1. Mezclá los ingredientes secos.
En un bowl, colocá la avena y el cacao. Mezclá bien.
2. Sumá los ingredientes húmedos.
Agregá la mantequilla de maní, la miel y la esencia de vainilla. Mezclá con cuchara y luego usá las manos limpias para integrar bien. Tiene que formarse una masa uniforme y maleable. Si la notás muy seca o difícil de unir, podés agregar un poquito de agua o leche vegetal.
3. Formá las trufas.
Tomá porciones pequeñas y formá bolitas del tamaño de una nuez.
4. Rebozá en coco rallado.
Pasá cada trufa por coco rallado hasta cubrir bien toda la superficie.
5. Llevá a la heladera.
Colocalas en un recipiente hermético y dejalas reposar en la heladera por al menos 6 horas. Ese tiempo de frío les da mejor textura y sabor.
Una vez listas, lo ideal es conservar las trufas en un recipiente bien cerrado dentro de la heladera, donde se mantienen en buen estado durante aproximadamente una semana. También se pueden congelar: en el freezer duran entre dos y tres meses sin problema. A la hora de consumirlas, basta con dejarlas unos minutos a temperatura ambiente para que recuperen su textura y estén listas para disfrutar.