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Miedo a crecer: por qué pesa más en la juventud y cómo suele cambiar con los años

Un estudio longitudinal siguió a estudiantes universitarios durante dos décadas y ayuda a entender cómo evolucionan las dudas frente a la adultez, la independencia y las responsabilidades cotidianas.

Miedo a crecer: por qué pesa más en la juventud y cómo suele cambiar con los años. (Imagen ilustrativa)
Miedo a crecer: por qué pesa más en la juventud y cómo suele cambiar con los años. (Imagen ilustrativa)

El miedo a crecer no siempre aparece como una fobia evidente. A veces se expresa en preguntas más silenciosas: cómo sostener una vida independiente, qué hacer con el trabajo, cómo administrar el dinero o de qué manera tomar decisiones sin la red de seguridad de la infancia. Para muchas personas, el ingreso a la adultez combina entusiasmo con incertidumbre.

Una investigación difundida por la American Psychological Association y publicada en Developmental Psychology aporta una mirada de largo plazo sobre ese proceso. El trabajo siguió a estudiantes universitarios de Estados Unidos durante veinte años para observar cómo cambiaban sus temores vinculados con la madurez. La principal conclusión es que esas preocupaciones tienden a bajar con la edad, aunque no aparecen con la misma intensidad en todos los grupos generacionales analizados.

Qué se entiende por miedo a la madurez

El estudio se concentró en lo que los investigadores llaman miedos a la madurez: inquietudes relacionadas con dejar atrás la infancia, asumir obligaciones adultas y perder la sensación de protección asociada a etapas anteriores de la vida. No se trató de un diagnóstico clínico, sino de un cuestionario diseñado para medir actitudes y percepciones.

Los participantes debían indicar cuánto coincidían con ideas vinculadas al deseo de volver a la niñez o a la creencia de que esa etapa representa el momento más feliz de la vida. Ese tipo de respuestas permitió comparar cómo se vivía el pasaje hacia la adultez en distintos momentos históricos.

La investigación reunió datos de 2.482 estudiantes de una universidad privada del noreste de Estados Unidos. Los primeros cuestionarios se tomaron en 1982, 1992 y 2002, cuando los participantes tenían en promedio casi 20 años. Luego, cada grupo volvió a responder diez y veinte años después, lo que permitió analizar no solo diferencias entre generaciones, sino también cambios dentro de las mismas personas a medida que envejecían.

Qué generaciones mostraron más temor a crecer

Al comparar las respuestas iniciales, el grupo encuestado en 2002 expresó niveles más altos de preocupación frente a la adultez que el grupo consultado en 1992. A su vez, quienes respondieron en 1992 mostraron más temor que los estudiantes evaluados en 1982. La tendencia se observó tanto en varones como en mujeres.

En términos generacionales, el trabajo asoció a los estudiantes consultados en 2002 con los millennials, a los de 1992 con la generación X y a los de 1982 con los baby boomers. Sin embargo, el dato central no es etiquetar a una generación como más temerosa, sino entender que el contexto social puede influir en la manera en que se imagina la vida adulta.

El estudio no determina qué factores explican esas diferencias. Entre las variables que podrían investigarse en el futuro se mencionan la incertidumbre económica, las preocupaciones ambientales, los cambios sociales de gran escala y la expansión de las redes sociales. Aun así, la investigación no permite afirmar cuánto pesa cada elemento ni establecer una causa única.

Por qué el miedo puede disminuir con la experiencia

Cuando los participantes volvieron a ser evaluados veinte años después, la mayoría mostró una reducción de los miedos asociados a la madurez. La única excepción señalada por el trabajo fue la de los hombres que habían respondido por primera vez en 1982. En el resto de los grupos, la tendencia general fue descendente.

Una posible interpretación es que muchas responsabilidades adultas resultan menos intimidantes cuando dejan de ser una idea abstracta y se transforman en experiencias concretas. Trabajar, resolver trámites, administrar recursos, sostener vínculos o tomar decisiones cotidianas puede generar aprendizaje y una sensación mayor de control.

Esto no significa que todas las personas superen por completo sus dudas ni que la adultez sea un camino lineal. Más bien, el estudio sugiere que el miedo a crecer no es necesariamente fijo. Puede cambiar cuando una persona desarrolla herramientas, gana autonomía y comprueba que puede adaptarse a roles que antes parecían lejanos o difíciles.

Qué límites tiene la investigación

Como ocurre con cualquier estudio, los resultados deben leerse con cautela. La muestra corresponde a estudiantes de una universidad privada de Estados Unidos y no representa automáticamente a todas las personas de cada generación. Además, el trabajo describe tendencias dentro de los grupos analizados, pero no prueba por sí solo por qué surgieron las diferencias iniciales.

Aun con esas limitaciones, la investigación ayuda a poner en perspectiva una experiencia común: sentir temor ante la adultez no necesariamente implica quedarse estancado. En muchos casos, esas inquietudes forman parte de una transición que se vuelve más manejable con tiempo, práctica y exposición gradual a las responsabilidades de la vida cotidiana.