Coronavirus

A un año de su muerte, así recuerdan a Ramona en la Villa 31

Ramona Medina fue la referente de la Villa 31 que denunció la falta de agua en ese barrio de Retiro cuando empezaba la pandemia. Sus compañeras denuncian que, doce meses después, las carencias aumentaron.
por Luciana Arias |
A un año de su muerte, así recuerdan a Ramona en la Villa 31

Fue la primera en denunciar la falta de agua en el Barrio 31 de Retiro, cuando empezaba la pandemia y se insistía con la importancia de la higiene y el lavado de manos. Ramona Medina era referente social de esa villa de la Ciudad de Buenos Aires. Días después se contagió coronavirus.

"Este 17 de mayo se cumple un año de la partida de nuestra compañera, nuestra vecina y amiga Ramona, quien gritó no solamente por esos 12 días que la Villa 31 estuvo sin agua. También lo hizo por la desidia, la violencia y las problemáticas estructurales e históricas de las barriadas populares que este virus vino a desnudar", dice Lilian Andrade a A24.com

Ramona tenía 42 años y era persona de riesgo: por su grado de diabetes necesitaba colocarse insulina para vivir. Se había contagiado en la villa, donde ya habían pasado 12 días sin agua en medio de la crisis sanitaria. Toda su familia -incluso una de sus hijas con discapacidad múltiple- estaba contagiada.

"Vengan y vean la desesperación de no tener agua y el miedo a contagiarnos", se la escuchaba decir en un video viral dos semana antes de su muerte. Ahí denunciaba la falta de agua en el barrio.

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Ramona Median tenía 42 años y era referente social den la Villa 31. Coordinaba el área de Salud de la Casa de las Mujeres y Disidencias de la organización La Garganta Poderosa. Murió hace un año con coronavirus tras denunciar la falta de agua en el Barrio.

Ramona Median tenía 42 años y era referente social den la Villa 31. Coordinaba el área de Salud de la Casa de las Mujeres y Disidencias de la organización La Garganta Poderosa. Murió hace un año con coronavirus tras denunciar la falta de agua en el Barrio.

A partir de entonces el tema empezó a hacerse oír en los medios. Ramona había dado varias entrevistas en las que reclamaba que volviera el agua a la villa de Retiro. "Ramo", como la llamaban sus vecinos, coordinaba el espacio de Salud de la Casa de las Mujeres y Disidencias que la organización La Poderosa tiene en el Barrio 31. Dos meses antes había tenido que dejar de ir por ser persona de riesgo.

"Ella puso esos temas sobre la mesa, lo gritó hasta que aturdió a un montón de personas que incluso la desmintieron. Pero ella siguió hasta que aturdió a la sociedad", dice Lilian. "Hoy somos eco de ese grito porque poco ha cambiado en las villas. Todo lo que vienen sufriendo las niñeces, los jóvenes, adultos mayores, nuestros abuelos y abuelas y bisabuelas, sigue estando y quizás peor".

Según la referente lo que sí cambió desde la muerte de Medina es que los comedores y merenderos triplicaron su demanda en todo el país. "Para nosotras este día es muy doloroso, pero también lo es de lucha, de recordar a nuestra fuerza que tenía esa fuerza para denunciar lo que denunció. Estamos llenas de emociones, lucha y rabia".

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Ramona vivía en la manzana 35 con su marido, sus dos hijas y dos sobrinos que criaba. (Foto: La Garganta Poderosa)

Ramona vivía en la manzana 35 con su marido, sus dos hijas y dos sobrinos que criaba. (Foto: La Garganta Poderosa)

Ramona vivía en la manzana 35 del Barrio 31, en una casa que compartía con su marido y sus dos hijas, Maia y Guadalupe. Una de ellas es diabética. La otra usa una silla de ruedas y un arnés para mantener la postura. Además requiere oxígeno nocturno, porque tiene síndrome de West y síndrome de Aicardi, una patología que le genera convulsiones refractarias no evolutivas.

También estaban en la casa dos sobrinos que ella tenía a cargo y su suegro, que padece problemas coronarios.

Su realidad era la del grueso de los habitantes de las villas: espacios pequeños, cuartos que se comparten, poca o nula chance de aislarse si surge un contagio.

Desde hace semanas las mujeres de la Red de Comedores por una Alimentación Soberana reclaman ser consideradas trabajadoras esenciales y recibir la vacuna. Si dejaran de trabajar, porque se enferman o son contactos estrechos de algún caso confirmado comedores y merenderos de los barrios vulnerables quedarían sin el plato o la copa de leche diarias. "Ramona se transformó en semilla y hoy seguimos gritando Las Ramonas, las Cocineras comunitarias que laburamos sin vacuna ni salario".