Emocionante

Una rama de apio y una foto del Chapa Suñé

Diego Geddes
por Diego Geddes |
Una rama de apio y una foto del Chapa Suñé

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Lunes

Diluvia y acelero para dejar a Benito en un cumpleaños. La mamá de su amiguito nos pregunta vía Whatsapp si vamos a ir. La respuesta es sí (la que va a ir es Sol, no yo) y la mamá se alivia. Algunas otras mamis se bajaron por la lluvia. La gente es muy hija de puta, decimos con Sol. Benito nos repudia desde el asiento de atrás: “Hay que decir tres palabras buenas (por cada mala palabra)”. “Perdón. Abrazo. Feliz Cumpleaños”.

Cuando era chico tenía prohibido faltar a los cumpleaños. No había argumento posible: si te invitaron es porque pensaron en vos, compraron comida, globos, gaseosa. Tu amigo/a quiere compartir ese momento con vos. No sé que tan ciertas eran esas razones, pero así fue como recorrí casas y patios de compañeritos que ni siquiera eran mis amigos. Y también así curtí mi autoestima tamaño XS al percibir el agradecimiento de los familiares.

Cuando pienso en mi, pienso en Benito. Si yo me daba cuenta es porque él se da cuenta.

Martes

Salgo del subte, llegó el invierno. Desde que trabajo en Palermo me obsesiona saber si me conviene tomar la línea B o la D. Hoy elegí cronometrar el viaje, aun cuando me parezca absurdo: ¿Cuántos minutos de diferencia puede haber? La última vez que lo había intentado me olvidé de detener el cronómetro y cuando me acordé iba por las cuatro horas. Esta vez voy concentrado y lo clavo en 32.05.05 cuando ficho en el edificio de Humboldt. Prometo hacerlo el resto de los días de la semana pero no me lo creo ni yo.

Mientras tanto busco qué música escuchar. A veces nos complicamos demasiado la vida con el asunto del algoritmo: hasta no encontrar una banda noruega que toque canciones cuyas notas forman un corazón verde en la partitura no paramos.

Esto lo pienso algunos segundos después, cuando en mis auriculares ya suena Guns n Roses. No recuerdo haber buscado esta banda en mi playlist y me pregunto cómo pudo haber pasado eso, siendo que fueron mi banda favorita de los 13 a los 15.

A los algoritmos los prefiero clásicos.

Una imagen de los Guns n Roses: un poster en la pieza de la calle Estomba, Axl Rose con una calza blanca que le marca la pija. El poster pegado en un placard, a la altura de nuestros ojos.

Miércoles

La escena transcurre en el barrio de Palermo, en donde es habitual cruzarse con algún famoso por la calle. Se ve que los muchachos del taller la tenían ensayada, porque conocían la rutina del protagonista. Cuando lo ven pasar le gritan “Vilouta forro” –a nivel sonoro es una gran puteada–, después salen corriendo y se esconden. Yo lo veo todo: les veo las caras de travesura a estos tres grandotes de mano pesada. Es la misma cara que pone mi hijo de tres años cuando se manda alguna travesura.

Y veo también, un poco a lo lejos, que Vilouta se da vuelta y los encara. Una rama de apio es más viril que Vilouta y, sin embargo, Paulo se mete en el taller y los encara. “¿Alguno quería hablar conmigo acá?”. Por supuesto que nadie sale, porque no hay nada más infantil, precario y cobarde que un grupo de hombres en manada.

Jueves

Feriado: almuerzo pizza con Benito. Parezco un padre separado y me dan ganas de aclararle a la moza que no, que nada que ver. Ella me dice algo sobre el teléfono celular que yo no entiendo. Mejor así, vivir sin saber demasiado del otro, como hacen los europeos.

Después nos vamos al museo de Ciencias Naturales para ver los dinosaurios. Me parece un poco cara la entrada (100 pesos) y pienso en los que no pueden pagar por este plan. También pienso que ya no sé si 100 pesos es mucho o es poco.

Beni es desconfiado, no quiere avanzar por las diferentes salas, no sé si tiene miedo o qué. Al principio respeto sus tiempos, lo dejo que se quede viendo la parte de las peceras. Al fin y al cabo es su visita, qué haga lo que quiera. Dilemas estúpidos de padres modernos: ¿Hasta qué punto hay que insistirle para que haga algo que quizás no quiere? Antes no era así, te mandaban a los cumpleaños y ya.

Lo convenzo y llegamos a la sala principal, en donde hay un esqueleto gigante. Pone una cara que no me la voy a olvidar nunca. Yo un poco le miento: cualquier esqueleto colgado por ahí lo hago pasar por el de un dinosaurio.

Me pregunto si Benito se dará cuenta.

Ultima noticia del día: leo que murió el Chapa Suñé.

Recuerdo cuando leí en El Gráfico una nota en la que Suñé hablaba de su intento de suicidio, en 1984 (yo tenía 4 años). Recuerdo las fotos: Suñé vestido con jeans y campera de jean (algo que me hacía ruido). Otra foto que mostraba el edificio desde donde se tiró y el toldo sobre el que cayó (y que le salvó la vida). Pero recuerdo, más que nada en el mundo, leer esa nota y no entender del todo qué era el suicidio, qué era la muerte, cómo era eso de intentar morirse a propósito. Busco en Google esas fotos del Chapa Suñé pero no las encuentro.

Viernes

Esta semana vi un capítulo de Chernobyl. No vi la de Monzón. Terminé Tiempo Muerto, de Margarita García Robayo. El 6 de mayo creamos un grupo de Whatsapp que se llama Lolita. Somos tres y fue creado para una lectura grupal del libro de Nabokov. Esta semana escribí: “Vamos a leer o qué? Empiezo este finde”. No me lo creo ni yo, pero sé que son las cosas que hace uno para seguir viviendo.