Abuelos, niños, médicos y voluntarios: el relato de los más afectados por la pandemia

por Jesica Mihelj | 24 de dic de 2020 - 06:38
Abuelos, niños, médicos y voluntarios: el relato de los más afectados por la pandemia

El 2020 es un año que la humanidad quiere dejar atrás. El coronavirus tocó cada puerta, cada familia; nos tocó a cada uno de alguna u otra manera. Fueron casi 12 meses de no abrazos, de distancia social, de respiraciones envueltas en barbijos y de trágicas historias, en un contexto de crisis económica. Muchos perdieron a alguien, otros perdieron negocios que les llevó toda una vida crear. Algunos pusieron el cuerpo para probar una vacuna que dé fin a este virulento virus que no supo distinguir edades, fronteras o escalas sociales.

A24.com recolectó algunos testimonios de quienes vivieron los efectos de la pandemia. Son sólo algunos, porque en el 2020 todos somos protagonistas.

Paciente COVID positivo: entre el pánico y el aislamiento

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La OMS recomendó el aislamiento total de los paciente con COVID-19 (Fuente: Télam)
La OMS recomendó el aislamiento total de los paciente con COVID-19 (Fuente: Télam)

Cuando estalló la pandemia el terror invadió cada corazón argentino. Hoy el virus sigue siendo el mismo, pero la sociedad aprendió a cuidarse, a naturalizar los protocolos de seguridad y también, para ser sinceros, se cansó de tanta precaución en tiempos donde el verano inunda la Argentina. Pero en los inicios del otoño, caer en las garras del COVID-19 simulaba contraer lepra en los albores del siglo XIX. Nadie quería estar cerca, ni siquiera el equipo médico.

Todas las instituciones sanitarias del país aplicaron el protocolo de la Organización Mundial de la Salud (OMS): total aislamiento del paciente. El mismo enfermo debía tomarse la temperatura, controlar sus niveles de oxígeno y, en algunos casos, hasta higienizar su espacio de residencia.

“Es muy triste estar solo y aislado. Podemos hablar con nuestras familias con la tecnología, pero estar solo es muy difícil. Este virus no lo tengo en la piel, pero todos tienen miedo, no quieren tenernos cerca, se alejan como tres metros”, confesó Florencia, instrumentadora quirúrgica en San Martín, quien cayó en las garras del coronavirus trabajando.

Delia y su marido Roberto experimentaron el mismo dolor cuando llegaron a la clínica con sospecha de COVID-19: fueron inmediatamente aislados. “No me querían dejar ir al baño, me sentí como una leprosa. Me indicaban no tocar nada, ni paredes, ni el ascensor”, señaló. “Nos sentimos como conejillos de India, es una experiencia horrible”, lamentó.

Nuestros abuelos: las víctimas primordiales del COVID

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Los adultos mayores dejaron de ver a su familia y amigos, quedaron aislados y solos (Foto: archivo)
Los adultos mayores dejaron de ver a su familia y amigos, quedaron aislados y solos (Foto: archivo)

Los adultos mayores surgieron como el estandarte de la lucha contra el coronavirus. La veta fatal del COVID-19 atacó con más crueldad a los ancianos. “Cuiden a los abuelos, que no salgan”, dijo el presidente Alberto Fernández al pueblo argentino y dictó el aislamiento obligatorio. Mientras tanto, la Ciudad de Buenos Aires instauró que los mayores de 70 años debían contar con autorización para salir a la calle.

Los abuelos cayeron presas no sólo del pánico por la muerte, sino también prisioneros reales en sus casas. Durante meses no vieron a sus hijos, nietos, amigos, la soledad fue su única compañía; la tristeza se dibujó en los ojos de los más ancianos, muchas veces impedidos de comprender el único nexo que sabía trascender las paredes siendo inmune a la enfermedad: la tecnología.

Médicos: héroes de batas blancas

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Los médicos terapistas fueron los más afectados por la pandemia (Foto: archivo)
Los médicos terapistas fueron los más afectados por la pandemia (Foto: archivo)

Lágrimas, caras cansadas, agotamiento. Los médicos del país pusieron el cuerpo y sus conocimientos para luchar contra el virus que puso en jaque los sistemas sanitarios del mundo. Ir a trabajar fue ver destrucción, presenciar el final de tantas vidas que fueron apagadas por un ser diminuto. Supieron ser los únicos compañeros de los enfermos, ya que sus seres queridos no tenían permiso de ingresar a las habitaciones por miedo a mayores contagios. Algunos fueron los únicos que sostuvieron la mano de los pacientes que respiraron por última vez.

Es por ello que los argentinos salieron incontables noches a aplaudir a ese batallón que peleó desde el comienzo contra una cepa del COVID-19 de la que no se sabía nada.

Voluntarios para las vacunas contra el COVID-19

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Marta y Luis, voluntarios argentinos de la vacuna de Pfizer (Foto: archivo)
Marta y Luis, voluntarios argentinos de la vacuna de Pfizer (Foto: archivo)

"Todos nos dijeron que estábamos locos cuando dijimos que íbamos a ser voluntarios", confió Luis, de 75 años, a A24.com. Todavía recuerda cómo un día, mirando la televisión, escuchó al reconocido doctor Fernando Polack pidiendo voluntarios para probar la vacuna del laboratorio Pfizer contra el COVID-19 en Argentina. De algo estaba seguro: quería ayudar.

Marta, su esposa, decidió emprender el mismo camino y no podía más del regocijo cuando la vacuna de la compañía estadounidense Pfizer y su socia alemana BioNTech se convirtió en la primera en ser aprobada por un país occidental: el Reino Unido. De ahí en más distintos países sumaron su autorización.

Niños, uno de los sectores más perjudicados en Argentina

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Perdieron el contacto con sus pares y quedaron sin clases presenciales. Fue un año de pérdidas (Foto: archivo)
Perdieron el contacto con sus pares y quedaron sin clases presenciales. Fue un año de pérdidas (Foto: archivo)

Los más pequeños fueron uno de los sectores más perjudicados por la pandemia. Primero los tildaron de supercontagiadores y los culparon de la dispersión masiva del coronavirus, aunque más tarde se demostró que no era así. Les cancelaron las clases presenciales, cerraron sus plazas y centros de juego. Sólo vieron a sus compañeros y pares a través de zooms y la tecnología, interfase que a muchos les resultó extraña e invasiva.

Fue un año de pérdida: sin capacidad de interacción con pares; sin educación validera, a pesar del esfuerzo de los padres. Las diferencias de oportunidades quedó en evidencia: no todos tenían las herramientas para conectarse. Todo en un contexto de pobreza: el 62,9% de los más pequeños de Argentina son pobres.

Los salones de fiesta de luto

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El año 2020 está por terminar y todavía no pudieron retomar en forma rentable su actividad económica (Foto: archivo)
El año 2020 está por terminar y todavía no pudieron retomar en forma rentable su actividad económica (Foto: archivo)

El 14 de marzo fue el último día que los salones de eventos abrieron sus puertas. Las actividades económicas se fueron flexibilizando a lo largo de los meses de cuarentena, pero el sector de eventos -que comprende a 35 rubros y más de 300 mil familias- quedó relegado.

Alejandro fue uno de los tantos que cayó en la quiebra por el SARS-CoV-2. La pandemia devoró en un instante 20 años de trabajo, dos décadas de animar fiestas en “Faroland Eventos”, en la localidad bonaerense de Merlo. El desguace fue paulatino, pero continuo: vendió las luces, equipos de sonidos y hasta el pelotero. Sólo quedaron las paredes peladas. Hoy el salón es una cáscara vacía que supo cobijar cientos de festejos infantiles.

“Nunca debí nada, pero nadie me dio una mano. El apoyo de la gente es lo mejor que recibí, no del Estado. Ninguna ley nos avaló y no sabemos a quién ir”, confesó a A24.com con la voz tomada por la angustia: “No me quedó nada”.