*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.
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Lunes
Tengo casi 40, una familia hermosa, un buen trabajo. Mis padres están vivos y cada tanto me enseñan alguna cosa. Tengo salud. Soy feliz, me divierto, estoy bien. No podría presentarme en el mostrador de los reclamos y sin embargo a esta altura medio que ya aprendí que la cosa no funciona tan así. La realidad es que la angustia por no tener lo que uno quiere (o la angustia a secas) se cocina en otra olla.
A veces me despierto en la noche y es como si me quedara esperando un estruendo, algo que retumbe en la quietud de la ciudad dormida. Un trueno, un taxi dormido que se estampa en una esquina, un escape de gas que derrumbe un edificio. Me quedo esperando y a veces me pregunto si ese estruendo, esa cosa que definitivamente rompa la calma no debería ser yo mismo.
Martes
Las quimioterapias de mi madre ya se volvieron rutina. La llamo para ver cómo le fue y me atiende mientras se come un pancho. Está lejos de ser la dieta recetada por la nutricionista, pero quién soy yo para juzgarla. Es como un antojo, aunque lo que le corre por el cuerpo como una lava volcánica es toxicidad y drogas.
No hay mejor programa en el mundo entero que cenar a la noche con un amigo. Desde la mañana ya me figuro pidiendo una entraña, tomando un vino con soda, atacando la panera salvajemente o cerrando con un flan mixto: un paseo por lo serio y por lo trivial. Finalmente a la noche no como entraña, tampoco tomo vino ni hago nada de lo que enumeré arriba, pero el plan funciona igual. Pocas cosas como una charla con un amigo me ponen en estado auténtico
A la salida, vemos como un camión cargado de cartoneros se lleva puesto un auto en la esquina de Chacabuco y Chile. Por el impacto, el auto se clava en una cervecería, rompe parte de la pared y de la vidriera principal. Nadie está herido pero la escena no deja de ser dramática: pienso en el conductor del auto, que debe agradecer no estar muerto y a la vez ya se debe haber dado cuenta de que le camión no tiene ni medio seguro.
El chofer del camión que baja exaltado y asegura lo que nadie le cree, que no venía tan rápido. Los cartoneros que saltan de la caja del camión como hormigas: ¿Cuánto faltará para que vuelvan a sus casas?
Y sobre todo me quedo pensando en eso de los estruendos que había escrito la noche anterior.
A propósito: dicen que la serie Chernobyl es muy buena.
Miércoles
El juego de los chips: qué tres saberes te gustaría obtener de manera automática, con solo instalarte un chip. Por ejemplo, a mi me gustaría aprender a tocar la piano, ser bueno o bastante bueno, digamos. Por supuesto, alguien puede decir: andá a clases y aprendé, pero el juego no es para eso.
No quiero ir a clases, no tengo paciencia para ser un perro durante seis meses, avanzar de a poco con los primeros acordes, perder tanto tiempo. Y además esto es un juego.
Puede ser un idioma, lo aprendes inmediatamente con un chip. O con alguna materia o habilidad: darte mañana con las herramientas, saber cocinar bien, conocer más sobre Literatura Rusa o haber leído toda la Gauchesca.
A mi me gustaría lo del piano y también saber más sobre Historia del Arte. Siempre tuve claro dos de los tres: me falta definir el tercero.
(Estas boludeces se me ocurren los 365 días del año, no solo los días de paro general)
Jueves
En las redes se viraliza la actuación de un chico autista y ciego en America´s Got Talent. Se llama Kodi y por momentos parece que no está en sus cabales. Los yanquis tienen una habilidad fabulosa para el casting de este tipo de programas, sumado a que en Estados Unidos levantás una piedra y hay alguien que canta fabuloso.
Lo pensaba los otros días cuando Tinelli deambulaba por una provincia argentina y careteaba emoción frente a un pibito que cantaba horrible.
Lo de Kodi es asombroso, los momentos previos a su presentación son un poco incómodos, solo sostenidos por la vital compañía de su madre, que lo secunda con un amor sobrenatural: “La música le salvó la vida”, dice. “I´m ready”, grita Kodi extasiado antes de tocar.
Sabemos que lo que va a suceder a continuación viene con un final feliz, porque es una película que parece ya estar escrita, pero aún así nadie es capaz de imaginar lo que hace este chico con el piano y con su voz.
Kodi es el chip (lo pueden ver acá)
Viernes
Salimos a la ruta, escuchamos radio AM, cambiamos el aire.Quisiera ver RocketMan (otra sobre el piano), también tengo pendiente el libro sobre Bruno Gelber, pero por ahora las prioridades son otras.