Opinión

Día mundial del Síndrome de Down: mi ahijado Juani y su don de enseñar

En el día mundial del Síndrome de down quiero hablar de Juani, mi ahijado, un maestro que enseña desde el día que nació.
Javier Lanza
por Javier Lanza |
Juani

Juani, mi ahijado. 

No es Juan Ignacio. Es Juani. A secas. Así me lo explicó su papá, Jeremías, cuando me dijo que junto a Marina habían decidido que así se iba a llamar su primer hijo. Fueron varios meses de incertidumbre, pero no por tu llegada, sino por cómo te iba a recibir el mundo. Un mundo que claramente es bastante mejor desde que llegaste vos.

Desde el día uno entendí que vos venías a cambiar el mundo. Tu energía, esa de la que tanto se habla ahora, siempre me dio mucha paz y alegría. Contrariamente a cómo había aprendido sin que me lo enseñara nadie: que todo lo relacionado al Síndrome de Down era una mala noticia.

Y para no estar equivocado, así se lo hizo saber la doctora a tus papás cuando les dijo: "Tengo una mala noticia. El chiquito... Su hijo... Tiene Síndrome de Down". Tu papá escribió un texto al que llamó Lovex21 y que me parece que resume perfectamente lo que pasó. Aprendí que no es una enfermedad sino una condición dada por un cromosoma extra en el par 21 (trisomia 21) que hace que en vez de 46, tengas 47.

Creo que ese cromosoma extra te dio la capacidad de dar todo en exceso. Para los que no tienen la suerte de conocerlo, Juani es un hombrecito que te desborda. Por todos lados. Es pura energía. Es pura risa. Es puro baile (baila muy bien). Es puro enojo, cuando está enojado. Es puro. Y en tiempos de impurezas, y de realidades ficticias de quince segundos, agradezco verlo crecer.

Pocas veces estuve más seguro de aceptar una propuesta que cuando, con una foto tuya en traje de baño, me propusiste que sea tu padrino. Porque lo primero verdaderamente sensato que le escuché decir a tu papá en la vida fue "nosotros no vamos a elegir a sus padrinos. Los va a elegir Juanito". Tu madrina Camila ya estaba en la ecuación. Y esa foto fue el comienzo de nuestra "oficialización". Todavía estabas dando una de tus grandes batallas de los primeros meses de vida.

Yo era de esos que usaba la palabra mogólico como insulto, o mejor dicho como adjetivo calificativo. Un adjetivo que nunca más usé. Un ignorante formado con todas las letras, que se dejaba llevar sin cuestionarse como ocho letras pueden estigmatizar y causar tanto daño a alguien. Eso es otra cosa que Juani me enseñó sin saber todavía decir mi nombre.

El otro día leí por ahí, no recuerdo en dónde, por eso no cito de dónde lo saqué, que nadie nunca dio una vuelta carnero triste. Que ese acto simple es la materia prima de la felicidad. Creo que nunca había visto tanta felicidad genuina en frasco tan chico. Desde aquel primer día que te vi en la clínica sabía que tenías la habilidad de mostrar empatía con la mirada.

Soy de esos que festejan a las personas que no son como todos, porque ser como todos es no ser nadie. Y vos sos único. Y nuestra relación lo es. Me ayudaste. Me ayudás. Me enseñaste. Me enseñás todos los días que nos vemos y te sorprendés como si fuera la primera vez que nos vemos en años.

Te festejo, Moncho, porque das sin esperar nada a cambio. Y eso te hace imprescindible.

Hoy, como todos los 21 de marzo desde hace un par de años, me pongo una media de cada color. Busqué en ASDRA (Asociación Síndrome Down de la República Argentina) el motivo de la campaña. Es un hecho simple que simboliza que las personas que no son iguales pueden estar juntas. Una forma divertida de celebrar la diversidad. Una diversidad que aprendí gracias a un pibito de menos de un metro.

Tengo pocas cosas claras. Pero una de ellas es que soy un nostálgico patológico. Seguro es por herencia. Pero la excepción que confirma la regla es que tengo la suerte de existir al mismo tiempo que vos, Juanito.

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