El segundo paso consiste en reconocer tres sonidos que estén ocurriendo en ese momento. Pueden ser sonidos cercanos o lejanos, como el ruido del tráfico, el sonido de un ventilador o incluso una conversación a lo lejos. Este ejercicio ayuda a ampliar la atención hacia el entorno.
Finalmente, el tercer paso es mover tres partes del cuerpo, por ejemplo los dedos de las manos, los hombros o los pies. Este movimiento consciente ayuda a reconectar con las sensaciones físicas y a disminuir la sensación de bloqueo que muchas personas experimentan durante un episodio de ansiedad.
La lógica detrás de este método es sencilla: cuando una persona sufre ansiedad, su mente suele quedar atrapada en pensamientos sobre el futuro o en preocupaciones difíciles de controlar. Al dirigir la atención hacia estímulos concretos del entorno, el cerebro logra interrumpir ese ciclo.
Por su simplicidad, la regla del 3-3-3 suele recomendarse como una herramienta rápida para momentos puntuales de ansiedad. No reemplaza un tratamiento psicológico, pero puede ser útil como recurso inmediato para recuperar la calma y volver a enfocarse en el presente.