“Lo conocí en Mendoza, fue a trabajar y nos encontramos. Y habrá pasado un año que no nos vimos más, no tuvimos ningún tipo de contacto, nada, nada, nada, nada”, recordó.
Mientras Lizardo permanecía en Buenos Aires, Franco continuó viviendo en Mendoza. De vez en cuando intercambiaban mensajes, pero el vínculo parecía haber quedado en el pasado. Hasta que Franco tomó una decisión que terminaría cambiando todo.
Se mudó a Buenos Aires y comenzó a vivir en una residencia junto a otros jóvenes. Y allí apareció uno de los momentos más importantes de su historia.
Era el día de la Marcha del Orgullo y Franco no quería ir. La razón era contundente: nadie sabía de su orientación sexual. “Porque nadie sabía, mis amigos no sabían, mi familia no sabía, nadie sabía”, explicó.
El miedo a ser reconocido era tan grande que decidió hacer algo que hoy recuerda con humor, pero que en aquel momento tenía un significado muy diferente. “Me acuerdo que me puse unos lentes, una gorra y fui”, relató.
Ante la pregunta de si se había camuflado, respondió entre risas: “Me camuflé.”
Franco contó que tenía temor de aparecer en alguna imagen de la marcha y que esas imágenes pudieran llegar hasta San Juan. “Yo dije: llego a aparecer en algún lado, en San Juan… viste que las imágenes de la marcha salen en todos lados”, explicó.
Pero aquella jornada terminó teniendo un giro inesperado. Mientras caminaba junto a una amiga, ella reconoció entre las carrozas a Lizardo. “Una amiga, que sabía que había estado con Lizardo, me dice: ‘¡Mirá, está Lizardo ahí!’”, recordó. La respuesta de Franco fue inmediata: “No lo voy a saludar, estás loca”, le dijo.
Sin embargo, aunque decidió alejarse, algo había cambiado. Durante las aproximadamente siete horas que duró aquel recorrido, no pudo dejar de pensar en él. “Desde ese trayecto, que habrán sido siete horas de ir y venir, cuando estaba yendo a la residencia dije: ‘Che, ¿por qué me sigo acordando de este chico tanto tiempo?’ Esas siete horas yo pensaba en él, buscaba la carroza”, relató.
Esa misma noche, después de varias idas y vueltas, Franco volvió a encontrarse con Lizardo en la casa de un amigo. Y desde aquel momento no volvieron a separarse.
La relación también tuvo un peso fundamental en otro aspecto de su vida: el proceso de mostrarse públicamente y salir del clóset.
Cuando le preguntaron cómo había sido atravesar ese momento acompañado por Lizardo, Franco fue contundente: “Fue una gran compañía, fue mucho más fácil, mucho más fácil.”
Incluso reconoció que jamás hubiera imaginado que su historia iba a desarrollarse de esa manera. “Ni loco, no había chance de que yo hubiese empezado que saliera de esta forma del clóset”, confesó.
Actualmente, Franco también convive con una situación que podría resultar incómoda para muchas personas: ser presentado constantemente como “el novio de Lizardo Ponce”. Sin embargo, aseguró que no le molesta en absoluto. “Cero. Cero, pero cero cero”, respondió cuando le preguntaron al respecto.
Durante la entrevista también habló de una etapa mucho más personal: los problemas de autoestima que atravesó durante años.
“Sí. Tuve la autoestima muy baja. Tuve un tiempo la autoestima demasiado baja. Empecé terapia, me criticaba todo y después de mucha terapia y mucha ayuda, muchos libros también, logré seguir adelante”, contó.
Hoy, según sus propias palabras, el escenario es completamente diferente. Franco asegura sentirse libre y feliz, dos conceptos que adquieren especial importancia después de todo lo que relató. “Muy libre. Ahora puedo decir muy libre.”