Salud

Mito o realidad: ¿la nariz y las orejas crecen con el envejecimiento?

Desde hace décadas se repite una creencia popular: que la nariz y las orejas crecen con el paso de los años. ¿Es realmente así? ¿Qué explicación da la ciencia?

El envejecimiento modifica los rasgos faciales y reaviva un mito muy extendido

El envejecimiento modifica los rasgos faciales y reaviva un mito muy extendido

Es una de esas creencias populares que se repiten de generación en generación: “las orejas y la nariz crecen toda la vida”. Respecto de este mito, la ciencia confirma que hay un cambio real, pero no es un crecimiento activo como el de la infancia. ¿De qué se trata?

Diversos estudios, desde los años 90 hasta investigaciones más recientes, miden un aumento progresivo en el tamaño de las orejas y la nariz a lo largo de la vida adulta.

Un trabajo clásico publicado en el British Medical Journal (1995) analizó las orejas de más de 200 personas mayores de 30 años y detectó un incremento promedio de 0,22 milímetros por año. Otras investigaciones, como una de 2008 que reportó hasta 0,51 mm anuales en la circunferencia auricular, o revisiones en revistas como JAMA Dermatology y Anthropologischer Anzeiger, ampliaron los datos: el cambio oscila entre 0,22 y 0,51 mm por año, especialmente notorio después de los 40 o 50 años.

En total, desde los 30 hasta los 70 u 80 años, las orejas pueden alargarse entre 1 y 2,5 centímetros, con variaciones por genética, sexo (los hombres suelen mostrar un incremento algo mayor) y otros factores.

En el caso de la nariz, estudios antropométricos muestran aumentos en longitud, volumen y proyección, con una punta que tiende a rotar hacia abajo, lo que acentúa la apariencia de agrandamiento. Sin embargo, este fenómeno no equivale a un crecimiento verdadero como el de la juventud, cuando huesos y cartílagos se desarrollan de manera activa.

Por qué parece que crecen las orejas y la nariz con el envejecimiento

orejas

El cartílago auricular y nasal deja de crecer significativamente alrededor de la pubertad. Lo que ocurre en la adultez y la vejez es un proceso distinto: la piel pierde elasticidad y colágeno, se adelgaza y se vuelve flácida; el cartílago se hace más flexible y deformable con el tiempo; y la gravedad actúa de forma constante durante décadas, tirando hacia abajo, especialmente en los lóbulos de las orejas (que son solo piel y grasa sin soporte cartilaginoso fuerte) y en la punta de la nariz.

Otros factores aceleran el fenómeno: la exposición crónica al sol degrada el colágeno más rápido, el uso prolongado de aros pesados estira los lóbulos, el tabaco y el alcohol en exceso dañan los tejidos, y la pérdida de grasa facial contribuye a que todo parezca más estirado. En definitiva, no se genera tejido nuevo ni células extras como en la juventud; las orejas y la nariz se elongan, se estiran y se caen por el envejecimiento natural de los tejidos y la acción de la gravedad. Es más un agrandamiento aparente y progresivo que un crecimiento real, aunque las mediciones objetivas demuestran que sí hay un aumento medible, aunque mínimo.

¿Se puede frenar o disimular? No existe una forma de detenerlo por completo, ya que forma parte del proceso normal de envejecimiento, pero hay hábitos que ayudan a retrasarlo. Usar protector solar diario en la cara, orejas y nariz evita la degradación acelerada del colágeno. Mantener la piel hidratada y seguir una dieta rica en vitamina C, proteínas y antioxidantes favorece la producción de colágeno. Evitar aros muy pesados reduce el estiramiento de los lóbulos, y reducir el tabaco y el alcohol excesivo preserva mejor los tejidos. Cuando el cambio es muy notorio y genera molestia estética, existen soluciones como la lobuloplastia (una cirugía sencilla para corregir lóbulos alargados), rellenos con ácido hialurónico para la nariz o, en casos más complejos, una rinoplastia u otoplastia correctiva.

En resumen, la creencia popular tiene un fondo de realidad: las orejas y la nariz sí se agrandan visible y mediblemente con los años. Pero no “crecen” en el sentido estricto; simplemente el tiempo y la gravedad hacen su trabajo.

Es un cambio universal e inofensivo que afecta a todos, aunque en algunos se nota más por genética o estilo de vida.

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