Esta es una de las etapas del descanso nocturno, caracterizada por una elevada actividad cerebral y por la aparición de sueños más vívidos.
Entre las condiciones que presentaron esta relación se encuentran la insuficiencia cardíaca, la fibrilación auricular, la enfermedad cardíaca isquémica, el parkinsonismo, la esclerosis múltiple y distintos tipos de demencia, incluido el Alzheimer.
¿Cómo se midieron las etapas del sueño?
Los participantes utilizaron durante siete días consecutivos un acelerómetro colocado en la muñeca. Con esos datos, los investigadores estimaron las distintas etapas mediante SleepNet, un algoritmo de aprendizaje profundo.
Así pudieron diferenciar el sueño REM, el sueño profundo o N3 y el sueño ligero, además de registrar la duración total, la regularidad y el tiempo que cada persona permanecía despierta después de haberse dormido.
Este procedimiento no equivale a una polisomnografía, considerada el método de referencia para evaluar el sueño, ya que las distintas etapas fueron estimadas a partir del movimiento registrado por el dispositivo.
¿Qué pasa con el sueño profundo?
Una mayor proporción de sueño profundo se relacionó con un menor riesgo de siete enfermedades.
Entre ellas aparecen la diabetes tipo 2, el trastorno depresivo mayor, la apnea del sueño y la enfermedad de Parkinson.
El porcentaje de sueño ligero también mostró relaciones con distintas condiciones, aunque los resultados variaron según la enfermedad analizada.
¿Cuántas horas hay que dormir según el estudio?
La duración total del descanso también mostró diferentes relaciones con la salud. Para 69 condiciones, el período asociado con el menor riesgo se concentró principalmente entre 6 y 8 horas.
En cambio, dormir menos de 5 horas se relacionó con un mayor riesgo de 37 condiciones dentro de los análisis realizados.
Estos resultados muestran asociaciones estadísticas y no significan que dormir una determinada cantidad de horas garantice evitar una enfermedad.
¿Qué enfermedades se relacionaron con el sueño fragmentado?
Los investigadores también observaron la irregularidad del descanso y el tiempo que una persona permanece despierta después de conciliar el sueño, conocido como WASO.
Una mayor irregularidad se relacionó con un mayor riesgo de tres enfermedades, mientras que un mayor tiempo de vigilia después de dormirse se asoció con un mayor riesgo de seis.
Por lo tanto, las 83 enfermedades no corresponden al sueño fragmentado. La cifra se refiere específicamente a la relación observada entre una mayor cantidad de sueño REM y un menor riesgo de esas condiciones.
¿Qué significa este hallazgo sobre el sueño?
En total, se identificaron 156 asociaciones significativas entre las características del descanso y distintas enfermedades, después de aplicar una corrección estadística para reducir la posibilidad de obtener resultados significativos por azar.
Sin embargo, el estudio es observacional, por lo que no permite establecer una relación de causa y efecto. Los resultados no demuestran que una mayor cantidad de sueño REM prevenga esas enfermedades.
Además, las etapas del sueño fueron estimadas mediante un acelerómetro y un algoritmo, en lugar de medirse directamente mediante una polisomnografía. La población estudiada también pertenece al UK Biobank, por lo que los resultados no necesariamente representan a toda la población.
Los autores señalaron además la posibilidad de que existan factores de confusión residuales, pese a los ajustes realizados en el análisis.
La investigación aporta evidencia sobre la relación entre el descanso y la salud y muestra que, además de la cantidad de horas, también pueden ser relevantes la composición del sueño y su regularidad.