*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.
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Lunes
“Es preciso, aunque difícil, instaurar formas de disciplina; este ejercicio es siempre el primer paso en ese intento que por lo general no va más allá”
(“El discurso vacío”, Mario Levrero)
Debe pasar lo mismo con el mío, pienso: 90% de los que leen me conocen personalmente, me tienen –como mínimo– cierta estima. ¿Y el resto quiénes serán?
De paso, una confesión, como para que haya reglas claras en este jueguito: Yo puedo ver quién lee el newsletter, a qué hora lo lee y cuántas veces lo abren. Puedo ver también si hacen click en los links que pongo.
¿Qué hago con toda esa información? No mucho, casi nada.
Métricas de la nada.
(Escribir sirve para evocar. A la velocidad de la luz se me viene a la mente luego de la última frase: Abuelos de la Nada, Carabelas Nada).
Martes
Me convertí en un usuario de las bicicletas naranjas del gobierno de la Ciudad. Hasta hace poco tiempo me consideraba un caminante: no encontraba perjuicio en andar 20 o 30 cuadras escuchando música, tampoco me interesa ganar tiempo con las bicis en lugar de caminar.
Sin embargo, algo de mi espíritu curioso hizo que probara el servicio. Y ahora trato de usarlas cada vez que puedo. Me convertí en un fanático un poco insoportable, le digo a Sol todo el tiempo que estoy usando las bicis.
Justo a Sol, que me acusa (con razón) de no contarle nada, le cuento todo el tiempo lo de las bicicletas.
Soy un ciclista amateur, no me gusta ir por la bicisenda. Me da miedo el bordecito entre el asfalto que termina y el hormigón del cordón cuneta.
Las bicis tienen un defecto: suele saltar el cambio más duro. Es una linda metáfora de no sé qué: el pedaleo se vuelve estéril, atolondrado.
Uno bicicletea (hasta en lo que cuenta)
"Chico Buarque tiene puestos los anteojos que dejé sobre un cuaderno con su rostro".
Miércoles
“Escribo este diario sin pasión. Es raro. Cuando empecé a escribirlo me parecía fundamental. Hoy lo escribo sin agregar detalles, narrando de una manera limpia, austera; lo escribo porque sí”
(“Diarios de la edad del pavo”, Fabián Casas)
Algo que me gusta del ritual de ir a la cancha: cómo todo va tomando el color de tu equipo a medida que te acercas al estadio. En el subte, ni bien salís de tu casa, te podes cruzar a uno con la camiseta. Lo mirás y te mira: ambos se preguntan si el otro irá a la cancha. Avanzás en las estaciones y se van sumando de a poco. Bajás del subte y ya somos unos cuantos más. Alguna bocina, algún canto. Venimos del subte, otros bajan del colectivo, de taxis y de autos. Ya somos cientos, ya nos reconocemos. De pronto somos todos uno.
Esto de los colores lo termino de desentrañar tomando una cerveza con un amigo, a 15 cuadras de la Bombonera. Estoy rodeado de hinchas de Boca (como mi amigo, que va a la cancha) y me gusta reconocer esto en el equipo de mi rival.
Jueves
Un ritual familiar: café en Merci, en el mercado de San Telmo, Beni mira el celular, nosotros leemos los dos únicos diarios que hay disponibles: Página 12 y El País. A veces vamos los tres juntos, casi siempre va Sol con Beni, hoy yo estoy solo con Beni.
Rescato tres notas que me interesan.
Amsterdam quiere poner fin al espectáculo de la prostitución.
El Kiosco, un invento argentino en crisis
Hay que ser Egan Bernal
Alguna vez escribí sobre la familia Georgalos y sobre la influencia de la inmigración griega en la
En la bicicleta pienso:
Está bueno ser turista en tu propia ciudad.
En que siempre estamos juntos los tres, aunque en diferentes formatos.
En lo bella que es Buenos Aires.
“Lo del tango es una idea, que me toca aunque no quiera” (esto no lo pienso en la bicicleta sino que me lo sugirió la cabeza, eso de evocar).
Evocar, bicicletear.
Viernes
“Cree la gente, de modo casi unánime, que lo que a mi me interesa es escribir. Lo que me interesa es recordar, en el antiguo sentido de la palabra (=despertar). Si escribo es para recordar, para despertar el alma dormida, avivar el seso y descubrir sus caminos secretos; mis narraciones son en su mayoría trozos de memoria del alma, y no sus invenciones”
(“El discurso vacío”, Mario Levrero)
Escribo, repaso la lista de algunas cosas que no hice en la semana.
"Esto no deja de ser una canción desde el alma"