Oriundo de Río Negro, Benjamín vive hace 16 años en Neuquén Capital, donde trabaja como empleado municipal en la Dirección Provincial de Diversidad. Para él, comenzar a ser un padre trans en esta ciudad hace 10 años fue "difícil". Además del desconocimiento y la discriminación, uno de los primeros obstáculos que tuvo que enfrentar, y que todavía padece, fue institucional.
“Cuando salió la ley de Identidad de Género en 2012, yo hice mi transición y mi cambio registral: obtuve una partida de nacimiento nueva con mi nombre auto percibido y mi identidad masculina. Pero, a las partidas de mis hijas nunca las rectificaron, no modificaron los datos y ellas hoy aparecen a cargo de una madre, que era mi nombre asignado al nacer”, dice.
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Benjamín Génova tiene dos hijas de 20 y 15 años.
Este cambio que le fue negado durante años en el Registro Civil local, derivó en inconvenientes e impedimentos cada vez que tenía que realizar trámites con sus hijas. “Acceder a la salud también es un problema con los documentos desactualizados. Tengo que dar explicaciones todo el tiempo”, dice.
A modo de ejemplo, detalla: “Cuando acompaño a mis hijas a un turno médico, me preguntan a mí o a ellas por la mamá, corriéndonos a los padres de esa responsabilidad paternal de cuidar. Siempre están esperando que esté la madre. Tengo que explicar que soy su papá, que soy una persona trans y que yo las gesté”, afirma.
Hoy, Benjamín está en pareja con Ayelén. La mayor de sus hijas vive con su novio y la más chica reparte la convivencia entre él y su otro papá. “Con él tenemos una relación excelente, nos llevamos super bien siempre”, afirma. “Hoy todo es maravilloso, es super fluido”, recalca.
Santiago Merlo es docente y licenciado en comunicación social. En diálogo con A24.com cuenta que buscó convertirse en papá durante mucho tiempo. Siete años atrás, después de realizar los cambios registrales en su DNI con su nueva identidad auto percibida, comenzó a consultar en las obras sociales de Córdoba, de donde es oriundo, sobre la posibilidad de realizar un tratamiento de fertilización para gestar. El primer problema con el que se encontró fue que en las clínicas le pedían un espermograma.
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Santiago Merlo, junto a su hija Lola y su compañera.
“Me decían que siguiera consultando. Así recorrí tres clínicas en Córdoba. Yo estaba con mi anterior compañera y hasta me llegaron a decir que era mejor que llevara mi documento anterior porque era más fácil conseguir un tratamiento para dos personas lesbianas que para mí, que me percibo hombre”, dice en comunicación con A24.com
Con el tiempo, Santiago se separó y la idea de adoptar comenzó a crecer como posibilidad de paternar. Por esos años, conoció a Victoria, su actual compañera, quien poco antes había adoptado a una nena llamada Lola. “Victoria y Lola hacía un año que estaban juntas. Lola llegó por el sistema de adopción, por una convocatoria púbica. Era una nena con una discapacidad múltiple con base en una parálisis cerebral”, sostiene, y cuenta que la pequeña tiene un vocabulario muy limitado.
“El verano pasado, antes de la pandemia, estábamos haciendo ejercicios de rehabilitación con ella en la pileta. De repente, me dijo PA-PA. Me acuerdo y se me ponen los pelos de punta. Nos emocionamos un montón”, relata. “Fue ella la que armó la familia, puso la dinámica sobre la mesa y a partir de ese momento yo pasé a ser su papá. Para mí el primer Día del padre fue el año pasado”, asegura.
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A la derecha, Santiago Merlo junto a su compañera Victoria y su hija, Lola.
Con respecto a las paternidades trans, identifica diferentes obstáculos. “La ley de Identidad de Género dice que las personas trans podemos hacer las modificaciones registrales, corporales y desarrollarnos plenamente, pero en ningún lado contempla la posibilidad de crio preservar óvulos antes de iniciar un tratamiento hormonal o que podés iniciar un tratamiento hormonal y lo podés interrumpir ”, expresa.
En ese marco, Santiago cuenta que hoy existen diversas técnicas médicas con diferentes complejidades para convertirse en padre: el método R.O.P.A, que se utiliza con dos personas gestantes, en donde una aporta un óvulo y la otra el útero; la fecundación in vitro (FIV) con semen de un donante, en donde participa un solo integrante de la pareja; y la inseminación artificial, con semen de un donante (IAD). Además, está la adopción.
Sin embargo, -afirma- persisten grandes dificultades en el sistema de salud en el acceso a estudios básicos, como por ejemplo, de ginecología. “Cuando voy a un estudio ginecólogo, entienden que estoy acompañando alguna mujer que está en la sala de espera”, ejemplifica Santiago, y cuenta que en una de sus últimas consultas tuvo que explicar que es un hombre "que necesita atención ginecológica".
"Es necesario una capacitación permanente de los profesionales. Un varón trans que llega a una consulta ginecológica u obstétrica es probable que necesite de un equipo interdisciplinario. Incluso, puede demandar un acompañamiento psicológico porque no todos, aún con el deseo de gestar, se bancan los cambios en su cuerpo”, asevera, y concluye: “No hay que pensar que es imposible. Los varones trans tienen que saber que no están solos. Hay otros compañeros en muchas provincias que pasaron por lo mismo”.