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"¡Gracias, Marcos Mundstock!": un viaje personal por la historia de la voz de Les Luthiers

Roberto Maidana
por Roberto Maidana |
¡Gracias, Marcos Mundstock!: un viaje personal por la historia de la voz de Les Luthiers

"¡Hay unos tipos que son geniales! ¡Divertidísimos, pero con un humor único!" Combinan la música, con finas ironías y unos instrumentos tan extraños como notables".

Recuerdo que ese fue el comentario una de las tantas noches en mi casa, cuando mis padres volvían del teatro, del cine o del café concert de los 60 y principios del 70.

Era plena madrugada y no salían del asombro de lo que habían visto. Todavía eran "I musicisti", número previo a una función con otro artista de fondo. Como era un día de función doble, deslumbrados por su talento, se quedaron a la segunda representación para volver a verlos.

Ya no nos separaríamos nunca más. Digo mis padres primero, nosotros después (con mi hermana, mi mujer y mis hijos) de sus espectáculos renovados cada dos años.

Claro que a mi Papá (no puedo escribir mi padre, es muy distante) como periodista y locutor, la voz de Marcos Mundstock siempre lo maravilló. Sumado a sus dotes de músico y cantor. Sí, claro que las tenía en ese grupo de talentosos que se conoció, desde distintas carreras en el coro universitario.

Infaltables los discos en casa, los LP que llegaban a medida que aparecían en el mercado.

"Sonamos pese a todo", el primero que escuché. El que disparó la curiosidad al escuchar su música. Cómo no imaginarme, a Marcos en toda su expresión cuando decía "el alegre cazador que vuelve a casa con un fuerte dolor acá" (repito, "acá", solo con la palabra en un long play).

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Les Luthiers con su fundador, Gerardo Masana
"Les Luthiers" con su fundador, Gerardo Masana

Claro, yo tenia entre 9 y 10 años. Muchas cosas me tuvieron que explicar en casa, como la "chacarera del ácido lisérgico" o "la cantata de la planificación familiar".

Pero sí, me desacomodé de la risa cuando entendí la letra de "Oi Gadoñaya", una tradicional canción rusa, del venerable Mastropiero. Si pueden véanla en las redes, la original. Háganlo por él. Y por ustedes. Vean a Marcos, no necesita explicación. Sublime.

Después llegaron "Cantata laxatón" y "Les Luthiers, volumen 3".

Siempre los discos como refuerzo del talento que veían una y otra vez mis padres sobre el escenario con "Les Luthiers".

Hasta que llegó el día. Mi cumpleaños el 24 de febrero en 1976. Para estrenar mis 14 años pedí ir a verlos al teatro. En Mar del Plata. Impresionante, deslumbrado como puede estar un chico a esa edad. Con los instrumentos informales, los cuadros que se encadenan y el talento repartido entre los seis Luthiers: Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Carlos Nuñez Cortés, Carlos López Puccio, Jorge Maronna y Ernesto Acher (Gerardo Masana, el creador, había fallecido en 1973).

Por supuesto, el registro de Marcos Mundstock en la obra de cierre, "Teresa y el Oso libidinoso". Imitando a un molusco pardusco que repetía "No vieron mi caparazón" de manera genial.

Aunque pasaron 44 años tengo fija en mi memoria frases del relato de Mundstock ante el acoso del Oso libidinoso como "las doncellas que quedaban...en fin... las que quedaban doncellas."

No hace falta abundar sobre el célebre cuadro, repetido en varios momentos, cuando Daniel Rabinovich intenta destronarlo como presentador. Es una obra de arte, siempre que se la mire.

Tengo dos momentos más para contar sobre Marcos Mundstock y sus compañeros. No como crítico. Menos, como historiador. Solo como un fan del grupo, que sufre ante cada pérdida. Como la de Daniel Rabinovich. Como ahora con Marcos Mundstock.

Dos veranos más tarde, de mi debut como espectador, estaba nuevamente en Mar del Plata. También Les Luthiers. Dos de ellos, alquilaron departamentos en el mismo edificio en donde vivía yo. Ernesto Acher y, como no, Marcos Mundstock.

Como el edificio estaba en el inicio del parque San Martín, los encuentros fueron frecuentes en ese verano. Por supuesto que fuimos al teatro. Entonces, cada vez que los veía, no dejaba de agradecerles por algún momento del espectáculo. Por su talento y recursos infinitos.

Yo en la gloria. Dos monstruos de Les Luthiers se paraban para escucharme, poco antes de ir al teatro, o en sus caminatas por el parque.

El otro recuerdo permanente es el de los saludos personales en el camarín. En Mar del Plata, en Buenos Aires, y esa primera vez, tan especial y emocionante en el teatro Colón. Claro, acompañábamos en familia a mi papá periodista para participar del saludo. Eso queda para mí, para siempre.

Si algo me pone contento es que con mis hijos, cuando fueron adolescentes, empecé a ir a ver a este grupo genial, único. Y en casa compartimos cada momento extraordinario que puede disfrutarse on line.

Confieso que desde que murió Daniel Rabinovich no pude ir más al teatro. Ahora llega esta otra triste noticia.

Pero pese a todo, me siento un afortunado. Tres generaciones de Maidanas crecieron con ellos. Los disfrutamos como locos. Y creo que es una sensación que se replica en miles de otras familias argentinas.

Formaron mi carácter, mi cabeza, mis gustos y también, mi sentido del humor. No tengo dudas, Marcos Mundstock y todos los integrantes de Les Luthiers (todos) son patrimonio de la cultura argentina que trascendió las fronteras. Un ejemplo. Un modelo.

Como admirador desde casi 50 años. En este día, solo quiero decir: ¡Gracias Marcos! Inolvidable.

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