Sin embargo, a mediados de la década de los 80, por razones aún desconocidas, el concesionario cesó sus operaciones. A pesar de ello, el propietario continuó vendiendo automóviles de forma independiente. Tras su fallecimiento en 1994, la familia optó por vender la mayoría de las existencias, preservando únicamente seis vehículos como un tributo al legado del comerciante.
Estos seis modelos, tres Ford Sierra, un Ford Escort, un Ford Fiesta y un Ford Orion, fueron resguardados en el salón de ventas como piezas de museo. La viuda del propietario se encargó meticulosamente del mantenimiento de estos vehículos y del local durante años, permitiendo incluso visitas esporádicas hasta que, por motivos de salud, tuvo que trasladarse a un centro de cuidados para la tercera edad.
Desde entonces, el concesionario quedó congelado en el tiempo, preservando su esencia. Algunos de los automóviles aún conservan los plásticos protectores en los asientos, y ninguno ha superado los 5 kilómetros en su odómetro, manteniendo viva la intriga sobre su destino futuro.