Entre 10 y 30 minutos diarios de exposición directa son suficientes para la mayoría de las personas.
Para una producción óptima, se recomienda que al menos un cuarto de la superficie corporal esté descubierta; dejar brazos y cara al descubierto suele ser suficiente.
Qué alimentos aportan vitamina D
Cuando la exposición solar no es suficiente, la alimentación puede ayudar a mantener niveles adecuados de vitamina D. Algunos alimentos ricos en esta vitamina son los pescados grasos (salmón, caballa, sardinas, atún), la yema de huevo, el hígado de res y alimentos fortificados como ciertas leches, yogures y cereales. Aunque aportan menos vitamina D que la síntesis solar, son un complemento importante durante el invierno.
En casos de exposición solar muy limitada, especialmente en personas mayores o con factores de riesgo, puede ser necesario el uso de suplementos de vitamina D indicados por un médico para evitar deficiencias.
¿Por qué es importante la vitamina D?
La vitamina D es fundamental para el buen funcionamiento del organismo. Entre sus principales beneficios se destacan:
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Fortalece los huesos y dientes, ya que facilita la absorción de calcio y fósforo, minerales esenciales para la estructura ósea.
Refuerza el sistema inmunológico, ayudando a proteger al cuerpo contra infecciones y enfermedades.
Contribuye al buen funcionamiento muscular, previniendo debilidad y mejorando el rendimiento físico.
Participa en la regulación del estado de ánimo, ya que niveles adecuados están relacionados con menor riesgo de depresión y trastornos emocionales.
Ayuda a prevenir enfermedades crónicas, como la osteoporosis, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, según diversos estudios.