En ese tono, destacó que "no cabe la misma regla para una persona con discapacidad, para alguien que nació en un hogar extremadamente pobre, para alguien que creció con una educación de baja calidad y con escasas posibilidades de curar adecuadamente sus enfermedades" y añadió: "Si la sociedad se rige primariamente por los criterios de la libertad de mercado y de la eficiencia, no hay lugar para ellos, y la fraternidad será una expresión romántica más".
Al igual que lo señaló en varias oportunidades, Francisco denunció "guerras, atentados, persecuciones por motivos raciales o religiosos, y tantas afrentas contra la dignidad humana se juzgan de diversas maneras según convengan o no a determinados intereses, fundamentalmente económicos".
"Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado", afirmó el Santo Padre y recalcó que estos conflictos son "un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal", al tiempo que advirtió que "hay otra manera de hacer desaparecer al otro, que no se dirige a países sino a personas. Es la pena de muerte".
Para finalizar, el Papa le envió un mensaje a las Naciones Unidas y solicitó una reforma que impulse la fuerza del derecho sobre el derecho de la fuerza, con el objetivo de que se instaure "el cuidado de un bien común realmente universal y la protección de los Estados más débiles".