¿Qué significa el concepto de alfabetización y cómo fue evolucionando con el paso del tiempo?
Inicialmente, hablar de alfabetización significaba limitar el concepto al aprendizaje de la lectura, la escritura y las nociones básicas de cálculo. Con el paso de los años se ha ido evolucionando este término, incorporando también ciertos conocimientos sobre cultura general y desarrollo socioeconómico.
Han surgido distintas corrientes de alfabetización que también abordaban las distintas necesidades de aprendizaje de las personas, enfocadas en un proceso de mundialización o comunicación global, muy vinculadas a la era digital.
Según la lógica y la dinámica educativa actual, se considera analfabeto, (una palabra de origen latino: “analphabetus”, que deriva a su vez del griego antiguo “analfábetos”) a aquella persona que no sabe leer ni escribir. De todas formas, el término suele tener un uso extendido y se utiliza para nombrar a los individuos que son ignorantes o que carecen de los conocimientos más básicos en alguna disciplina.
Sin embargo, esta última descripción resulta obsoleta y debería ir modificándose, apuntando más a una definición como: “un analfabeto es aquella persona que por diferentes motivos no goza de su derecho básico a la escolarización, el conocimiento y el aprendizaje; y muchas veces resulta excluido o discriminado por su condición”.
¿Cómo se celebra en 2019 el Día de la Alfabetización?
Según la UNESCO y su plataforma oficial de información, el Día Internacional de la Alfabetización se celebra este año bajo el lema de “La alfabetización en la era digital”.
Esto se debe a que las tecnologías digitales están cambiando a un ritmo cada vez más creciente el modo en que las personas viven, trabajan, se instruyen y socializan en todas partes del mundo.
Estas facilidades digitales ofrecen nuevas posibilidades a las personas para que mejoren en todos los aspectos de su vida, incluido en el acceso a la información; a la gestión de los conocimientos; a las redes, los servicios sociales, la producción industrial y las diversas modalidades de trabajo.
Pero lamentablemente, quienes carecen de acceso a las tecnologías digitales, a los conocimientos y a las habilidades y competencias necesarias para navegar por conducto de las redes pueden quedar marginados en el seno de sociedades cada vez más digitalizadas.
Estas personas no gozan de un derecho básico y fundamental en toda sociedad, como lo es la oportunidad de acceder a la comunicación digital, internet, y el contacto con al menos un dispositivo electrónico. Si se espera que muchos de los trámites y burocracias de una nación se ejecuten por esas vías, es necesario contemplar que todos los ciudadanos puedan avanzar en ese sentido.
La alfabetización es, para esos propósitos, una de estas competencias esenciales. De la misma manera que el conocimiento, las capacidades y las competencias evolucionan en el contexto de la era digital, también evoluciona el significado de ser alfabetizado.
Con el objetivo de reducir la carencia de capacidades en lectoescritura y las desigualdades, la conmemoración del Día Internacional de la Alfabetización de este año pondrá de relieve los desafíos y las oportunidades en la promoción de la alfabetización en la era digital, en un mundo en que, a pesar de los logros alcanzados, unos 750 millones de adultos y 264 millones de niños no alfabetizados carecen aún de competencias básicas en lectoescritura.
Los índices de alfabetización son actualmente indicadores sustanciales para los datos estadísticos que evalúan el desarrollo de las sociedades. La alfabetización resulta indispensable para una calidad de vida que pueda considerarse como abastecida de factores y/o elementos fundamentales.
Así, alfabetizar concierne no sólo a los procesos de lectura o escritura, sino que se extiende al saber del lenguaje, la comunicación y cultura y extiende en el tiempo la posibilidad de ser educados sobre nuevos acontecimientos o herramientas.
El estado debe garantizar, regular, y desarrollar la implementación de nuevas políticas año a año para erradicar esos índices alarmantes que no deberían existir. Los ciudadanos, desde su lugar, también pueden contribuir: siendo más inclusivos, solidarios y comprensivos con la realidad social argentina.