En muchos casos, los sonidos desencadenantes están relacionados con experiencias estresantes pasadas, como discusiones, incomodidades sociales o traumas, aunque no siempre.
Misofonía: ¿qué ruidos suelen dispararla?
Los llamados "sonidos gatillo" varían según la persona, pero los más comunes son:
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Masticar, sorber o tragar saliva
Respiración fuerte, jadeos o ronquidos
Chasquidos de lengua
Tapping con los dedos o clics de lapicera
Ruidos de teclado o mouse
Bolsas, papeles o envoltorios
Tic-tac de relojes, goteo de canilla, zumbidos
Llanto de bebés, ladridos o lugares con muchas voces a la vez
En general, no se trata de sonidos fuertes, sino repetitivos, inevitables y difíciles de ignorar. Y muchas veces, el solo hecho de anticiparlos ya puede generar ansiedad o estrés.
¿Qué siente una persona con misofonía?
Las reacciones no solo son emocionales, también fisiológicas. Algunos síntomas frecuentes incluyen:
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Tensión muscular o palpitaciones
Sudoración, incomodidad extrema o ganas de gritar
Sensación de desesperación o pánico
Necesidad de evitar situaciones sociales o de retirarse del lugar
Muchas personas con misofonía empiezan a evitar reuniones, comidas en grupo o espacios públicos, lo que puede afectar sus vínculos y calidad de vida.
¿Como se puede tratar la misofonía?
La misofonía no tiene una cura definitiva, pero existen estrategias para aprender a convivir con ella y reducir el impacto en la vida cotidiana:
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Terapia cognitivo-conductual (TCC): ayuda a modificar la respuesta emocional a los sonidos.
Terapia de sonido: se utilizan ruidos blancos o música para “enmascarar” los sonidos gatillo.
Entrenamiento en relajación y mindfulness: para reducir la ansiedad anticipatoria.
Exposición gradual: algunas terapias trabajan con desensibilización controlada.
Apoyo psicológico: muchas veces la misofonía se asocia a cuadros de ansiedad, TOC o estrés crónico.
Auriculares o canceladores de ruido, en situaciones puntuales, pueden ser un alivio momentáneo.
Además, hablar abiertamente del tema con familiares o personas cercanas puede ayudar a reducir malentendidos y a crear un entorno más comprensivo.