El problema de la enfermedad del ébola
El ébola es una enfermedad infecciosa grave perteneciente al grupo de las fiebres hemorrágicas virales. Se transmite por contacto directo con sangre, secreciones u otros fluidos corporales de personas o animales infectados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de letalidad promedio puede oscilar entre el 50% y el 60%, aunque en algunos brotes históricos llegó a ser aún mayor.
En este caso, hay un elemento adicional: una cepa o variante diferente del virus que no es detectada en los controles habituales. Esto es muy importante para la salud pública.
La detección temprana, clave ante la falta de vacunas
Como para el ébola no hay vacunas, la detección temprana es muy importante. Permite iniciar cuanto antes los tratamientos paliativos, que favorecen la posibilidad de recuperación y reducen la mortandad. Además, posibilita adecuar lugares de evacuación y aislamiento para evitar contagios.
Por eso, el principal foco de preocupación internacional está relacionado con la cepa Bundibugyo, una variante que inicialmente no aparecía en los controles habituales para el ébola en su variante más habitual. Especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA explicaron que, si bien existen vacunas desarrolladas para otras variantes del virus, la que circula actualmente presenta diferencias que complican la respuesta sanitaria.
Los síntomas suelen aparecer entre dos y 21 días después del contacto con el virus. En una primera etapa se presentan signos similares a los de una gripe, como fiebre, debilidad, dolor muscular y dolor de cabeza. En casos graves, la enfermedad puede evolucionar hacia hemorragias severas y fallas orgánicas.
A pesar de la alarma, los especialistas remarcan que el riesgo inmediato para Argentina sigue siendo bajo. El brote permanece localizado en África central y el país no mantiene vuelos directos con las zonas afectadas. Además, hasta el momento no se reportaron casos sospechosos en territorio argentino.
El ébola, el Mundial y el traslado de personas
El alerta de la Organización Mundial de la Salud se dio porque el aumento de casos de ébola se dio poco tiempo antes del inicio del Mundial de fútbol de la FIFA. Y Congo, uno de los países más afectados por este virus endémico, se clasificó para ir por primera vez a la Copa del Mundo. Por eso, desde Estados Unidos ya tomaron prevenciones con eventuales turistas de ese país y con el plantel del seleccionado congoleño. Les pidieron una cuarentena de 21 días a los que se encuentran concentrados en Bélgica, ya que ninguno de los convocados juega en su país.
El contexto internacional preocupa cada vez más a las autoridades sanitarias. La OMS confirmó cientos de casos sospechosos en el Congo y advirtió que la expansión del virus ocurre en medio de conflictos armados, desplazamientos masivos y graves dificultades humanitarias que complican el rastreo de contagios y el aislamiento de pacientes.
En este escenario, el gobierno argentino decidió reforzar controles sanitarios y monitoreos preventivos sobre embarcaciones, tripulaciones y cargas provenientes de regiones consideradas sensibles. La detección de barcos vinculados a zonas de riesgo volvió a poner al ébola en el centro de la preocupación global y reavivó el temor a nuevas emergencias sanitarias internacionales. Justo cuando la Argentina acaba de hacer efectiva su salida de la OMS, entidad mundial que depende de Naciones Unidas.
Con esa medida, pierde la posibilidad de mecanismos de acción directa mediante la cooperación, como fue, durante la pandemia de Covid-19, la llegada de vacunas a través de Covax.