La respuesta de sus padres fue totalmente opuesta, y ese contraste marcó su aprendizaje. “Mi mamá, psicóloga y más pilla que nadie, me dijo: no se dice nada, porque lo vas a herir a él y no ganás nada. En cambio, mi papá, que era el hombre más infiel de la tierra, dijo: no, lo tenés que decir”.
Finalmente, Gimena optó por el consejo paterno: lo contó mediante una carta y, si bien fue perdonada en ese momento, tiempo después la relación se rompió. “Lo hice para sacarme la culpa, pero en realidad fue peor porque el otro se enteró, se re enojó. Ahí dije: hay que hacerle caso a mamá”, remató con picardía.