La técnica de los pliegues y el tiempo de espera
Transcurrido el primer reposo, se procede a trabajar la masa con las manos humedecidas. La técnica consiste en realizar pliegues desde los bordes hacia el centro. Existen dos caminos posibles para continuar:
Repetición constante: realizar los pliegues cada media hora, repitiendo la operación cuatro o cinco veces.
Reposo prolongado: llevar la masa a la heladera hasta el día siguiente, lo que garantiza una mejor hidratación y un sabor más complejo.
Formado y cocción: el toque final
Al momento de trabajar sobre la mesada, se recomienda el uso de sémola (o harina en su defecto) para dividir la preparación en cinco bollos iguales. Tras un breve tiempo de relajación de la masa, el estirado debe hacerse con la yema de los dedos, presionando cuidadosamente para conservar las burbujas de aire y manteniendo siempre un borde distintivo.
En cuanto a la cobertura, la simpleza es la norma: salsa de tomate triturado y entre 100 y 150 gramos de muzzarella. Es vital dejar espacio entre los trozos de queso para una cocción equilibrada.
Si se cuenta con un horno de alta temperatura, la pizza puede estar lista en tan solo 3 minutos. Finalmente, para quienes prefieren la versión adaptada al paladar local, el cocinero sugiere “argentinizarla” con una pizca de orégano y aceitunas, logrando así un resultado excepcional que promete convertirse en un favorito de cualquier hogar.