En un tono íntimo, casi paternal, Ortelli se dirigió a quienes lo escuchaban con una claridad que estremece: “Amen a sus seres queridos, a los que les dan amor incondicional. Todo lo demás es chucu. Todas esas guerras son mentales. No se preocupen por eso. Preocúpense por su familia. La vida se pasa rapidísimo y no tiene sentido hacerse problema por las cosas que no tienen solución”.
Su reflexión, simple y brutal al mismo tiempo, se convirtió en un llamado a despertar. En cuestión de minutos, Ortelli logró transmitir lo que muchos tardan una vida en entender.
El periodista no se quedó ahí. Fue más allá, advirtiendo sobre la importancia de acompañar a los seres queridos en los momentos más difíciles: “Si tienen a alguien enfermo en su familia, les mando mucha fuerza. Quédense ahí. No hay nada mejor que puedan hacer que estar cerca de las personas que aman. Aunque te sientas que te quita vida, después cargar con la culpa es mucho peor”.
Un consejo que, visto hoy, cobra un dramatismo particular. Cada palabra parece haber sido pronunciada con plena conciencia de que podía ser la última vez que se dirigiera a su público.
Más allá de su trayectoria impecable, las palabras de Juan Ortelli quedaron como un recordatorio de lo esencial: la familia, el amor y el tiempo.