“Use it or lose it”, resumieron los investigadores al describir el fenómeno evolutivo. La expresión, que puede traducirse como “úsalo o piérdelo”, hace referencia a que las estructuras corporales que dejan de cumplir una función importante pueden reducirse progresivamente con el tiempo.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos desarrollaron un nuevo método para medir la robustez craneal de los dinosaurios. El análisis tuvo en cuenta distintos factores, entre ellos el tamaño y forma del cráneo, la densidad de los huesos, la fuerza potencial de la mordida y el desarrollo muscular del cuello.
¿Por qué tenían los brazos pequeños?
El Tyrannosaurus rex obtuvo la puntuación más alta dentro del estudio en cuanto a potencia craneal. Los investigadores señalaron que el animal poseía una combinación extrema de mandíbula, musculatura y fuerza, lo que le permitía matar presas sin necesidad de sujetarlas con las extremidades delanteras.
La investigación también indica que este tipo de adaptación apareció principalmente en ecosistemas donde existían presas gigantes, como los saurópodos de cuello largo. En esos ambientes, atacar directamente con la cabeza resultaba mucho más eficiente que intentar inmovilizar animales enormes utilizando garras o brazos.
Según los autores, conservar extremidades delanteras largas y musculosas habría representado un gasto innecesario de energía para animales que ya realizaban casi todo el trabajo de caza con el cráneo. Además, el exceso de peso en la parte frontal del cuerpo podía afectar el equilibrio y la locomoción.
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los científicos es que distintos grupos de dinosaurios llegaron a soluciones similares por caminos evolutivos diferentes. En algunos casos se redujeron especialmente las manos y las garras, mientras que en otros se acortó proporcionalmente todo el brazo.
El trabajo también remarca que los brazos del T-Rex no eran completamente inútiles. Aunque pequeños en comparación con el resto del cuerpo, seguían siendo fuertes y musculosos. Algunos especialistas creen que todavía podían servir para determinadas funciones secundarias, como ayudar a sujetar objetos a corta distancia o colaborar en movimientos específicos del cuerpo.
La nueva investigación se diferencia de otra hipótesis muy difundida presentada en 2022 por el paleontólogo Kevin Padian, de la Universidad de California en Berkeley. En aquel trabajo, publicado en Acta Palaeontologica Polonica, Padian propuso que los brazos pequeños podían haber evolucionado para evitar heridas durante la alimentación grupal.
La teoría sugería que varios tiranosaurios podían reunirse alrededor de una misma presa o cadáver y que tener brazos largos representaba un riesgo, ya que las poderosas mandíbulas de otros ejemplares podían provocar amputaciones accidentales o lesiones graves durante el frenesí alimenticio.
El nuevo estudio de Cambridge y UCL no descarta completamente esa posibilidad, pero plantea que la explicación principal habría sido otra: la transformación evolutiva de la cabeza y el cuello en un sistema de ataque tan eficiente que volvió innecesarias las extremidades delanteras para la caza.
El Tyrannosaurus rex vivió hace aproximadamente entre 68 y 66 millones de años, durante el período Cretácico tardío. Podía superar los 12 metros de largo y pesar varias toneladas, mientras que sus brazos apenas alcanzaban alrededor de un metro de longitud.
Pese a ser uno de los dinosaurios más estudiados del mundo, los científicos remarcan que todavía existen numerosos interrogantes sobre su comportamiento y evolución. En paleontología, muchas conclusiones se construyen a partir del análisis de fósiles, biomecánica y comparaciones anatómicas, por lo que distintas hipótesis pueden convivir al mismo tiempo.
Sin embargo, el nuevo trabajo aporta una de las explicaciones más completas hasta el momento sobre uno de los rasgos más llamativos del T-Rex: cómo un depredador gigantesco terminó dependiendo casi exclusivamente de su cabeza y sus mandíbulas, mientras sus brazos se reducían progresivamente a lo largo de millones de años.