Desde horas antes de la medianoche, se espera una multitudinaria participación. La iglesia de Liniers se prepara con dispositivos especiales de seguridad, asistencia sanitaria, y equipos de limpieza para contener a los miles de fieles que pasarán por el lugar durante toda la jornada del 7 de agosto.
Como cada año, también habrá puestos para dejar ofrendas, velas, cartas y objetos personales, que los devotos entregan como símbolo de gratitud o como parte de una promesa.
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En los alrededores de la iglesia, ya hay largas filas de carpas que algunas personas llevaron para pasar la noche.
La movilización sindical desde el santuario hasta Plaza de Mayo
Además del componente religioso, el 7 de agosto también será una jornada con fuerte presencia sindical y social. Las dos CTA y la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), junto a otras organizaciones del Frente Sindical por la Soberanía, el Trabajo Digno y el Salario Justo, convocaron a una movilización desde la iglesia de Liniers hasta Plaza de Mayo.
La consigna de este año: “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo, fundamental el amor hacia nuestro pueblo en la liberación nacional”. La marcha comenzará a las 8 de la mañana y busca visibilizar la necesidad de políticas públicas que garanticen derechos básicos y dignidad laboral.
Esta movilización no interfiere con las actividades religiosas, sino que históricamente se ha asociado con el mensaje que San Cayetano representa: el reclamo por trabajo y sustento como derechos esenciales.
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Fiesta grande en honor de San Cayetano en el santuario de Liniers.
¿Quién fue San Cayetano y por qué se lo venera?
San Cayetano de Thiene fue un sacerdote italiano del siglo XVI que dedicó su vida a ayudar a los pobres, los enfermos y los desempleados. Es considerado el patrono del pan y del trabajo por su labor incansable en favor de los más necesitados. En Argentina, su devoción se expandió con fuerza durante el siglo XX, especialmente en épocas de crisis económicas.
Cada 7 de agosto, su imagen se convierte en símbolo de esperanza para miles de personas. No se trata solo de una figura religiosa, sino de un puente entre la fe y las necesidades reales de la sociedad.
Quienes peregrinan al santuario lo hacen con la convicción de que San Cayetano puede abrir puertas, calmar angustias y ofrecer alivio espiritual y material en tiempos de escasez.
La vigilia por San Cayetano es mucho más que una tradición. Es una demostración de cómo, aún en tiempos de crisis, la fe puede sostener a comunidades enteras. La imagen de familias enteras acampando en la calle, de personas mayores que hacen fila durante horas o incluso días, y de niños que acompañan a sus padres en esta travesía, revela la profundidad del vínculo entre el pueblo y su santo.