Víctima de Covid-19

Murió el periodista Pablo Calvo

Tenía 53 años y era editor de la revista Viva de Clarín. Cronista y docente, deja un legado enorme gracias a su pluma y sus historias de la vida cotidiana.
Diego Geddes
por Diego Geddes |
Pablo Calvo

Pablo Calvo

“El destino suele preparar emboscadas”, escribió Pablo Calvo en una de sus historias mínimas, circulares, pequeñas pinturas de la vida cotidiana que publicó durante más de 20 años en Clarín. Ese era el universo que quería mostrar el querido “Pablín”, que murió ayer a los 53 años, víctima de la peor de las emboscadas de estos tiempos, el COVID-19.

Fue un gran cronista y un generoso docente. Integró el equipo de investigación de Clarín y fue redactor y editor de la revista Viva. Un cronista de la calle, observador de las pequeñas historias. Curioso y atento también a las historias que tenían sus colegas, para aportar una mirada y mejorarlas. En un territorio hostil y de competencia como suele ser la redacción de un diario, Pablo iba a otra velocidad, un camino lateral que construyó a base de honestidad y calidez con todo aquel que se lo haya cruzado.

Atento también con sus alumnos, nunca hablaba desde el pedestal de tener varios años en la redacción, sino que se interesaba genuinamente por el trabajo de los otros. Generoso con los pasantes que llegaban a escribir sus primeras notas en el diario, Pablo contagiaba entusiasmo en un territorio que suele ser pesimista. Alentaba y ayudaba.

Era hincha fanático de San Lorenzo, pasión que compartió con su hijo León. Escribió un libro sobre Favaloro (“La muerte de Favaloro”, 2003) y una historia increíble sobre el día en que el gobernador Bussi obligó a los mendigos de Tucumán a subir arriba de un camión y los dejó tirados en la ruta, rumbo a Catamarca, porque ese día el dictador Jorge Rafael Videla iba a visitar la provincia. “Los mendigos y el tirano”, publicado en 2011, pasó injustamente desapercibido, pero es una gran crónica de esos años, que retoma una historia de Tomás Eloy Martínez. "Yo quería salvar la historia que atormentó la última parte de la vida de Tomás Eloy Martínez. Simplemente quise que el recuerdo le ganara al olvido", dijo Pablo en una entrevista para la presentación del libro.

También escribió dos libros sobre su San Lorenzo querido. “Dios es cuervo”, luego de que Jorge Bergoglio fue consagrado como el Papa Francisco, y “Los tesoros del Gasómetro”.

Pablo era un periodista comprometido, sensible y atento a los pequeños detalles. Recomendaba leer los avisos fúnebres, las cartas de lectores, los epígrafes de fotos viejas. En épocas en que Google dominaba la agenda, seguía visitando el archivo de la redacción, quizás por eso de la velocidad propia y la confianza en su ojo sensible y sagaz. Sabía elegir la historia pequeña que servía para pintar un mundo.

De ese archivo personal rescató una historia ligada a su propia historia, que tituló "El sueño de Alicia". "La cuarentena me llevó a descubrir cuando mi mamá, parada frente a 300 espectadores del teatro Luz y Sombra, de Quilmes, protagonizaba una comedia de Jean Anouilh, de 1969. Nada de esto sabía, hasta que mi papá, revolviendo papeles viejos, encontró una carpeta que estuvo cerrada 50 años, como si fuera un mensaje guardado en una botella para que alguien lo rescatara en medio de una tempestad. Grande, ma, lo lograste, te aplaudo con el corazón".

Pero su compromiso con las historias trascendía la publicación. Con la crónica “Juan y la carta de amor que venció a su tristeza” fue finalista del premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Juan, el protagonista de la historia, había perdido a su mujer y a su hijo en la tragedia de Cromañón, pero nunca había podido brindarles un mensaje de despedida, porque era analfabeto.

Pablo, que estaba preparando una nota sobre la Campaña Nacional de Alfabetización, olfateó que tenía una historia para contar. Se acercó a Juan y le enseñó a leer y escribir. En ese texto contó la trastienda de su vínculo: “En 18 años de periodismo, la mitad de mi vida, aprendí que el destino suele preparar emboscadas. Uno puede ir hacia un lugar seguro, pero de pronto, algo que nos empuja a cambiar de dirección”. Estaba internado hace varias semanas por Covid-19 y murió ayer, en el día de su cumpleaños número 53.

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