Fue, tal vez, la impronta de la visionaria profesional japonesa Marie Kondo la que trajo nuevamente a la moda todas las respuestas a la pregunta ¿Cómo ordenar la casa?
Fue, tal vez, la impronta de la visionaria profesional japonesa Marie Kondo la que trajo nuevamente a la moda todas las respuestas a la pregunta ¿Cómo ordenar la casa?
Pero no se trata solo de orden o limpieza: saber cómo ordenar la casa puede implicar también aprender técnicas para reorganizar el espacio, dejar correr las energías positivas, mejorar la ventilación, dejar atrás ciertas cosas y lograr una armonía más cálida y clara en el hogar.
“La magia del orden” y “La felicidad después del orden” han sido dos de sus títulos más vendidos. Aunque la editorial de origen reside en Japón, alrededor de todo el mundo sus técnicas se han hecho conocidas, implementado en hogares de todos lados y trascendido fronteras que, según muchos espectadores, lograron salvar casas.
Kondo ha escrito cuatro libros sobre el arte de organizar y lleva vendidos casi cuatro millones de copias en treinta y tres países, en los que es considerada un fenómeno mundial del concepto de bestseller. Ha sido traducida a múltiples idiomas entre ellos el coreano, chino, francés, alemán, inglés y español. Su libro, “La magia del orden” le ha abierto las puertas al mercado en lengua española. Ha sido incluida en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo elaborada por la famosa revista Time siendo la única japonesa de esta lista además del destacado escritor literario Haruki Murakami.
Tal es así, que la importantísima compañía Netflix, la plataforma digital de contenidos con mayor número de usuarios alrededor del mundo entero, ha decidido crear el documental en donde Kondo explica cómo ordenar la casa, entre otras cosas. El número de visitas ha sido realmente impactante y le ha dado una popularidad notoria al libro.
Pero ahora bien, más allá de esta figura tan emblemática en relación al tema, existen algunas técnicas universales sobre cómo ordenar la casa y mantener el espacio fresco y claro.
No se debe confundir un hogar limpio con uno ordenado, aunque desde ya, van de la mano. La limpieza puede estar presente sin el orden. Se puede tener los pisos relucientes, las alacenas impecables, las sábanas siempre suaves y recién planchadas y, sin embargo, no saber dónde se tienen las cosas.
El desorden representa en cierta medida lo que está ocurriendo con la persona que lo genera. El no saber dónde están los objetos, desconocer lo que realmente se tiene (de modo material) y la excesiva cantidad de bienes acumulados, produce alteración, confusión, malestar.
El hogar, o la casa, son ese ambiente en el que la persona habita. El espacio que la acoge. Encontrar ese preciado lugar desordenado implica de cierta manera la incapacidad de auto regalarse un espacio que propicie felicidad.
Es por ello que todas las corrientes vinculadas al minimalismo traen como consigna el “tener menos” o el “comprar poco”. ¿Para qué hay tanta cantidad de tasas? ¿Es necesario tener tantos pares de zapatos o carteras negras? ¿Todos los adornos que están dispuestos en la sala tienen un verdadero sentido decorativo? ¿Un cenicero pintado en Colombia, si no hay ningún fumador?
El minimalismo, especialmente recortado por la decoración de interiores, le dice al público consumidor que menos es más, como frase en su pico de esplendor. Que los objetos que se encuentran en el espacio deben cumplir una función y presentar una utilidad. De esa forma, es mucho sencillo entender cómo ordenar la casa, dónde encontrar las cosas, y cómo mantenerlas limpias.
La mayoría de las personas en la cultura occidental se queja por tener que destinar varias horas al orden y la limpieza. Los especialistas de la talla de Marie Kondo, impulsores de la corriente minimalista, aseguran que esa tarea se convierte en tediosa por la cantidad de objetos, piezas, elementos y muebles que se deben estructurar, organizar y lavar periódicamente.
La hipótesis radica en que, teniendo menos, es más placentero dejar el espacio que se habita en buenas condiciones, sentirse cómodo, respirar un aroma fresco y limpio, y no chocarse con muebles o tropezar con pares de zapatillas tirados en el piso.
Ya sea que se vive solo o con la familia, es muy común recurrir a personas que brinden ayuda doméstica y soluciones de limpieza para realizar esta tarea. Lo cierto es que, más allá de que la intención no es en absoluto reducir el índice de empleo de este trabajo, hacer estas tareas por cuenta propia también implica una real conexión con lo que se tiene y con el lugar que se habita.
Del mismo modo en que muchos especialistas de la nutrición aseguran que no hay nada mejor que encarar recetas hechas por uno mismo y cocinar en casa con materiales frescos, lo mismo ocurre con el orden y la limpieza de la casa.
El aseo representa también un gesto de amor propio. De la misma manera en que todas las personas se bañan frecuentemente, así también deben limpiar sus hogares, cambiar las sábanas de su cama, y perfumar sus espacios comunes. Un gesto de auto amor es posible si se deja de concebir el hecho de aprender cómo limpiar la casa con una connotación negativa.