La historia de un inmigrante venezolano en Argentina: “Hay que sacar a la gente de allá como sea” | A24
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La historia de un inmigrante venezolano en Argentina: “Hay que sacar a la gente de allá como sea”

Carlos Ernesto Roos no quería irse de Venezuela. Vivió toda su vida en Caracas, estudió Ingeniería Civil y al recibirse se preparó en una maestría en Italia con la idea de trabajar en Venezuela y formar su propia familia. "Yo creía que si tenía un conocimiento con un valor agregado podía aportar a mi país, mi idea nunca fue migrar", dice sentando en un bar del barrio de Belgrano. El destino económico y social de ese país lo obligó a tener que hacer las valijas: "Soy un emigrante por obligación", revela.

“En Venezuela tenía dos empresas con uno de mis hermanos y un ingeniero más. Una era de alquiler de camiones y la otra de construcción, en principio todo funcionaba bien hasta que la economía nos estranguló”, explica. “Cuando emprendés aprendés a ver muchas cosas; cómo ver el futuro, por ejemplo. Pese a que era rentable en bolívares, al final el poder adquisitivo era nada porque iba en caída. La devaluación y el control de cambio creó una burbuja ficticia financiera: manejaba flujo de bolívares que al final, por ejemplo, si te querías ir de vacaciones no te podías comprar ni el pasaje. Era un mundo irreal”, dice Carlos que por esas ganas de quedarse esperó demasiado para vender todo y perdió plata.

Hace dos años el futuro ya se veía incierto y la única opción que vio para crecer fue irse. Hoy, con 33 años vive en nuestro país y volvió a ser empleado: trabaja para la compañía Supercemento desde hace un año y seis meses.

Vivir en otra patria

La crisis social del régimen de Maduro obliga a muchos ciudadanos a emigrar y muchos eligen venir a nuestro país. Según la Dirección Nacional de Migraciones, el año pasado se radicaron en la Argentina 31.176 venezolanos y este año, según publicó la Red solidaria, ingresa un ciudadano venezolano cada 15 minutos.

"Una de las motivaciones que me trajo al país fue que ya conocía a profesionales que vivían aquí hace tiempo. Estuvimos con mi novia, Laura Mariño, entre los primeros oleada de ingenieros que llegaron, y cada vez es más grande la salida de profesionales", indica casi lamentándose.

"Es muy duro dejar tu país, es más fuerte de lo que la gente cree", explica Carlos. Primero llegaron a Uruguay con su novia y su hermano, y luego se instaló en Buenos Aires, mientras que su hermano está en Chile. Carlos trata de ayudar a todos sus compatriotas y quizás una de las cosas más difíciles que atraviesan, además de la incertidumbre de ser nuevo en un lugar, es el invierno, una estación que Venezuela casi no conoce.

“Parte de las razones de porque elegimos Argentina fue porque mi novia iba a hacer un MBA y eligió la Universidad Di Tella, porque está en un ranking altísimo y era más económico. Además, justo asumió Macri que es ingeniero civil y entendíamos que iba a haber muchas oportunidades laborales en ese campo, y así fue”.

Su familia

En Venezuela le quedan sus padres, su abuelas, tíos y primos. A sus padres les manda dinero y debe encargarse además de enviar las medicinas de su madre y su abuela todos los meses. Tiene dos hermanos, el que vive en Chile y otro en Holanda hace 8 años. “Es muy complicado ver lo que pasa en mi país, sobre todo a nivel profesional, tenés que desdoblarte. Tengo que cumplir con mi trabajo con la mente fría y esto me genera un desgaste psicológico importante, es ponerle un muro que termina haciéndose frágil. Hay días que tenés un poco menos de ánimo y otros un poco más. Pero trato de seguir adelante y ayudar desde acá en lo que más pueda, aportar y hacer todo lo que está a mi alcance”, dice. 

“Desde que me fui hace dos años no volví. Me dediqué a estabilizarme porque veíamos que lo que pasaba allá no iba a tener un fin muy alegre. Entonces, si mis padres o mi abuela querían salir del país queríamos brindarles algún techo y estabilidad. No es una metáfora lo que pasa en Venezuela, posiblemente haya que sacar gente como sea”, revela.

“El tema de Venezuela es muy grave. No solo es un tema político sino social y de narcotráfico. Hay gente que muere de hambre: personas que toda la vida fueron gordas están súper delgadas, anémicas, comen mal. Esto puede sonar raro, pero muchas veces, cuando voy a comer afuera a un restaurante me da un sentimiento de culpa. Pienso que con lo que pague cierto plato hubieran comido en mi país tantas personas, es muy loco. Es un sentimiento de culpa raro porque yo vivo, trabajo y estudio acá pero tenes una división interna fuerte”.

Carlos cuenta que le duele cuando los argentinos usan esa famosa frase "estamos como Venezuela" para comparar las situaciones de ambos países. “No me enorgullece para nada que la usen pero gracias a Dios están muy lejos de convertirse en nuestro país. Creo que lo que pasa acá es corregible. En Venezuela siempre se decía ´no somos Cuba, que nunca íbamos a llegar a eso pero si pasaba nos matábamos´. Pero el humano se acostumbra y allá nos fueron sacando las cosas de a poco. Cuando vas en decadencia en un proceso continuado la reacción no es igual. Si hubieran cortado los dólares, expropiado las empresas privadas y te daban una caja de comida a la semana en un año hubieran quemado el país”, analiza.

“En Venezuela hay una decadencia absoluta. Hay municipios a los que no llega el agua, es muy rudo todo. Internet aún funciona pero nada bien”.

Volver a ser empleado

No se hizo tanto problema de volver a trabajar bajo la órbita de un empleador y asegura que está aprovechando la oportunidad de reinsertarse a una empresa grande para aprender más. “Al poner mi empresa todo me parecía chico porque estaba acostumbrando a grandes presupuestos, pero era mía y  la veía como a un hijo. Deja de ser importante el tamaño sino tu proyecto, entonces los beneficios son mejores, pero hoy no volvería a emprender sino que mi sueño a corto plazo es entrar a una  multilateral”, confiesa.

“El período que pasa Argentina es difícil, no soy un especialista, pero me parece que el equilibrio de las fuerzas políticas es importantísimo para salir adelante. Un extremo de eso es lo que pasa en mi país que ya no se respetan ni los derechos de los ciudadanos a votar. Cuando la gente se perpetúa en el poder pasan estas distorsiones en las que se ven superados los derechos mínimos de las personas como la educación y la salud”

El futuro de su país

Pese a que le gustaría volver a radicarse en Caracas y formar una familia, Carlos no sabe si eso será posible ya que no ve con buenos ojos el futuro de su patria. El ingeniero asegura que de su generación “ya no queda casi nadie”, casi todos sus compañeros del colegio y la facultad ya viven en otros destinos y los pocos que aún no lo han hecho ya están haciendo los papeles para irse. “Siento que tendremos un hueco generacional tremendo y va a costar un montón volver a tener recursos humanos para levantar el país. Creo que los próximos 6 meses se va a pasar una situación muy complicada: internamente puede haber una guerra civil y externamente las deudas serán enormes, impagables. Seguro habrá un baño de sangre”, dice.