Si bien la Ivermectina actúa sobre el COVID-19, según pruebas realizadas en un laboratorio, es efectiva solo en la etapa inicial del desarrollo de los fármacos y su influencia en el tratamiento del COVID-19 requiere que se realicen más pruebas.
La Ivermectina está destinada al uso médico tanto en animales como en humanos de otras enfermedades pero en cuanto a lo que se refiere al COVID-19 no está indicado para su tratamiento, ni prevención, ni es un sustituto de las vacunas COVID-19.
De hecho, el uso prolongado e indiscriminado de la Ivermectina puede inducir dolores de estómago, sarpullido, náuseas, vómitos, diarreas, dolor de estómago, hinchazón en el rostro, convulsiones, confusión, baja en la presión arterial y lesión hepática.