimo terminó convirtiéndose en un símbolo reconocido internacionalmente.
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La composición vegetal de una obra monumental
La guitarra no es una simple plantación caprichosa. Cada especie fue elegida estratégicamente para aportar color, textura y contraste.
El contorno está formado por cipreses californianos, que desde lo alto ofrecen un verde intenso y oscuro.
Las cuerdas fueron diseñadas con eucaliptos medicinales, de un tono más azulado, que generan un efecto visual distintivo.
El puente y la estrella decorativa se delinearon con pinos cipreses de piña, aportando volumen y definición.
En total, la obra demandó la plantación de alrededor de 7.000 árboles, distribuidos con una precisión que exigió planificación, paciencia y años de trabajo constante.
El origen: una idea que nació del amor
Detrás de esta creación hay una historia profundamente humana. La idea original fue de Graciela Yraizoz, una joven madre que soñaba con transformar la finca familiar en una obra artística viva con forma de guitarra, el instrumento que más amaba.
Graciela estaba casada con Pedro Martín Ureta y juntos formaban una familia numerosa. La guitarra era para ella más que un instrumento: representaba sensibilidad, armonía y pasión. Sin embargo, el destino truncó sus planes. En 1977, con apenas 25 años, sufrió la ruptura de un aneurisma cerebral que terminó con su vida de manera repentina. Además, estaba embarazada de su quinto hijo.
La tragedia dejó a Pedro devastado, pero también sembró en él una determinación férrea: concretar el sueño que su esposa no pudo ver realizado.
El desafío de convertir un sueño en paisaje
Pedro Martín Ureta asumió la tarea con una mezcla de dolor y convicción. Durante cinco años trabajó incansablemente para convertir la idea en realidad. Consultó a paisajistas y especialistas, pero muchos no lograban comprender la magnitud ni el concepto del proyecto.
Finalmente, decidió hacerlo por su cuenta.
El plan exigía cálculos exactos, mediciones topográficas y una logística compleja para plantar miles de ejemplares con la alineación correcta. No se trataba solo de sembrar árboles, sino de dibujar con ellos.
Las cuerdas, por ejemplo, fueron conformadas por seis hileras paralelas de eucaliptos. Cada línea debía mantener la distancia adecuada para que desde el cielo el efecto fuera el de un instrumento real.
Crecimiento, paciencia y naturaleza
Los primeros árboles medían apenas entre 15 y 25 centímetros cuando fueron plantados. Ignacio Ureta, uno de los hijos del matrimonio, explicó años después que eligieron plantines pequeños para favorecer un crecimiento más fuerte y rápido, ya que sus raíces no estaban deformadas por las macetas.
Sin embargo, esta decisión implicaba riesgos: las liebres y los cuises podían dañar fácilmente los brotes jóvenes. Fue necesario protegerlos y vigilar el campo de manera constante durante los primeros años.
Con el tiempo, los árboles crecieron, echaron raíces profundas y comenzaron a definir la figura. Tras cada lluvia, el verde se intensificaba y el contraste se volvía más marcado. La guitarra alcanzó su esplendor cuando la naturaleza completó lo que la mano humana había iniciado.
Una obra visible desde el cielo… pero no para su creador
Existe un detalle que añade un matiz casi poético —y paradójico— a la historia. Pedro Martín Ureta jamás vio su creación desde el aire. El hombre que diseñó una imagen destinada a ser admirada desde el cielo le tenía miedo a volar.
Nunca subió a un avión para contemplar la obra en su totalidad. La conocía palmo a palmo desde el suelo, recorriendo las hileras de árboles, supervisando el crecimiento y cuidando cada sector. Pero la imagen completa, esa que asombra a pilotos y turistas, la conoció solo a través de fotografías.
Un legado que trasciende generaciones
El 19 de septiembre de 2019, Pedro Martín Ureta falleció a los 79 años. Dejó como herencia no solo un campo productivo, sino un monumento natural que resume una historia de amor inquebrantable.
Hoy, sus hijos continúan con el mantenimiento del predio, conscientes de la responsabilidad que implica conservar una obra que ya forma parte de la identidad regional. General Levalle es conocido popularmente como “el pueblo de la guitarra”, y la figura aparece señalada incluso en plataformas digitales como Google Maps.
El mito del bohemio enamorado
Quienes conocieron a Pedro lo describen como un espíritu libre. La leyenda local cuenta que en su juventud viajó por Europa y tuvo contacto con artistas y movimientos culturales de la década del 60. A su regreso a la Argentina, siendo aún muy joven, conoció a Graciela Yraizoz, de 17 años, y quedó profundamente enamorado.
Esa relación, forjada en tiempos intensos y transformadores, dio origen no solo a una familia, sino también a una historia que décadas después se transformaría en paisaje.
Más que una obra artística: un símbolo
La guitarra de General Levalle no es solo un atractivo visual. Es un testimonio de resiliencia. Representa la capacidad de transformar el dolor en creación y la pérdida en memoria viva.
Desde el suelo, el visitante apenas percibe largas filas de árboles que se extienden en distintas direcciones. Es difícil imaginar que se está parado en el interior de un instrumento colosal. Pero desde el aire, la perspectiva cambia: la forma cobra sentido y la historia adquiere dimensión.
Cada piloto que la descubre experimenta la misma sorpresa inicial. Y cada fotografía aérea vuelve a contar la misma historia: la de un hombre que decidió convertir el recuerdo de su esposa en una obra eterna.
La Argentina que sorprende
En un país de vastas extensiones y paisajes diversos, la guitarra de Córdoba se suma a la lista de curiosidades geográficas y culturales que despiertan admiración. No fue construida con cemento ni acero, sino con paciencia, árboles y amor.
La obra continúa creciendo con el paso de los años. Los árboles se fortalecen, las líneas se consolidan y el contraste se intensifica. La naturaleza sigue completando el homenaje iniciado hace más de cuatro décadas.
Y así, en medio de la llanura, una guitarra gigante sigue sonando en silencio. No emite notas audibles, pero su mensaje es claro: el amor puede echar raíces profundas y florecer incluso después de la tragedia.