No tires las almohadas viejas en tu casa, tenés un tesoro: así podés reutilizarlas. (Foto: Archivo)
Las almohadas viejas suelen terminar en el fondo del placard o directamente en la basura. Perdieron firmeza. Se deformaron. Ya no resultaron cómodas para dormir. Sin embargo, antes de descartarlas, existe un detalle que muchos pasaron por alto: todavía pueden convertirse en tesoros dentro del hogar.
Aprovechar lo que ya se tiene en casa fue una de las estrategias más efectivas para ahorrar dinero y reducir residuos. Y en ese contexto, las almohadas dejaron de ser un objeto terminado para transformarse en un recurso reutilizable. Su relleno y su tela conservaron utilidad. Solo hizo falta creatividad y algunos materiales fáciles de conseguir.
El requisito que deben cumplir las almohadas antes de reutilizarlas
No todas las almohadas pueden reciclarse de inmediato. El requisito es simple: que el relleno esté limpio y seco. Si no presenta humedad ni moho, todavía sirve.
En caso de duda, conviene abrir la costura lateral y revisar el interior. Si el material conserva buen aspecto, se podrá reutilizar sin problemas. Si huele mal o muestra manchas, será mejor descartarlo. Una vez verificado este punto, comienza la transformación.
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Cómo convertirlas en topes para puertas o ventanas
Una de las formas más útiles de reutilizar almohadas viejas consiste en convertirlas en barreras contra corrientes de aire. Este método funcionó especialmente bien en épocas de frío o viento.
Las filtraciones debajo de puertas y ventanas afectaron la temperatura interior y permitieron el ingreso de polvo. Un simple tope casero resolvió ese problema sin necesidad de comprar accesorios nuevos.
Materiales necesarios:
Una almohada vieja.
Tela resistente o funda adicional.
Tijera.
Hilo y aguja, o pegamento para tela.
Paso a paso:
Primero, se abrió la almohada y se retiró parte del relleno si resultó demasiado voluminosa. Luego, se cortó la tela con forma alargada, similar a un cilindro.
Después, se introdujo el relleno dentro de la nueva funda o tela. Se cosieron los extremos para evitar que el material se escapara. También pudo sellarse con pegamento para tela si no se contaba con aguja e hilo.
Finalmente, se colocó el cilindro en la base de la puerta o ventana.
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El resultado fue inmediato. El aire exterior dejó de filtrarse. El ambiente mantuvo mejor la temperatura. Además, se redujo la entrada de polvo y suciedad.
Este objeto improvisado no solo cumplió una función térmica. También aportó un detalle decorativo si se eligieron telas acordes al ambiente. Algunas personas optaron por estampados neutros. Otras prefirieron colores llamativos.
La clave estuvo en entender que el relleno de la almohada conservó volumen y capacidad de aislamiento.
Cómo hacer una cama cómoda para mascotas
La segunda idea resultó igual de práctica. Convertir almohadas viejas en camas para mascotas permitió crear un espacio cálido sin gastar dinero extra.
Perros y gatos buscaron superficies blandas para descansar. Y una almohada, incluso si ya no fue apta para dormir, conservó suavidad suficiente para ellos.
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Materiales necesarios:
Una o dos almohadas viejas.
Tela gruesa o manta resistente.
Tijera.
Hilo y aguja.
Paso a paso:
Primero, se colocó la almohada dentro de una tela gruesa o funda grande. Si el tamaño resultó excesivo, se dobló hasta lograr la forma deseada.
Luego, se cosieron los bordes para formar una base firme. Este paso fue importante para que el relleno no se desplazara con el uso.
De manera opcional, se agregó otra capa de tela para aumentar la durabilidad. Finalmente, se ubicó la cama en el lugar habitual donde la mascota solía dormir. El resultado fue un espacio cómodo, lavable y fácil de reemplazar.
Ventajas concretas de reutilizar almohadas
Se redujo la cantidad de residuos.
Se ahorró dinero en accesorios nuevos.
Se aprovechó un material que aún tuvo utilidad.
Se resolvieron problemas cotidianos con recursos simples.