Me lo dijo un amigo y no supe si creerlo: la noche de Buenos Aires no existe más. Yo le dije que no podía ser, que la culpa la tenía la gente que estaba de vacaciones. La ciudad está vacía por eso, es temporal.
Me lo dijo un amigo y no supe si creerlo: la noche de Buenos Aires no existe más. Yo le dije que no podía ser, que la culpa la tenía la gente que estaba de vacaciones. La ciudad está vacía por eso, es temporal.
Pero después me di cuenta de que lo mío era más un mecanismo de negación que una cuestión relacionada con el verano, o con lo que mis propios ojos estaban viendo y no querían aceptar: la noche de Buenos Aires no existe más.
No sé si eso es algo bueno o malo, si los consumos ahora están más orientados a un público específico, si se sale más temprano y se termina antes. No sé si fue la pandemia, la crisis económica o un cambio cultural. Pero sí sé que las cosas cambiaron. Y entonces, algo así como una bomba de nostalgia, relacionada con un tiempo que fue de un modo y ya no va a volver ver, explotó en mi pecho.
Esto antes no pasaba y ahora es habitual:
Ir a un bar y quedarte hasta el final se convirtió en una experiencia de contemplación de una trastienda que antes no se veía. Te echaban del bar y después se ponían a limpiarlo, como si se preservara cierta intimidad. ¿Alguna vez entraron a un boliche de día? Nunca lo hagan, se pierde una magia para siempre.
¿Qué pasó en Buenos Aires? ¿Por qué ya no es posible acostarse a las 6 de la mañana? Es cierto que hay fiestas que llegan hasta esa hora, yo mismo las puedo ver en Instagram. Pero que haya dos o tres fiestas son apenas la excepcionalidad que asiste a una teoría que ni me atrevo a nombrar: la ciudad se convirtió en otra cosa. No sé si mejor o peor, pero diferente.
Durante mucho tiempo la Buenos Aires de 24 horas era algo que nos enorgullecía como capital mundial. La posibilidad de cenar a la 1 de la mañana, o de seguir la noche hasta que saliera el sol. ¿Acaso no nos inflaba el pecho ver cómo los turistas disfrutaban de esa noche eterna? En el sitio de turismo de la Ciudad de Buenos Aires destacan un panorama de otro tiempo: "Mientras muchas ciudades se jactan de ser la ciudad que nunca duerme, pocas se asemejan realmente a la cultura porteña. Acá comemos tarde, bailamos hasta tarde y nos dormimos tarde. No importa la edad que tengas, en Buenos Aires deberás acostumbrarte a nuestros horarios. Los bares se llenan de vida y de gente desde las 10 de la noche; las discotecas, las cuales denominamos “boliches”, desde las 2 de la mañana. Sí, es una gran idea dormir una siesta la tarde previa a salir de joda".
Esta noche de Buenos Aires cambió para siempre: se terminó con la pandemia o ya venía en decadencia. Nunca lo voy a saber porque a esta altura miro de reojo, soy un espectador de algo que ya no consumo. Yo ya no puedo ni quiero acostarme a las seis de la mañana, pero quisiera que alguien pudiera hacerlo por mí. Y no tendría que verlo por Instagram: sería una verdad tan inapelable que no habría necesidad de mostrarla en una red social.