sueños

Freud, la matrix y una siesta de primer mundo

Diego Geddes
por Diego Geddes |
Freud, la matrix y una siesta de primer mundo

Lunes

Vuelvo de un asado y el calor ya está entre nosotros. Manejo con las ventanillas bajas y el aire acondicionado encendido. Me gusta así, aunque sé que no es lo más eficiente. Creo que eso es la argentinidad, elegir una opción casi por capricho.  

El fin de semana vi una película en el Malba, se llama “Te quiero tanto que no sé”. Reconozco algunos escenarios, me divierten alguno de los diálogos (como cuando prenden un cigarrillo mentolado y uno de los protagonistas dice "Si tienen este gusto, qué pensará la gente que los fuma?"). 

En un momento, uno de los actores canta “Confesiones de invierno” con una acústica (parece tirado de los pelos así explicado, pero es perfectamente coherente con la lógica de la peli). Creo que todos en el cine cantamos bajito, además en esa semana habíamos escuchado a Charly y Pedro Aznar en el Colón cantar esa misma canción. Yo no soy de recordar argumentos de los libros o las pelis que veo, pero mientras canto, casi como en un susurro (¿o acaso quién va a un cine a cantar?) pienso que ese momento me va a quedar grabado.

Martes

Escucho en la radio un reportaje a un cantante famoso. Le recuerdan una anécdota y él la tiene que repetir, aunque como todo lo que vuelve a decirse ya no tiene la misma gracia. Incluso se percibe cierta incomodidad (por no decir depresión) del entrevistado, por otra vez tener que contar algo que ya contó mil veces. 

Es un modo de reportaje (el de refrescarle una anécdota pasada al entrevistado) que ha prosperado en los medios, aunque dudo un poco de su eficacia.

Entiendo que hoy sea un mérito tener un productor que va al archivo, busca información y aporta para conocer al tipo que entrevistamos, pero a veces el recurso no funciona. El camino para explorar el interior de un entrevista puede ser más sencillo: ¿Vas al chino? ¿Qué piensa tu mamá de tu trabajo ¿Qué extrañas de la época en que no te conocía nadie?

Miércoles

Un tuit de Agustina Larrea me hace acordar de un proyecto nunca concretado: un mapa colaborativo de los kioscos que no cargan Sube. Es una especie de nota antiservicio, porque qué utilidad podría tener saber cuáles son los kioscos que NO cargan la Sube. En definitiva no importa, porque igual no lo hice.

Jueves

Camino por la vereda y una mujer abre el portón de su casa. Nunca puedo evitarlo, miro para adentro para espiar esa intimidad. Me pasa igual cuando abren la puerta de una casa chorizo. Siempre buscamos la intimidad del otro, en la vida real o en Twitter. 

Ya me sale automático estornudar en la parte de adentro del codo: nunca pensé que lo iba a poder incorporar. Es la intimidad de mi propio estornudo. 

Viernes

Sueño con viejos amigos que no veo hace mucho. El sueño tiene que ver con la forma en que los vuelvo a saludar, esa incomodidad de que uno da la mano y el otro tira la cabeza para un beso. Un sueño, por más chiquito que sea, siempre tiene un montón adentro. Freud es mi degenerado, pervertido y cocainómano favorito. 

También aparece por ahí mi (ex) psicóloga. Me despierto angustiado y me pregunto si no debería volver a la psicóloga para contarle que soñé con ella (y contarle tantas cosas, desde luego). ¿O soñé con mi psicóloga como un modo para forzar la vuelta? Una vez que hiciste terapia te enredás solito en los mecanismos del inconsciente.  

Duermo 14 minutos de siesta, de 13.44 a 13.58. Siento que es una devolución al mundo, por aquello de haber viajado con el aire y la ventanilla baja. 

Escribo sin convicción, sin fuerza. De la nada se me aparece un posible primer párrafo: 

"La matrix tiene sus fallas  y Mara García se aprovechó de ellas para hacerse millonaria. Estuvo con todos, se sintió poderosa, omnipotente. Se sintió esencial. Dio una fiesta inolvidable para festejar su cumpleaños número 40, aunque solo lo hizo para camuflar un final que ya se volvía inevitable. Dos años después se tiró de un séptimo piso. O al menos eso es lo que cree la Justicia".

Pienso que es un buen comienzo para una nota, porque todo eso que está contado es verídico. Pero podría ser también una novela. Por ahora, al menos, es un final digno para este newsletter olvidable. 

Se habló de