*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.
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Lunes
Una mudanza en el trabajo. Los hábitos que había adquirido vuelven a cero: me gustaba andar descalzo por la redacción, trabajar con las patas en el suelo, pero al menos por ahora no lo haré más. Lo que me embola es la solemnidad.
Le mando un whatsapp a mi psicóloga para retomar y me dice que se está yendo de vacaciones. Me da cierto alivio y le deseo buen viaje (“si es que te vas de viaje”, agrego). Nunca supe muy bien cómo manejar la intimidad ajena con la psicóloga: a veces quisiera saber un poco más sobre ella, como para compensar.
No sé si estoy preparado para ver el documental que revela los casos de abuso de Michael Jackson. Pruebo con After Life, una de Netflix cortita, con Ricky Gervais. Seis capítulos de 25 minutos, como una película pero en seis cuotas. Me gusta.
Martes
Siento que podría estar atravesando una crisis de los 40 (que todavía no tengo). Desde hace rato intento entender qué somos nosotros, los nacidos y criados en los 70/80. Creo que podríamos ser algo así como los hijos del miedo, del pesimismo y de la desgracia inminente.
Una frase antológica que me contó una amiga, sobre su madre paranoica: “Me hice los estudios, dieron todos bien así que aparentemente no tengo cáncer”.
A veces pienso en el reflejo de las luces de los autos que pasaban por la puerta de mi casa, Alvarado 576, 8000, Bahía Blanca. Yo estoy acostado, mirando al techo, no me puedo dormir. Tengo cuatro, cinco años. La luz entra por las hendijas de la persiana, rebota en las tres paredes de la habitación y se va. Mi hermana está en la cama de al lado, debería ser la única persona que entiende de lo que estoy hablando. ¿Se sorprendía ella también con la trayectoria de esas luces?
Benito no quiere dejar los pañales y mea por toda la casa.
Avanzo con After Life, que cuenta la historia de un hombre que quedó viudo y está hundido en una terrible depresión. Es, además, un periodista de pueblo que se ve obligado a contar unas historias patéticas, como la del tipo que toca dos flautas con la nariz o un lunático que ve a Kenneth Branagh en una mancha de humedad en la pared. Me sorprende ver una escena en la que aparecen dos motochorros.
Miércoles
Lo que leo no me está gustando, no me puedo concentrar. Debería encarar el de Burgo y el de Licitra y dejarme de joder. Me compro otro libro que tiene muy buena críticas, pero no sé si quiero leerlo. “Una casa junto al tragadero”, de Mariano Quirós. ¿Para qué me compro libros que me impone la crítica?
Dos capítulos más de After Life. Puede pasar que me río a carcajadas y a los tres minutos estoy lagrimeando. Ricky Gervais es un actor extraordinario.
A veces veo esa misma luz que veía en mi casa de Alvarado mientras manejo en la autopista, en un punto exacto de la autopista Buenos Aires-La Plata. Cuando pasa eso me siento extraño.
Jueves
Entre ayer y hoy anduve varias horas arriba de colectivos. Siento que es un momento productivo, la cabeza me funciona, me vienen ideas claras. Seguro que un electroencefalograma mostraría que el bocho se me ilumina cuando miro por la ventana del 39.
Benito debe estar en casa, meando por todos lados. ¿Cómo serán sus luces?
Estoy disperso, preocupado. Mi cabeza está trabajando demasiado, en demasiados frentes. (¿No era que esto no era un diario íntimo?).
Trabajo con las zapatillas puestas.
Viernes
El crítico de cine me pasa links para ver películas (que casi nunca veo). Mi nuevo pendiente será el documental de Rubén Blades (“Yo no me llamo Rubén Blades”). Pienso que no es un título muy feliz, pero quién sabe.
Algunas efemérides de la semana: las bodas de oro de John y Yoko, 65 años del ascenso de las estatuas de Perón y Evita al Aconcagua, 15 años del secuestro de Axel Blumberg. Una vez vi a Blumberg padre en la presentación oficial de la Cienciología en Buenos Aires. Fue un momento intenso, pero a la vez siento que hay cosas que pasaron hace muchísimo tiempo.