La columna vertebral de los felinos es especialmente flexible, lo que les permite girar en el aire para aterrizar sobre sus patas. Este reflejo de enderezamiento se activa gracias a su aparato vestibular, que les da sentido del equilibrio. Además, su cuerpo es liviano, tienen patas musculosas capaces de amortiguar golpes, y pueden arquearse durante la caída para aumentar la resistencia al aire, como si fueran un pequeño paracaídas.
Estas características no son nuevas: surgieron a lo largo de la evolución, como resultado de siglos de adaptación a entornos hostiles en los que cazar y escapar eran esenciales para sobrevivir.
El histórico estudio que demostró que los gatos tienen "7 vidas"
En 1988, el biólogo y divulgador científico Jared Diamond analizó una serie de casos que llamaron la atención en clínicas veterinarias de Nueva York. En total, se registraron 132 gatos que habían caído desde distintas alturas. De ellos, 104 sobrevivieron.
Uno de los casos más impactantes fue el de una gata que cayó desde un piso 32. A pesar del accidente, solo sufrió la rotura de un diente y un colapso pulmonar leve. Llamativamente, los gatos que habían caído desde pisos más bajos presentaban lesiones más graves. La hipótesis es que, al tener más tiempo en el aire, el animal logra estabilizarse mejor y reducir el impacto del aterrizaje.
Aunque el estudio se publicó hace más de 30 años, sus conclusiones siguen siendo citadas como ejemplo de la extraordinaria resistencia felina.
La frase sobre las múltiples vidas de los gatos es, sin dudas, una exageración. Pero su capacidad para escapar ilesos de situaciones peligrosas tiene una explicación concreta. Con una sola vida, como cualquier otro ser vivo, estos animales cuentan con herramientas físicas únicas que les dan una ventaja frente al riesgo.
Eso no significa que sean invulnerables. Una caída desde gran altura, una herida o un accidente pueden ser igualmente letales. La diferencia es que, gracias a su anatomía, tienen más probabilidades de sobrevivir.