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Pilar Sordo: "No hay que dejar de hacer algo por miedo, hay que hacerlo con miedo; es un motor, un estimulador"

La psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo volvió a poner sobre la mesa algunas de las preguntas que atraviesan la vida cotidiana: qué hacemos frente al miedo, cómo construimos nuestros vínculos y de qué manera las palabras que utilizamos —con los demás y con nosotros mismos— terminan influyendo en la forma en que atravesamos las distintas etapas de la vida.

18 de septiembre de 2026 - 14:15
Pilar Sordo: No hay que dejar de hacer algo por miedo, hay que hacerlo con miedo; es un motor, un estimulador

Pilar Sordo: "No hay que dejar de hacer algo por miedo, hay que hacerlo con miedo; es un motor, un estimulador"

La psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo volvió a poner sobre la mesa algunas de las preguntas que atraviesan la vida cotidiana: qué hacemos frente al miedo, cómo construimos nuestros vínculos y de qué manera las palabras que utilizamos —con los demás y con nosotros mismos— terminan influyendo en la forma en que atravesamos las distintas etapas de la vida.

En una entrevista con José del Rio para LA NACION, la especialista reflexionó sobre la importancia de asumir desafíos aun cuando aparezcan dudas o temores. Para Sordo, el miedo no necesariamente debe ser entendido como una señal que obliga a detenerse. Por el contrario, puede convertirse en un impulso para avanzar.

Su planteo parte de una idea sencilla, aunque difícil de aplicar: no dejar de hacer aquello que deseamos únicamente porque tenemos miedo.

La escritora explicó que buena parte de su propia experiencia estuvo atravesada por esa decisión de avanzar pese a la incertidumbre. En ese recorrido, identificó la osadía, el arrojo y la capacidad de exponerse como elementos que le permitieron acercarse a otros públicos y desarrollar su trayectoria en el mundo hispanohablante.

“No hay que dejar de hacer algo por miedo. Para mí, el miedo es un motor, un estimulador”, sostuvo Pilar Sordo.

La frase resume una de las ideas centrales de su mirada: el miedo puede coexistir con la acción. No necesariamente hay que esperar a que desaparezca para dar un paso.

Pilar Sordo y una mirada diferente sobre el miedo

En muchas situaciones cotidianas, el miedo aparece asociado directamente con la necesidad de evitar una determinada experiencia. Frente a un cambio laboral, una decisión personal, una conversación pendiente o cualquier desafío que implique salir de una zona conocida, la reacción más inmediata puede ser postergar.

Sin embargo, Sordo propone otra lectura.

Desde su perspectiva, sentir miedo no significa necesariamente que una persona esté tomando una decisión equivocada. En determinados contextos, puede ser precisamente aquello que revela que existe un desafío importante por delante.

La especialista vinculó esa actitud con la posibilidad de animarse a atravesar situaciones nuevas. En su propio recorrido profesional, recordó que hubo una cuota de atrevimiento necesaria para acercarse al público de distintos países.

“Esa osadía, ese arrojo y hasta la falta de vergüenza me permitieron acercarme al mundo hispano y conectar con tanta gente”, explicó.

La reflexión pone el foco en una cuestión que excede la psicología individual: la acción no siempre llega después de la seguridad. En ocasiones ocurre exactamente al revés. Primero aparece la decisión de avanzar y, recién después, la confianza que permite continuar.

Para Sordo, aceptar esa dinámica puede modificar la manera en que una persona se relaciona con sus propios desafíos.

Menos palabras y más dificultades para expresar lo que sentimos

Durante la entrevista, la psicóloga también se detuvo en otro fenómeno que considera relevante: la manera en que se modificaron las conversaciones y los vínculos en los últimos años.

Uno de los puntos que señaló fue la reducción del vocabulario utilizado en las interacciones cotidianas. Según su mirada, disponer de menos palabras para describir aquello que sucede internamente puede dificultar la posibilidad de comunicar emociones, necesidades y conflictos.

La cuestión adquiere especial relevancia en una época en la que buena parte de las conversaciones se desarrolla mediante mensajes breves, respuestas rápidas, imágenes y emoticones.

Sordo recurrió al planteo del psiquiatra español José Luis Marín para profundizar esta idea. Según explicó, la falta de palabras puede tener consecuencias sobre la manera en que las personas procesan aquello que les ocurre.

El problema, desde esta perspectiva, no sería solamente hablar menos. También estaría relacionado con perder capacidad para identificar y poner en palabras aquello que sucede en nuestro interior.

Cuando una persona puede explicar con mayor precisión qué siente, qué necesita o qué le molesta, existe una posibilidad mayor de construir un intercambio profundo con quien tiene enfrente. Cuando esa capacidad se reduce, las conversaciones pueden quedar limitadas a respuestas rápidas y superficiales.

Por eso, la especialista relacionó el lenguaje con la construcción de los vínculos y con la posibilidad de generar espacios en los que las personas puedan sentirse realmente escuchadas.

La paciencia se convirtió en otro desafío dentro de las conversaciones

Para Sordo, el problema no termina en la dificultad para encontrar las palabras adecuadas. También existe otra transformación que afecta a las relaciones: la disminución de la paciencia para escuchar al otro.

En una conversación verdaderamente significativa, explicó, no alcanza con esperar el momento para responder. También es necesario prestar atención a aquello que la otra persona está intentando transmitir.

“Hemos ido reduciendo la paciencia, porque no solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí”, señaló.

La frase plantea una dificultad que puede aparecer en cualquier vínculo: ambos integrantes necesitan ser escuchados, pero ninguno dispone del tiempo o la disposición suficiente para hacerlo.

En ese escenario, el diálogo corre el riesgo de transformarse en una sucesión de intervenciones individuales. Cada persona expresa su posición, pero ninguna necesariamente modifica su mirada a partir de lo que acaba de escuchar.

Sordo planteó precisamente que una conversación auténtica debería generar algún tipo de transformación.

“La conversación tiene que tener ese desafío en el que yo me exponga a transformarme con lo que tú me dices”, afirmó.

De lo contrario, advirtió, el intercambio puede terminar convertido en “una especie de monólogo intermitente”.

La diferencia es importante. Conversar no sería simplemente esperar el turno para hablar, sino aceptar que aquello que dice el otro puede introducir una perspectiva nueva y obligarnos a revisar alguna de nuestras propias certezas.

Qué relación existe entre el diálogo interno y el amor propio

Otro de los ejes abordados por la psicóloga fue el diálogo interno, es decir, la manera en que cada persona se habla a sí misma.

Sordo señaló que investigó esta cuestión durante aproximadamente ocho años y que, a partir de ese trabajo, llegó a una conclusión central: la forma en que una persona se describe y se trata internamente tiene relación con la manera en que interpreta el mundo que la rodea.

No se trata solamente de autoestima. Según su planteo, la autopercepción puede intervenir en distintos procesos de la vida.

“Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo”, afirmó.

La idea propone mirar hacia una conversación que muchas veces pasa inadvertida: aquella que cada individuo mantiene consigo mismo durante todo el día.

Pensamientos como “no puedo”, “siempre me equivoco”, “nadie me entiende” o, por el contrario, “puedo intentarlo”, “tengo derecho a equivocarme” y “puedo cambiar de opinión” forman parte de ese diálogo interno.

Para Sordo, esa manera de hablarse no queda encerrada en la intimidad de la mente. Termina proyectándose sobre la percepción que cada persona construye acerca de los demás y de las circunstancias que atraviesa.

La autopercepción también influye en la manera de atravesar las pérdidas

La especialista extendió su análisis hacia algunos de los momentos más complejos de la vida, entre ellos los procesos de duelo.

Desde su perspectiva, la forma en que alguien se percibe puede intervenir en la manera en que atraviesa una pérdida, define sus objetivos y expresa aquello que siente.

En ese sentido, explicó:

“Es como te hablas porque eso determina tu amor propio, pero no solo determina tu amor propio, sino que determina tu visión de mundo”.

Y agregó que el diálogo interno y la autopercepción tienden a definir la relación que cada individuo establece con su entorno y también la forma en que transita diferentes experiencias.

La relación entre esos elementos, según su planteo, puede verse en decisiones vinculadas con el propósito de vida, los duelos y la expresión emocional.

La premisa implica que conocerse no consiste únicamente en identificar fortalezas y debilidades. También supone observar el lenguaje que utilizamos cuando evaluamos nuestras propias acciones.

La felicidad permanente también puede convertirse en una exigencia

Otro de los puntos que Sordo cuestionó durante la conversación fue la idea de que las personas deberían intentar permanecer felices de manera constante.

En la vida cotidiana, las redes sociales y determinados discursos asociados al bienestar pueden transmitir la sensación de que la felicidad debería ser un estado permanente. Sin embargo, la psicóloga propone una mirada diferente.

Para ella, la incomodidad también cumple una función.

Sentirse incómodo frente a una situación puede convertirse en una señal de que algo necesita ser revisado. Puede tratarse de una relación, una decisión, una rutina o incluso una idea que durante mucho tiempo se dio por sentada.

En lugar de interpretar automáticamente esa incomodidad como algo que debe eliminarse, Sordo plantea la posibilidad de escucharla.

“La incomodidad es la única invitación al crecimiento”, afirmó.

La frase concentra otro de los ejes de su pensamiento: el cambio suele comenzar cuando algo deja de resultar cómodo.

Por qué cambiar también implica atravesar una etapa incómoda

El crecimiento personal no siempre se presenta como una experiencia agradable. En ocasiones supone reconocer que una determinada forma de vivir ya no funciona, aceptar que una relación necesita modificarse o asumir que una decisión tomada tiempo atrás dejó de representar aquello que una persona quiere para su presente.

Ese reconocimiento puede generar tensión.

Sordo sostiene que existe una tendencia social a intentar escapar rápidamente de aquello que genera incomodidad. La dificultad está en que esa estrategia puede impedir que una persona se pregunte qué está intentando mostrarle esa sensación.

La incomodidad, en este sentido, puede convertirse en una instancia de revisión.

Aceptar que algo necesita cambiar no significa necesariamente tener una respuesta inmediata. Primero puede aparecer la duda, después la necesidad de explorar alternativas y finalmente la posibilidad de tomar una decisión.

Ese proceso, para la especialista, forma parte de la maduración.

El derecho a equivocarse y cambiar de opinión

En su reflexión, Sordo también defendió algo que puede parecer contradictorio dentro de una sociedad que suele exigir certezas: el derecho a equivocarse.

Una persona puede tomar una decisión y posteriormente descubrir que no era la que necesitaba. También puede cambiar de opinión, abandonar un proyecto o alejarse de un lugar en el que ya no encuentra bienestar.

Desde esta mirada, modificar el rumbo no debería interpretarse automáticamente como un fracaso.

El cambio puede ser consecuencia de un aprendizaje. Y para que ese aprendizaje ocurra, primero es necesario reconocer que las circunstancias cambiaron.

La misma lógica aparece en su análisis sobre los vínculos: escuchar al otro implica aceptar la posibilidad de que una conversación modifique nuestra perspectiva.

Cambiar de opinión, entonces, puede formar parte de un proceso de crecimiento y no necesariamente representar una contradicción.

Las palabras, el miedo y la incomodidad como parte de una misma reflexión

Los distintos temas abordados por Pilar Sordo durante la entrevista pueden parecer, a primera vista, independientes: el miedo, el lenguaje, la paciencia, el diálogo interno, los vínculos y la incomodidad.

Sin embargo, todos confluyen en una misma pregunta: qué hacemos con aquello que nos pasa.

Ante el miedo, la especialista propone no permitir que paralice automáticamente.

Ante la dificultad para expresar emociones, reivindica el valor de recuperar las palabras.

Frente a la impaciencia, plantea la necesidad de volver a escuchar.

Y cuando aparece la incomodidad, invita a interpretarla como una posible señal de transformación.

En todos esos casos, el desafío consiste en abandonar respuestas automáticas.

Hablar más profundamente, escuchar con mayor atención, aceptar el miedo y tolerar cierta incomodidad pueden convertirse en herramientas para revisar la manera en que cada persona se relaciona consigo misma y con los demás.

La reflexión de Pilar Sordo parte así de cuestiones presentes en situaciones cotidianas, pero apunta a una idea más amplia: crecer también significa animarse a atravesar aquello que no resulta cómodo, poner en palabras lo que sucede y aceptar que algunas conversaciones pueden cambiar nuestra manera de mirar las cosas.

Y en ese camino, como planteó la psicóloga, no siempre se trata de eliminar el miedo o la incomodidad. En ocasiones, el verdadero desafío consiste en aprender a avanzar aun cuando esas sensaciones sigan presentes.

Los archivos, las imágenes y los análisis de datos no están disponibles hasta que se restab

FUENTE: La Nación
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