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Delfín y el cuerno mágico: el viaje de Alan Civil hacia sus 12 segundos de fama (gracias a Paul McCartney)

Delfín y el cuerno mágico: el viaje de Alan Civil hacia sus 12 segundos de fama (gracias a Paul McCartney)
Delfín pelicula

*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación"de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.

Lunes 

Todo el día con un nombre en la cabeza: Miguel Ignomiriello. Sé que es un personaje del fútbol pero no mucho más que eso. La pregunta que le sigue a la aparición permanente del nombre: no entiendo cómo es que estoy todo el día con este tipo dando vueltas en mi cabeza. Siento que pierdo el tiempo, que me pasan cosas importantes mientras yo tengo el nombre de este ñato ocupando mis neuronas.

Una reunión, algún tema de laburo, y como en un segundo plano Miguel Ignomiriello.

Pienso que debe ser algo de la música en su apellido, todo esa italianidad.

Hablo con Sol de temas importantes. ¿Qué carajo hace Miguel Ignomiriello en mi cabeza?

¿En los libros de Manes se hablan de estas cosas? ¿Qué hay con los cerebros divagantes? ¿O solo te enseñan a ser genial?

Martes 

En la tele veo a José Bergoglio, sobrino del Papa Francisco, colaborando con las tareas solidarias por la ola de frío. No importa la circunstancia: pueden ser declaraciones políticas, alguno de esos chistes que suele hacer con San Lorenzo o una definición sobre la pedofilia, pero cada vez que hablan del Papa Francisco yo pienso en que salió de Buenos Aires hace seis años y nunca más volvió.

Capaz que salió con una valijita, así nomás, porque no es que era el candidatazo para ser el nuevo Papa. No lo puedo cuadrar en mi cabeza: cómo es que no extraña Buenos Aires, los lugares, los ruidos. ¿Y la gente? Todos esos que dieron notas: el zapatero de Bergoglio, el diariero de Bergoglio, el peluquero de Bergoglio… Todos esos tipos con los que construimos lo cotidiano, así de un plumazo no están más.

Algo no está bien. 

Miércoles 

No me importa Facebook, ya no lo uso ni para agenda de los cumpleaños, aunque todavía estoy por ahí porque cada tanto me funciona como salvaguarda de la nostalgia.

En estos días, por ejemplo, se me apareció María Cristina Briante, la mamá de Sergio Dima, un querido compañero de Clarín que falleció en 2016. Nunca pude terminar de decodificar su muerte, si es que alguna vez eso es posible.

Una historia triste: Sergio estaba en pareja con Isabel. No la conocí mucho pero me enteré que murió atropellada por un colectivo mientras iba en bicicleta, un año después de la muerte de Sergio. A veces, sin mediar ninguna razón, pienso en Isabel, en que empezaba a asomarse a una nueva vida sin Sergio después del año de duelo y un colectivo la pasó por encima. La vida es muy rara.

Estamos de paso, dice siempre Tinelli, desde que se murió su amigo Federico Ribero. También lo repiten sus hijos. Me gustan los hijos de Tinelli, siempre están como criogenados. Es más fácil verlo en la hija tatuada, pero si mirás con atención el resto también es así. Son criaturas hermosas todos ellos. Tinelli se emociona cuando se los ponen en algún homenaje, pero no le sale llorar. Dicen que el rivotril te seca las lágrimas. Es la metáfora más perfecta para un antidepresivo. 

Yo a veces intento aplicar la de "estamos de paso": me compro un vino de 300 pesos en el chino aunque después deba 30 lucas de tarjeta. 

Jueves 

El crítico de cine habla en la radio de la película Delfin: es una linda historia –parece- sobre un nene que toca el cuerno. Nadie sabe muy bien de qué instrumento estamos hablando hasta que el crítico menciona que es esa especie de trompetín que hace el solo en “For No One”, de los Beatles. Pasan unos segundos en los que nos quedamos buscando la canción en nuestras cabezas hasta que el operador la encuentra y la pone.

Y sucede lo que pasa siempre con los Beatles: no tiene mucho sentido hablar después de una canción tan bella. Hagan la prueba, un click a la canción y van a ver que todo pasa a otro plano. ¿Cómo será escribir esa canción, aunque sea esa sola canción, a los 24 años? La vida siempre es rara.

Como sé que a esta altura ya están hechizados por McCartney y no leen más voy a declarar algo en mi contra.

Mientras todos mis compañeros laburaban yo me pasé toda la tarde escuchando “For No One” y yendo de historia en historia. El cuerno en esa canción lo toca un tal “Alan Civil”, un músico de la Orquesta Sinfónica de la BBC durante más de 20 años.

Civil define ese día como un día más en la oficina. De hecho fue la tercera sesión que grabó en ese día, según cuenta este obituario del New York Times. El solo dura 12 segundos. 

Civil tiene una obra bastante conocida, por unas grabaciones que hizo sobre Mozart. En esta nota dice que casi nadie lo recuerda por eso. También encuentro una obra de Alan que se llama Tarantango. Los italianos y el tango. 

Prometo ver la película Delfín, para ver si se cierra algún círculo. (Siempre los mandatos: ver más pelis, ver más series, leer más… ¿Más que quién?)

Viernes

A veces me pone contento encontrar alguna conexión entre todas las cosas que pasan. Otras pienso que en realidad se trata de cierta pereza. Deambulo siempre sobre los mismo temas, el algoritmo de las cosas me está engañando y no me desafía, no me muestra nada nuevo.

Intuímos que todo lo que consumimos es deslumbrante y en realidad surfeamos en la holgazanería de lo apenas novedoso.

En Buenos Aires, la gente está sostenida parcialmente por micro relaciones amables, de tres datos, como el trato con los mozos, leo en este texto de Lisandro Varela.

Un mensaje por whatsapp: “Qué ciudad hermosa, podés conseguir una pizza a las 6.45 de la mañana”

El Papa se vendió, al barrio de la Cruz, el barrio que lo vio crecer.

Miguel Ignomiriello tiene 92 años y vive en La Plata.

(Esto última línea no está chequeada y todo el resto podría ser ficción) 

por Diego Geddes
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