"Arrancamos en junio del 2018 y hasta mayo del 2019 ya contabilizábamos 17.000 personas capacitadas con nuestras charlas sobre reciclaje y sustentabilidad". La que habla es Ludmila Taraborelli. Ella y su prima Flavia Taraborelli son las únicas dos integrantes oficiales de la fundación Llena una botella de amor Argentina, el capítulo local del proyecto de origen colombiano. El trío trabaja en forma conjunta en pos de un objetivo en común. Ludmila y Flavia se encargan de educar a distintas poblaciones sobre la importancia de la gestión de residuos y el reciclaje responsable y a su vez buscan que cada vez más gente las ayude a llenar botellas de plásticos de un solo uso. Daniel, por su parte, brinda al personal y la maquinaria de su empresa Econciencia para hacer de todas esas botellitas o botellones donadas algo útil para la sociedad.
"Una vez que las botellas están bien llenas con plásticos de un sólo uso se trasladan del punto de acopio hasta Quilmes. Acá se hace la transformación del plástico: se abre la botella, se saca el contenido y chequeamos que no haya ni papel, ni cartón, ni tergopol, ya que no pueden ser madera plástica. Después se llenan los moldes de referencia que pongas", explica. Más tarde, una vez que la fundación ya se puso en contacto con alguna escuela, empresa o comunidad y ellos les acercaron botellas llenas de plásticos, Econciencia y Llená una botella de amor les dan a cambio muebles de madera plástica a beneficio, que pueden ir desde una mesa comedor hasta un parque de juegos para chicos.
Sobre el vínculo de las dos plartes, Ludmila aclara: "Ecociencia por su lado es una empresa que fabrica y vende sus productos de madera plastica. Por otro lado, la fundación es la que hace que una escuela o comunidad pueda recibir una mesa de camping para cuatro personas a través de un intercambio en el que esa parte entrega más kilos de plásticos de lo que pesa el mueble que recibe. Eso es para nosotros una especie de pago a Econciencia por los servicios de traslado, la logística, el ensamble y la instalación final". Hasta hoy, según cuenta, ya llevan entregadas cerca de cinco mesas comedor tipo campings, tres puntos ecologicos -separadores de residuos para segmentar la basura- y un parque infantil.
Para que el proceso sea lo más verde y ecológico posible, la máquina que convierte los plásticos en madera plástica trabaja a la menor temperatura posible, para evitar así una mayor generación de gases de efecto invernadero. "Por eso no aceptamos los plásticos PET, porque nos obligaría a tener que elevar las temperaturas a las que se mezcla y fusiona todo".
"Muchas empresas donan los desechos de sus materiales de producción o lo que vuelve a ellos porque está vencido. Además, en varios casos lo que se hace es proponerles que ayuden de otras maneras; por ejemplo, dándonos una mano en lo que es logística o transporte", dice Ludmila. Su jornada de voluntariado más masiva fue con un grupo de 16 empleados del JP Morgan que donaron su tiempo para vaciar botellas.
A futuro, Ludmila espera que este proyecto que unió a su equipo con otro montón de gente se pueda convertir en una política impartida desde el Estado a nivel municipal. "Hay muchísimos materiales que usamos hoy en día y que son reciclables, el tema es con qué tecnología contamos y qué estamos haciendo para lograr algo concreto con todo eso".