La medicina forense y la tanatología coinciden en que no ocurre crecimiento ni alargamiento de uñas o cabello tras la muerte. Manuales como Gray’s Anatomy, referencia desde 1858, y guías forenses describen este fenómeno como una consecuencia del colapso tisular sin actividad celular.
No existen registros de elongación post mortem medible, y la actividad celular residual no es suficiente para mantener procesos como la queratinización o la replicación necesaria para el crecimiento.
La falta de glucosa post mortem y el alto requerimiento energético de las células germinales hacen imposible cualquier crecimiento, incluso si algunos tejidos sobreviven brevemente